55 SEMINCI: Sexta Jornada (I). ‘Sin retorno’, un thriller relajado

Las críticas de David P. “Davicine”: Sin retorno

Sin retorno es la opera prima del director y coguionista Miguel Cohan,  un thriller relajado que bien podría encasillarse como drama, donde la búsqueda de la verdad está en el centro de la historia.
En esta película se busca el sentimiento de unidad con el espectador, al narrar una historia que sucede con demasiada frecuencia en nuestros días, donde un joven muere atropellado en un accidente de tráfico y el culpable huye sin dejar rastro, sin dejar pruebas, y tan sólo el padre del joven, apoyado por los medios de comunicación, exige encontrar al responsable y llevarlo a la cárcel, pues la policía suele dar por periddos estos casos.
La trama se complica cuando una serie de acontecimientos fortuitos y una justicia contaminada por la opinión pública situan por error al hombre equivocado en el banquillo de los acusados. Todos ellos severan implicados en una lucha por la justicia, enfrentándose a la culpa, la  responsabilidad y la necesidad íntima de redención en una espiral que no tendrá retorno.

Para esta primera película, Cohan se ha rodeado de un reparto de lujo, encabezado por Leonardo Sbaraglia, la vasca Bárbara Goenaga y el gran Federico Luppi, pero, a pesar de la calidad de sus protagonistas, no logran transmitir las emociones ni la intensidad que una historia así requiere. Luppi, como padre desconsolado que busca venganza y que la verdad salga a la luz, no llega a hacernos sentir su miedo, su odio, su frustración ante lo que le ha tocado vivir, la pérdida de su hijo de manos de un conductor imprudente. Ahora bien, el conductor acusado injustamente, interpretado por Sbaraglia, tampoco logra hacernos sentir mal ante tal injusticia, no logra llenarnos de intensidad ante lo que le está sucediendo. Ni siquiera Goenaga, en la piel de la esposa del acusado, logra entender el comportamiento pausado de su marido ante la acusación, pero tampoco ella se altera por tal situación y confía que todo se resuelva, como si el problema fuera de otros. No podemos reprocharles nada narrativamente, ni siquiera en la técnica, pero no logran transmitirme nada.
En sí podrían haber hecho mucho más para que la película fuera más dramática, pero, en vez de eso, se convierte en un telefilm con un buen reparto que no logra ir más allá, bien por la falta de ritmo, bien por la falta de intensidad.
Al menos, no nos sorprende que Cohan realice un buen trabajo tras la cámara, pues ha sido ayudante de dirección en películas de renombre como El método o Kamchatka, pero falla en el momento de transmitir tensión, algo que nos coge por sorpresa pues el guión, escrito junto a su hermana Ana, podría haber dado mucho mmás de sí dada la naturaleza de la historia y las vidas paralelas repletas de dolor que nos presenta.
Ciertamente la película nos atrapa dentro de un dilema moral, pues nos obliga a plantearnos cómo reaccionaríamos dentro de las situaciones vividas por cada uno de los protagonistas, y ese es quizás su único punto fuerte, pues nos da la opción de ver como nos comportaríamos en el lugar de ese padre que busca justicia, e incluso ver que reacciones tendríamos ante una acusación injusta, por la que puede que tengamos que ir a prisión. 
Dudas que nos planteamos, interrogantes que se dejan desde un primer momento, pero que poco a poco se diluyen dentro de una historia sin demasiados altibajos, intentando ser tan real, tan creíble, que no nos da opción a pensar que puede suceder otra cosa de lo que pensamos. Quizás, y sólo quizás, el giro que la película toma al final de la misma ayuda a que la veamos como algo más imprevisible, y nos permite irnos cno un mejor sabor de boca.

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