55 SEMINCI: Quinta Jornada (I). ‘Bon appétit’ endulza nuestras vidas

Las críticas de David P. “Davicine”: Bon appétit

David Pinillos debuta en el mundo del largometraje con Bon Appétit, una historia realista y romántica, donde nos aleja de la perfección de muchos personajes que rondan por este tipo de género para presentarnos a Daniel, un joven y ambicioso chef español, que acaba de conseguir ver cumplido su sueño: una plaza en un prestigioso restaurante de Zúrich, pero que, a diferencia de lo que se ve en las películas, no es perfecto.
Con este relato de personajes imperfectos el director nos muestra las relaciones que entabla en su nuevo puesto de trabajo, los temores y problemas que cada uno de ellos debe afrontar a diario, tanto en su vida personal como profesional y, donde más fallan, en su vida sentimental. Daniel deberá aprender a escoger las prioridades, y así elegir entre seguir por la senda del éxito profesional o arriesgarse y luchar por la chica que ama.

Como base para la película se ha empleado un argumento de moda, la cocina, con todas las tendencias actuales de comida minimalista, con cocineros de mucha reputación y bien valorados que tienen en sus restaurantes la máxima expresión de la vanguardia, aunque quizás peca de típica al incorporar el clásico lío sentimental dentro del lugar de trabajo, donde también aparece clásico joven e inexperto novato que demuestra, con sus ganas de superarse, que es mejor que nadie. Ahora bien, aunque suene tan típico el argumento, la narración y el ritmo estan perfectamente sincronizados, siendo altamente recomendable para todos aquellos que disfrutan leyendo un libro donde en cada página encuentra un destello de genialidad. No es necesario un guión excesivamente original para encontrar una película elegante y sobria, que además, según evolucionan los personajes, se alejan de las reacciones que esperamos de ellos.
El director, David Pinillos, ha sabido aprender de grandes cineastas como Alex de la Iglesia y Daniel Sánchez Arévalo, de quienes ha sido montador durante mucho tiempo, y ha logrado unir a la perfección diferentes géneros en una película difícil de definir. Podríamos decir que es un drama romántico, pues los sentimientos son muy importantes, y no siempre dan alegrías, pero nos quedaríamos cortos. También tiene toques de comedia, pero no las clásicas comedias españolas, sino una comedia europea sazonada de buen gusto. E incluso podríamos encasillarla como road movie, dadas las peripecias en la carretera que nuestros protagonistas viven. Todos esos géneros podrían englobar a la película, pero es la película la que los abarca a todos.
Y es que Pinillos, gracias a su trabajo anterior como montador, logra acertar con el montaje en el que combina el frenético ritmo laboral de los jovenes y prometedores protagonistas con la dificultad para salir adelante en un mundo donde debes destacar entre la gente pudiente para hacerte un hueco, todo ello aderezado con la melancolía justa.
De esta forma, es interesante encontrarnos con una película española que planta cara perfectamente a las comedias europeas, pero realmente esta película ha nacido con esa finalidad, pues se trata de una coproducción y de ahí la gran variedad de nacionalidades que nos encontramos en su reparto, así como el idioma de la misma, pues está rodada en inglés en su mayor parte, chocando con lo bien que hablan todos ese idioma en Zurich, y visitando otras ciudades, como Bilbao y Munich, dando la sensación de gran producción, que si no lo es por presupuesto lo es por calidad.
En lo que corresponde al citado reparto internacional debemos destacar a sua tres protagonistas principales, Unax Ugalde, el italiano Guilio Berruti y la alemana Nora Tschirner, quien ya nos cautivó con su sonrisa en la comedia romántica alemana Un conejo sin orejas, y que tiene escenas muy logradas y emotivas. Todos ellos nos transmiten sus temores, sus sentimientos y, sobre todo, sus ganas por vivir, dentro de lo que podríamos definir como mundillo indie. Eso sí, Ugalde ya se ha abierto las puertas para el cine europeo y es uno de los valores más imporatantes que ha dado la cantera del cine español, como lo es Tschirner para su país.
Y que sería de una película que busque tocarnos el corazón sin una gran banda sonora que nos acompañe y emocione… pues en ese punto logra una selección de canciones muy bien medida, que aportan la emotividad necesaria a las secuencias sin llegar a empalagar pero si endulzar.
Bon appétit es una película repleta de sentimientos, de emociones, que nos hará pensar mucho en nuestra propia vida y lo que esperamos de ella, y que abre la puerta a David Pinillos para que siga demostrando su saber hacer en el mundo de la dirección, pues ha sido capaz de mostrar una historia de amor personal y atípica, que nos recuerda a la Coixet menos española, que no enseña nada nuevo, pero si que aporta buenos momentos.

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