‘El retrato de Dorian Gray’: El miedo y la corrupción en el desván de nuestras almas

Las críticas de Carlos Cuesta: El retrato de Dorian Gray

Hacía mucho desde la última vez que salí del cine sintiéndome a gusto con el dinero que me había gastado. Con El retrato de Dorian Gray tuve que digerir primero lo que había visto para poder explicarlo, porque marché a casa con una sensación general de conmoción que tan sólo pude definir, al levantarme de la butaca, como inquietud, e incluso como una clase instintiva de miedo. La película no es sino una buena adaptación más de un clásico de la literatura que se aprovecha de la calidad de éste para tener gran parte del camino hecho. Esto a veces no es suficiente, pero en este caso el filme logra unir sus partes de una manera adecuada para conseguir, como poco, un resultado convicente y grato.

Sin duda la película juega una baza efectista. La incertidumbre, el desasosiego, la fascinación visual se hacen con los sentidos del espectador y le cautivan, desactivando de alguna forma la consciencia. Quizá El retrato de Dorian Grey no soporte un segundo visionado que sacara a la luz sus miserias, que las tiene, en algunos casos en el montaje, pero por lo que a mí respecta, logra mantener mi atención al cien por cien desde el principio y hasta el final, y también me entretiene, e incluso me asusta, me incomoda y me hace pensar.

El principal motivo es la historia. Universal, clásica y poderosa. Oscar Wilde es quien es y su relato ya era popular y atrayente antes de que nadie lo llevara a la gran pantalla o al teatro. Es una historia, de puro manual, que trata motivaciones que serán vigentes ahora y cuando acabe el mundo. Plantean una situación inicial condicionada por unos trasfondos interesantes, incluyen una decisión y la consecuencias de la misma en torno a temas tan sugerentes y actuales como la juventud, el deseo de serlo eternamente, el culto al cuerpo, la corrupción del alma y la depravación.

Dorian Gray es un joven que regresa al Londres victoriano tras la muerte de su abuelo, un hombre de carácter tiránico que lo maltrató brutalmente de niño y que siempre le culpó por la muerte de su madre durante el parto. Cautivado por los placeres a su alcance debido a su fortuna recién heredada, se moverá por la línea peligrosa del gozo y el exceso, hasta el punto de vender su alma al diablo para conservar su juventud y su belleza. El fantátisco retrato de sí mismo sobre el que firma ese pacto sin saberlo de forma inconsciente envejecerá en vez de su dueño y será el reflejo de su aspecto real y del interior de su propia alma.

Los personajes son magníficos y los actores que los interpretan están fantásticamente escogidos. Ben Barnes desfila como guaperas actor de moda y al tiempo que acerca el clásico al público joven actual da un paso importantísimo en su carrera con una interpretación que, no siendo sensacional, me temo que está bastante lastrada para el público español debido al doblaje. Su aspecto le hace idóneo para el papel. Su rostro va cambiando desde la más enternecedora ingenuidad hasta la más dura crueldad, pasando por el miedo, el desasosiego, el arrepentimiento, el abandono, el desprecio, la culpa y la desesperación.

La evolución de Dorian Gray desde su inicio angelical hasta el colmo de la depravación está gratamente conseguida en una película en la que la influencia de los personajes secundarios es crucial y se hace notar en las excelentes interpretaciones de Colin Firth, que representa el hedonismo, el cinismo, la demagogia y la falta de moral encarnadas en Lord Henry Wotton, mientras Ben Chaplin, también increíble en el papel de Basil, el pintor del retrato, trata de impedir que la influencia del primero corrompa el espíritu de Dorian Gray.

La banda sonora es el complemento ideal a una puesta en escena deslumbrante, a una fotografía y unos decorados que nos trasportan al escenario de historias clásicas que inquietan y asustan porque ocurren dentro y nos devoran desde el alma. Muy alejada de la obviedad del terror actual de machete y víscera, El Retrato de Dorian Gray fascina porque es una historia en la que a los personajes les pasan cosas muy adentro y no son para nada el personaje que fueron al principio, y tampoco lo es el espectador.

Esta película acierta cuando sugiere más que muestra, cuando nos deja al borde de la asfixia o nos hace estremecer al trasladarnos la lucha interna que el personaje tiene con su propia alma y que tiene un vínculo físico en el cuadro, que cobra vida y se convierte en un personaje más, mudo pero susurrante, escondido en un desván que es metáfora de nuestro propio subconsciente profundo. Se equivoca la película cuando juega al susto fácil, llegando casi a caer en el ridículo, cayendo en realidad en una ocasión, cuando pretende asustar al espectador con un truco fácil del típico vídeo viral que te llega al correo del estilo de “concéntrate que cuando lo estés del todo voy y te pego una voz”. El resto del tiempo, el cuadro, su presencia y la actitud del personaje hacia él son elementos conmovedores y terroríficos.

Estamos ante un título altamente recomendable, aunque una vez más no estemos ante una historia original, sino una adaptación que pueda dejar, quizá, indiferente a aquellos que ya hayan leído el libro. Bajo la historia contada con palabras concretas yace un duelo moral y de voluntad complejo que nos obliga a preguntarnos si el pasado empuja a algunos y sin remedio hacia el desastre y sólo se tiene una oportunidad, remota y vertiginosa, de escapar a un destino fatal, incluso a las puertas de nuestra propia condenación.

Aquellos que no vean un dilema en la situación del personaje, los que no estén dispuestos a consentirle un poco de comprensión o compasión a Dorian Gray, o los que no entren en el juego de permitirle algo de misericordia al cruel y le juzguen sólo por sus actos, puede que no sean capaces de disfrutarla. Quizá no puedan entender que hay Alguien que destruya el alma de algún necio para que los demás se fijen y no corran, por error, la misma suerte. Quizá, simplemente, es que existen personas viles y malvadas vestidas de mentiras, adornos y excusas tan hermosas que se ganan, inmerecidamente, nuestra admiración y fascinación más profundas.

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Un comentario sobre “‘El retrato de Dorian Gray’: El miedo y la corrupción en el desván de nuestras almas

  • el 15 junio, 2010 a las 06:23
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    wow, yo no lo hubiese explicado mejor, estoy totalmente de acuerdo contigo, la vi el sabado y no decepciono, tambien es verdad que el doblaje de Barnes en español le resta interepretación pero llego un momento que dije, jo q psicopata, no veia a un actor, veia a Dorian, hay escenas en las que su expresiones faciales, corporales, dialogo, todo estaba bastante bien en concordancia.
    Y Firth, bueno, magnifico, como el libro, totalmente, diabolico.
    Y concuerdo con la musica es perfecta, los decorados, la luz, cuando Dorian esta en sociedad todo es mas brillante para cuando esta en su "mundo oscuro" es todo mas oscuro, jajaja. y la ropa tambien muy bien escojida, al principio viste con colores mas suaves y brillantes y cuando vuelve utilizan marrones y azul oscuro, como a una persona major.
    Hay una escena, en la que el esta vestido en un perfecto traje blanco, como si fuera puro, y esá en un salón, en sociedad, tomando té y tostadas de mermelada y mezclan esta escena con otras en su actitud depravante, esta combinación fue estupenda para retratar las dos caras y la sociedad. Y bueno suma y sigue, los mensajes estan hay, el libro me lo he leido dos veces y pensar te hace pensar. La recomiendo. Saludos.

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