Sangre y cenizas (XV): ‘Blade’

El poder del cine le ha otorgado al personaje de Blade el rostro inseparable de Wesley Snipes, insuflando así más vida al personaje creado por Marv Wolfman y Gene Colan para un comic de Marvel.

Se trata de dampiro, mitad hombre mitad vampiro, que arrastra la maldición de la sed y la fuerza sobrenatural de los vampiros, pero es capaz de caminar bajo el sol al tiempo que conserva la mayor parte de su humanidad.

La película dirigida por Stephen Norrington nos cuenta dos historias que acaban por chocar de una forma violenta. Por un lado, los intentos de Blade de cazar a un vampiro violento e insubordinado respecto de las normas de los antiguos, Deacon Frost.

Por otra parte, y bastante más interesante, tenemos la obsesión del antagonista por rebuscar en el pasado oculto de su estirpe para traer a este mundo a La Magra, el dios de la sangre.

Blade puede presumir de tener uno de los arranques más potentes en cuanto a películas de este subgénero se refiere. Una fiesta de vampiros en un matadero convertido en discoteca recibe la visita de una incauta presa, mientras la sangre comienza a manar del sistema antiicendios. La música que suena de fondo, Confusion de New Order, se convirtió en una de las canciones más populares de aquella época (1998) y permitió que la escena lograra un nivel antológico.

La primera vez que vi la película tuve le sensación de que los vampiros podrían sustituirse por mercenarios humanos normales y corrientes sin ningún problema. Visionados posteriores me han permitido apreciar más algunos fragmentos, sobre todos lo que tienen que ver con la búsqueda de Deacon Frost (Stephen Dorff). Porque Blade no deja de ser un personaje lacónico, plano, invencible, donde el actor que lo interpreta hace lo que mejor sabe, repartir con una contudencia y fluidez envidiables, pero poco más.
El dampiro camina por la calle con chaleco antibalas y una espada colgada de la espalda sin que eso suponga ningún problema ni llame la atención de nadie y lucha contra los vampiros gracias a los ingenios creados por Whistler (Kris Kristofferson), un viejo que perdió a su familia a manos de estas criaturas y que enderezó el destino de Blade cuando lo encontró por las calles alimentándose de vagabundos. La experiencia que el guión le otorga a Whistler en la caza de vampiros es cuando menos excesiva (provocando frases como “una hora más y te habrías transformado” o “te queda un día, máximo dos” o que denomine a los vampiros “hominis nocturna”. ¿A qué responde esa pedantería y esa precisión casi clínica viniendo de un hombre que vive en un garaje? Nada en la película justifica ciertas cuestiones, como el hecho de que Whistler sepa traducir la lengua muerta de los vampiros (aunque explicarlo de algún modo habría dado un trasfondo interesante al personaje).
Blade por su parte logrará una aliada fundamental al rescatar a una mujer mordida por un vampiro. El riesgo que toma está justificado, pues le recuerda a su madre, también mordida cuando estaba embarazada de él, motivo por el que nació con su doble condición. Pero tan solo una escena refleja con contundencia el ansia de sangre que aqueja al protagonista, y cuando lo hace, consigue que veamos en él una bestia más allá de lo humano. Un recurso que habría enriquecido al personaje de haberse utilizado con acierto.
Por otro lado está Deacon Frost. Frente a la soberbia altiva de los antiguos, vampiros “pura sangre” que ya nacieron con esa condición, él propone con descaro romper el equilibrio entre hombres y vampiros, la discreción, y alzarse sobre los humanos, su ganado, como derecho de una raza evolutivamente superior. Mientras los antiguos se han apoltronado en su estatus, él se sumerge en los oscuros secretos del Libro de Erebus, que esconde los detalles de un ritual para convertirse en el dios vampiro (en una escena muy impactante). 
Por desgracia, a los antagonistas también les falta mucho para formar parte de una gran película. Se insiste en provocar que los vampiros gruñan como si fueran leopardos o que enseñen los colmillos ostentosamente a cada ocasión. Ridiculeces como la crema de protección solar ultrapotente que usan en una escena o esconderse bajo el casco de una moto para evitar el sol alcanza el ridículo. Por otro lado, un principio que debería ser obvio, y es que los antiguos vampiros son mucho más poderosos que los más jóvenes se pasa por alto, de tal manera que Deacon Frost logra una rendición vergonzosamente fácil por parte de los pura sangre que le ven como un advenedizo impuro.
Otros aspectos de trasfondo, como son los aspirantes a vampiros y las marcas de ganado que llevan tatuadas en su piel son una idea muy interesante. El problema es que esta producción está más orientada a ofrecer a un Punisher vampírico reparte leña y no tanto a un caza vampiros pendiente de evitar que su sed de sangre le domine. Mientras, los enemigos vampíricos tienen una misión clara, caer como moscas ante Snipes. Enemigos al peso en una historia donde el apartado místico podriá tener más relevancia y donde los antiguos deberían jugar un papel más digno.
El vampiro según… Blade (Spoiler).
*Origen. Los vampiros pura sangre nacieron vampiros, bien como primeros vampiros o como hijos de vampiros. La mordedura de uno de estos seres infecta a los humanos y los transforma en uno de ellos.
*Motivación. Pura supervivencia, saciar la sed de sangre y poder.
*Poder. Tienen una fuerza y rapidez sobrenaturales y capacidad de regeneración.
*Entorno. En esta película es totalmente urbano.
*Influencia. Preservan su mascarada comprando a todos los estamentos. Se valen de siervos reclutados con la promesa de ser transformados para llegar a todos los aspectos de la sociedad, de día y de noche.
*Debilidades. La luz solar les quema. La alergia al ajo y la plata puede resultarles mortales. La decapitación también es bastante efectiva.

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