‘Toy Story 3’: Un final a lo grande

Las críticas de David P. “Davicine”: Toy Story 3

Antes debo matizar que siempre he pensado que toda buena saga tiene que constar de tres partes. Ejemplos los hemos visto en Piratas del Caribe, que como primera trilogía ha sido fantástica, y miedo nos dá pensar en más, o El Señor de los Anillos, una trilogía espectacular que ha pasado a la historia de las adaptaciones cinematográficas… e incluso La guerra de las Galaxias, cuya primera trilogía forma parte del séptimo arte, y la segunda demostró que con más de tres películas no se pueden hacer cosas dignas. Aunque hay casos en los que se puede poner remedio, y si te pasas con más de tres partes, hay que arreglarlo, como en Batman, que tuvieron que hacer un reinicio de la saga para arreglar el destrozo, comenzando a numerar desde 0 (que no desde uno), o Spider-Man, que también va a vivir la experiencia del reinicio.

Todo esto lo debía saber John Lasseter, y por ese motivo ha decidido realizar esta tercera parte, que concluye una etapa dorada de Pixar, con los personajes más relevantes del estudio, tal y como puedan serlo Mickey y Donald para Disney. Y como estos personajes eran tan importantes, ha realizado, bajo la atenta dirección de Lee Unkrich, una película que está a la altura de sus predecesoras y, si se me permite decirlo, a la altura del nombre del estudio, Pixar, pues logra mantener el alto listón que se han puesto en calidad, emotividad, animación y entretenimiento… y esa es la palabra clave: Entretenimiento, pues la película es, ante todo, un entretenimiento con E mayúscula.

Toy Story ha evolucionado acorde evolucionaban sus protagonistas, pues, aunque un juguete no puede envejecer, si pasa el tiempo para él, a la par que madura su dueño, Andy en este caso, que ya tiene edad para ir a la Universidad y se plantea que hacer con sus juguetes favoritos: tirarlos, guardarlos en el desván, llevarselos con él o donarlos… y aquí es donde comienza todo, pues mientras que Woody quiere respetar la decisión de Andy, el resto de juguetes prefieren seguir siendo usados, aunque sea por desconocidos, pero las cosas no serán tan bonitas como se las imaginaban.

Podríamos decir que la película arranca en este punto, y que podría haber sido la más emotiva de Pixar, por encima del dramático inicio de Buscando a Nemo o las reflexiones trascendentales del “maduro” protagonista de Up. Una película que, siendo una despedida, no hubiera sorprendido llorar en ella., pero han sabido manejar la situación y lograr una trepidante historia en la que hay hueco para la emotividad pero no para las lágrimas, pues la acción, el humor y el frenético ritmo de la cinta no nos dejan tiempo ni para respirar. Trepidante e intensa como La gran evasión, con un toque siniestro similar al visto en Monstruos SA, aderezado con un toque de Wall-E permiten, ante todo, que los típicos guiños cinéfilos que ofrecen siempre en Pixar en esta ocasión hayan recaído sobre sus propias películas, pues nos encontramos muchas situaciones y personajes que nos recuerdan, y mucho, a anteriores títulos del estudio, algo lógico pues ellos mismos forman parte del séptimo arte, y con meritos propios.

Eso sí, como es típico en una buena secuela, siempre nos las venden como películas con más acción que las anteriores, o con más humor que las predecesoras… y aquí, como no podía ser menos, tienen que añadir más muñecos que los vistos hasta ahora… pero eso no quita que los definan a la perfección. Si algo caracteriza a Pixar es su gran habilidad por dotar de carisma y personalidad propia a sus personajes, algo normal teniendo en cuenta que antes de animar a cualquier ser diseñado sobre el papel analizan que mueve a ese personaje a vivir, al objeto en el que se basa, y de esa forma sacan sus ilusiones, sus tristezas, es decir, lo que  realmente da sentido a la existencia de ese ser, aunque sea un coche, una botella o un simple muñeco de trapo. De esta forma, en cada uno de los nuevos personajes que han creado han sabido dar un toque personal y carismático que te haga sentir ganas de llevartelo a tu casa bajo el brazo. Desde el nuevo teléfono con ruedas hasta el anciano oso, pasando por el puercoespín shakespeariano… todos ellos han sido capaces de recibir una buena dosis de humanidad, aunque hay personajes que destacan sobre otros como Ken, el compañero de Barbie, que bien podría haber sido interpretado por Zoolander y lucha por mantenerse firme ante las críticas y comentarios de sus compañeros juguetes que le acusan de ser un mero complemento de un juguete para niñas. Pero eso sí, aunque con poco tiempo en pantalla, disfruté como un niño con la presencia del peluche de Totoro, el gran personaje y buque insignia del Studio Ghibli, que dada la buena relación de Lasseter con Miyazaki ha podido aparecer, y seguro que hace las delicias de los fans del personaje.

Por último, no nos podemos olvidar de citar el cortometraje animado previo a la película, Día y Noche, que realmente es necesario verlo en 3D para disfrutarlo plenamente, una idea original y sencilla pero llevada a cabo con gran creatividad y sentimiento, donde muestran hasta donde puede llevarnos el 3D en el cine, y que  combina a la perfección el 3D con unos seres animados en 2D, cautivándonos como lo ha hecho   muchos de nosotros las películas mudas de Chaplin.

Por lo que con Toy Story 3 ha quedado claro que Pixar no baja el nivel de calidad de sus producciones aunque se trate de una secuela, saben lograr grandes guiones, grandes situaciones y grandes personajes (o pequeños, pues son juguetes), y, ante todo, también saben adaptarse a las nuevas tecnologías,  pues han preparado esta película para el 3D pero sin la necesidad de alardear con secuencias increíbles en las que nos tengamos que apartar de la pantalla por miedo a recibir un impacto, sino que han usado el 3D para dotar de profundidad a  la película, un 3D que pasa desapercibido, no por no estar, sino por estar tan integrado en la película que lo ves con naturalidad, lo que es de agradecer, al no cansar al espectador con demasiados recursos y artilúgios visuales que nos cansen la vista.

Nuestra recomendación: verla en familia, verla sólo, verla con la novia, verla con los amigos… verla las veces que haga falta, pues no te aburrirás. Una película trepidante y emotiva que te engancha de principio a fin… y lástima que sea el fin. Pocas veces una saga se cierra con una sonrisa y tanta ilusión.

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