55 SEMINCI: Cuarta Jornada (I). Crítica de ‘Picco’. Violencia que nos deja sin aliento

Las críticas de David P. “Davicine“: Picco

El alemán Philip Koch debuta en la dirección de largometrajes con Picco, una historia basada en hechos reales donde busca reflejar la dura realidad de los centros penitenciarios para delincuentes juveniles.
La historia, centrada como es obvio en los jovenes allí encerrados, sigue la evolución del día a día de uno de ellos, Kevin, quien acaba de ingresar, y debido al alto número de internos, tiene que compartir celda con otros tres jovenes, Tommy, Andy y Marc. A través de los ojos de Kevin nos descubre todo lo que allí sucede, los miedos e incertidumbres que asolan sus celdas cada noche, la necesidad de ser más fuerte cada día si no quieres quedarte en el camino, y las alianzas que deben crearse entre desconocidos, cada uno con sus delitos a las espaldas, para poder sobrevivir en un mundo en el que solo prevalecen los fuertes y en el que imperan la violencia y la agresión soterrada.
El director refleja con gran crudeza una de las leyes que hay que cumplir para sobrevivir en este sistema: sólo puedes ser víctima o culpable. Una ley que bien podría aplicarse a la realidad de cada uno, pero que dentro de un sistema penitenciario, rodeado de personas que no tienen nada que perder, tienes que tener muy claro que ser víctima es estar muerto, y ser culpable es aguantar otro día más.

El joven Constantin von Jascheroff, en el papel de Kevin, dota a la cinta de realismo, con una interpretación muy buena, evolucionando con el personaje, mostrando como se ha de endurecer una persona para sobrevivir, pero que en su interior sigue teniendo los mismo temores de un joven que aún desea ser querido por alguien.
En cada escena, en cada fotograma, nos muestran una ira impresionante, mostrando secuencias de violencia explícita con agresiones y abusos de todo tipo, sin miramientos, pues pretende que entendamos perfectamente lo que allí está pasando, y obviar estos detalles sería cerrar los ojos a la realidad, aunque no por ello el director quiere dar soluciones, ni lo intenta, simplemente es una muestra cinematográfica de lo que bien podría haber sido rodado con cámara en mano y a modo de documental en el interior de una celda, aunque, eso sí, sin tantos detalles personales, sin conocer los motivos por los que cada uno se siente reprimido, ni por lo que necesitan mostrar tal agresividad.
Queda claro que el director tiene un futuro prometedor pues es capaz, en tan sólo una localización, el centro penitenciario, y sin salir de las cuatro pareces que encierran a los jovenes, de llenar  una película donde deseamos que termine la agonía de algunos de los reclusos, bien a pie, bien enterrados.
Peleas, enfrentamientos, crimenes, violencia y sangre envuelven la película en un contexto salvaje, sin concesiones, que logra mostrar la cruda realidad, sin tapujos, poniendo el dedo en la yaga, y mostrando las carencias que existen en la educación juvenil en Alemania.
El objetivo de la película, que era, desde un principio, que nadie saliera indiferente tras su visionado, ha sido logrado con creces, pues la cantidad ingente de escenas que te ponen el corazón en un puño son más que sificientes para que, al menos, durante un buen tiempo, nos planteemos que está fallando en el sistema para que se llegue a esas situaciones. Si cogemos la violencia de Funny Games y la contundencia de Un profeta, con una buena dosis de polémica, tenemos la gran apuesta del cine alemán actual.

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