‘Salt’: Acción pretenciosa al servicio de Jolie

Las críticas de Carlos Cuesta: Salt

Salt nos cuenta parte de la vida de una agente de la CIA, Evelyn Salt, interpretada por Angelina Jolie, casada con un hombre alemán experto en arañas del que se enamoró en una de sus misiones en Corea del Norte. La aparición de un agente soviético que acude a la CIA y sostiene que la protagonista es una espía rusa le pondrá contra las cuerdas y le obligará a escapar.


Con este punto de arranque, la acción nos lleva a la búsqueda de la agente que asegura que le han tendido una trampa, y cuyos movimientos pueden estar encaminados tanto a proteger la vida de su marido como a, efectivamente, cumplir la posible misión de matar al presidente ruso, de viaje en Estados Unidos como asistente a un funeral. La duda de su verdadero objetivo es un pequeño aliciente de una película que no es original en casi nada.

Salt tiene a su favor el punto de contar con Angelina Jolie para atraer al público y hacer caja pero poco más. Todo la acción está a su servicio y ninguno de los personajes que aparecen tienen un peso específico igualable al de Salt, lo que deja toda la producción en total desequilibrio. Ni Liev Schreiber como compañero y perseguidor, ni Chiwetel Ejiofor en la misma tarea, ni Daniel Olbrychski como agente soviético, ni August Diehl en el papel de marido de Salt tienen actuaciones magníficas ni posibilidad de ello. Y no digamos nada de la cara de paisaje de Hunt Block como presidente de los Estados Unidos. Un guión de sota, caballo y rey con diálogos pobres y escenas de acción al uso no consiguen levantarnos del asiento, ni apenas motivarnos.

Tan sólo dos escenas de acción, cuyo contenido no puedo desvelar para no estropear el suspense de la película, consiguen cierto interés, pero se diluyen en una historia monótona y gris sobre fastuosos planes ocultos para resucitar la guerra fría. Quizá sea un poco cruel, pero alguien en el cine definió la película de la siguiente manera: “Con esta película, en Antena 3, con los anuncios y tal, echas la tarde”.

Esta frase la suscribo porque la película te entretiene durante algo más de hora y media, pero arranca con varias huidas difíciles de creer y se sustenta en una relación entre Salt y su marido inverosímil y difícilmente justificable (que se pretende ambientar con rídiculos flasback que no hacen sino entorpecer el desarrollo de la persecución). Salt quizá habría sido muy distinta, y a mi juicio, mejor, si se hubieran molestado en modelar más el papel del marido, en hacer algo por conocer el carácter de los perseguidores, o cambiando las intenciones de Salt; intenciones que no os contaré para mantener un suspense imprescindible para poder ver la película con un poquito de emoción.

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