‘Biutiful’, del drama al exceso

Las críticas de David P. “Davicine”: Biutiful

Alejandro González Iñárritu sigue en esta película fusionando las grandes producciones “independientes” con los tours turísticos con los que nos deleita en sus  trabajos, pues hasta el momento nos ha llevado a Japón, Estados Unidos, Marruecos,… y ahora nos enseña un poco mejor lo que sucede en España, los problemas sociales que rodean a la sociedad actual y las dificultades para integrarse y conseguir trabajar.
De esta película debemos destacar que no nos ofrece lo que esperamos. Comenzamos a verla confiando en “disfrutar” con la historia de un hombre, un padre de familia, alguien que debe hacer de todo, dentro o fuera de la legalidad, para sacar adelante a sus hijos y sobrevivir en la época que le ha tocado vivir… pero no es así, lo que se nos muestra es el interior del mundo marginal, de la venta ilegal, de las fabricas clandestinas; historias que tienen más peso que el propio sinvivir del protagonista, y que nos intentan plasmar el dolor de la degradación humana a través de una alternancia de escenas emotivas, alegres, duras y sin porvenir. Quizás lo que debería haber sido una historia bien hilada sobre un hombre se ha transformado en la mera explotación del dolor ajeno, y ha pasado de ser una película a una crónica de sucesos.

Trasladar la acción a Barcelona podíamos hacernos pensar que estabamos ante otra historia de personas como la mostrada recientemente por Woody Allen, pero ambas películas sirven para contrastar las diferencias que se viven en la misma ciudad según tu estátus social y el barrio en el que vives. Aquí no vemos artistas, personas que disfrutan la vida y sus mayores problemas son los románticos. En Biutiful se nos muestra la crudeza de un barrio que dista mucho del mostrado por Allen.
Pero si algo sobresale por encima del resto es la crudeza de ciertas escenas, así como la historia que nos muestra, lo que hace difícil terminar de verla sin pensar en lo mal que está el mundo, en los problemas de la gente, y en cómo se puede cambiar algo… cosas lógicas que surgen cuando ves un documental o un programa de Callejeros, pero que choca cuando, ante una película con un gran director y un reparto encabezado por Javier Bardem, no piensas en si está bien rodada o en las actuaciones, no la ves como una película, perdiendo quizás el horizonte hacia el cual se dirigía cuando se rodó.
Los personajes y situaciones vividas reflejan la vida más cruel, y lo hacen a la perfección, pues han sabido contar con un reparto sin demasiados nombres conocidos a excepción de Bardem, que han aportado frescura y naturalidad a la película, pudiendo sentir como reales sus problemas, y generándonos cierta inquietud y malestar hacia lo que vemos. No quieren ponernos fáciles las cosas,  si la realidad es dura, los actores no pueden ser menos duros, e incluso generan ciertas situaciones más cercanas al cine de terror, debido a la  capacidad de médium que tiene Uxbal, el personaje de Bardem, lo que, en vez de chocar, incrementa la tensión de la película, pero ya sabemos que con Javier Bardem practicamente cualquier historia adquiere un toque de realismo por encima de lo habitual.
Ahora bien, todo lo dicho hasta ahora puede parecer que nos deja un buen sabor de boca, amargo pero bueno, aunque debemos ser realistas, como la película, y admitir que es demasiado larga, aguantar dos horas y media de sufrimiento humano, de mostrarnos tanta tristeza y opresión, satura al espectador, llegando a alejarnos del drama de la historia al intentar forzarnos a entrar dentro de ese mundo marginal. De hecho, parece que en ocasiones parodia la mala suerte y la marginalidad, pues es difícil que a una sola persona le pasen tantas cosas malas en tan poco tiempo
Una película que no dejará a nadie indiferente, dejandonos un cierto malestar ante lo poco que hacemos para mejorar nuestro mundo, aunque, a nuestro pesar, se hace demasiado pesada dada la duración de la misma y el exceso de pretensión en buscar el realismo extremo, lo que hace que pierda cierta narrativa.

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