‘También la lluvia’: Un vivo relato sobre el idealismo, la opresión y el miedo

Las críticas de Carlos Cuesta: También la lluvia

A las puertas de conocer si También la lluvia será o no la candidata española a los Oscar, llega a los cines españoles una película que reune en su reparto a uno de los buques insignia de nuestro cine, el omnipresente Luis Tosar; al popular y sobrevalorado Gael García Bernal y a dos figuras del cine en la dirección (Icíar Bollaín) y en el guión (Paul Laverty). Este equipo consigue llevar a buen puerto una película sobre el rodaje de una película, sobre la opresión, la resistencia ante la adversidad, la solidaridad ante el miedo y sobre la continua supervivencia de un sistema económico de desigualdades.
Cochabamba (Bolivia), año 2000. El equipo de rodaje de una película sobre el padre Bartolomé de las Casas, Cristóbal Colón, la conquista del nuevo mundo y la explotación indígena llega al país para contar la visión de todo este fenómeno de la mano un director idealista. Las complicaciones comenzarán ya en la cola del casting de extras cuando Daniel, un lugareño comprometido con la lucha de su pueblo contra la privatización del agua, exija que los productores cumplan su palabra de dar una oportunidad a todos los presentes, una verdadera multitud debido a la convocatoria de casting abierto.
El elemento emocional más importante de la película se manifestará en la forma en que los distintos personajes de la película reaccionan ante la opresión actual del pueblo sudamericano y cómo esa manera de actuar ante el mundo contrasta con los roles que esos actores interpretan en la película que están grabando, y que algunos se obstienen en defender con un idealismo militante en lo teórico pero frágil en lo práctico.
La forma en que la historia que se cuenta en la película dentro de la película se funde con el propio relato es fascinante y aunque se note un ramalazo de leyenda negra en el tono en que trata su visión de la opresión indígena, También la lluvia es una historia viva, emocionante, humana y bien interpretada.
En ella Costa (Luis Tosar) es el severo productor, obsesionado por acortar gastos, con escrúpulos a medias, que acaba siendo, de algún modo, Colón, con sus dudas y sus ansiedades, acuciado por el dilema de ser o no sensible a los hechos que pasan a su alrededor o continuar con un egoísmo que le ha llevado a ser un padre que no sabe nada de su hijo.
Karra Elejalde (simplemente fantástico) interpreta a Antón, que a su vez interpreta a Cristóbal Colón. Él también es hombre distanciado de su familia, bebedor, angustiado por la vida que encarnará al conquistado dándole un toque despiadado, pero que en la vida real será más compasivo, humano y valiente que aquellos que critican su visión de la opresión a los indígenas por parte de la corona de Castilla y Aragón.
Se trata de una película de diálogos fluidos y potentes y una interpretación de alto nivel gracias entre otros a Karra Elejalde y Luis Tosar, quienes imprimen a sus personajes un hondo carácter que se evidencia cuando ambos comparten una escena en la que ambos se sinceran sobre sus vidas más allá del rodaje.
Los personajes mostrarán la pasta de la que están hechos cuando las cosas se pongan realmente difíciles y evidencien su grado de compromiso con la denuncia que quieren contar en su película cuando la situación sea límite. Interesante aunque un tanto previsible es la evolución de Sebastián (Gael García Bernal), quien apostará por su película ante todo, ciego a una historia que en cierto modo vuelve a repetirse y que vuelve a cebarse con unos similares paganos.
Especial mención merece el personaje de Daniel, líder boliviano de la lucha contra la privatización y líder indígena en la película de Sebastián. La supervivencia es la clave con la que interpreta sus decisiones y su compromiso, el agua para el pueblo. “Hay más cosas que tu película”, le responderá al director, quien mide la importancia de su obra en la que escala de valores de quien tiene una vida alejada de la miseria. Carlos Aduviri encarna notablemente lo que se busca de él, el carácter que se le pretende a Atuey y el resto de la Sudamérica oprimida por los intereses empresariales.
Las dificultades y el miedo miden la pasta de la que están echos los hombres. Daniel se entromete con su historia en la visión del mundo idealista y relativamente cómoda de algunos de los personajes. Su situación avergüenza ahora, y avergüenza porque es el reflejo de un pasado que puede interpretarse tan severamente como se desee pero que no deja de ser brutal e inhumano en ocasiones y que es el pasado de nuestra nación. ¿Habríamos hecho algo distinto? ¿Haremos algo ahora que tenemos ocasión?

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