‘Shutter Island’, la angustia de la mente llevada a la pantalla

Las críticas de Carlos Cuesta: Shutter Island.


Llevo dos días preguntándome si Shutter Island me ha gustado o no, y eso, me temo, no puede ser bueno. Iba alerta porque, me avisaban, es una película que no encaja con un público que espera sólo lo habitual, un sota, caballo y rey que se suele decir. Eso no me suponía un problema, de hecho cuando uno va al cine debe estar abierto a que le sorprendan, incluso con los precios, para bien o para mal.

Shutter Island nos cuenta la historia de un agente judicial que acude a una institución mental para delincuentes de la que ha desaparecido uno de ellos. El lugar es un centro ubicado en una isla de la que apenas existe escapatoria, salvo a través de un ferry controlado por la dirección del sanatorio.

Desde el primer momento tanto el agente Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) como su compañero Check Aule (Mark Ruffalo) encontrarán todo tipo de restricciones y trabas por parte de los responsables del hospital Ashecliffe. De hecho, Daniels creerá reconocer en ellos los métodos y maneras propios de los nazis a los que tanto desprecia desde que pudo participar, como soldado, en la liberación de presos de un campo de exterminio.

En este opresivo entorno, los agentes seguirán una pista dejada por la interna desaparecida que da a entender que hay un paciente más de lo que el hospital está dispuesto a admitir. Así comenzará una pesada y penosa investigación para, además, averiguar quién es el paciente número 67, dónde puede ocultarse y si son los propios responsables de Ashecliffe los que ocultan algo más.

La trama se complicará aún más para el espectador cuando descubra que Daniels tiene sus propios motivos personales para estar allí más allá de la investigación, y comiencen a aflorar nuevas sospechas sobre el máximo responsable de Ashecliffe el Doctor Cawley (Ben Kingsley), el personal del centro y sobre su propio compañero. Cuando el agente comience a sufrir alucinaciones sobre el triste fallecimiento de su esposa, ni siquiera podrá confiar en su propia mente.

Casi todas estas premisas son las que tiene el espectador que haya visto el trailer de Shutter Island. Estos son en gran medida los elementos de juicio que tiene el público para decidir si entra en esta sala o en la otra. Yo lo había visto varias veces en las salas y os juro que cada vez que lo veía pensaba: “Tengo que descubrir qué misterio oculta el hospital de Ashcliffe”. De nuevo, me vuelvo a casa un tanto decepcionado y, sin embargo, me gustaría contaros por qué y qué es lo que me he parecido reseñable de esta producción de Scorsese.

El arranque de la película es complejo en cuanto al montaje, la inserción de los flasback parece abrupta y la sensación que le deja a uno es sobre todo de extrañeza. Pasada la primera media hora uno se da cuenta de que esa composición no puede estar dejada a la azar, sino que trata de romper el punto de equilibrio que al espectador le queda en la realidad, nos acerca al caos que puebla la institución mental y a la mente de sus reclusos; al orden diferente tras unos muros gobernados con mano férrea por unos personajes encarnados principalmente por Ben Kingsley y Max Von Sydow, tan crispantes como cabría esperar, que harán saltar chispas con los agentes. Aquella es su institución, y toda autoridad ajena les parece intromisión.

Algunas escenas y recuerdos nos dan a entender, con una brillante factura visual, que Daniels no está tan mentalmente equilibrado como parece. Episodios vividos en la II Guerra Mundial y la muerte de su esposa en violentas circunstancias le anclan al pasado e hipotecan su vida presente. Estos elementos los maneja con eficacia un Leonardo Di Caprio que, por primera vez, parece el personaje que interpreta y no un reflejo de sí mismo con más o menos barba. DiCaprio nos muestra un personaje creíble que nos ayuda a entrar en la acción y nos permite creernos lo que pasa ante nosotros. Es para mí, su mejor interpretación hasta el momento.

A partir de ahí, todo es un continuo tobogán, la paranoia se instala en la acción, en el espectador, en los personajes y en sus mentes. La atmósfera buscada está lograda. Estamos en Ashcliffe y sólo queremos escapar o descubrir la verdad. La frontera entre la cordura y la razón se desdibuja de una forma ciertamente apasionante.

¿Y entonces por qué no sé si me gusta Shutter Island? ¿Es porque la angustia de la escena llega a tal punto que no deja disfrutar? ¿Es por qué clímax tras clímax tras clímax llega a un punto en el que la única lógica es la culminación, pero ésta no acaba de llegar? ¿Quizá sea el metraje excesivo? ¿Los cambios bruscos de etalonaje impiden la credibilidad definitiva, una continuidad en la escena?

El etalonaje. Quiero pensar que lo que les hablo es un problema de la sala, y no de todas las copias de Shutter Island, un cambio en la coloración de la película totalmente distinta en diferentes partes de la película, de repente y sin un desencadenante. Quiero también pensar que los grotescos cromas están hechos así adrede, que Scorsese lo sabe, porque uno no puede pensar que ciertos planos con croma se hagan así de falsos y ridículos por falta de medios, y si es por racanería es para echarse las manos a la cabeza y no volver al cine.

Y luego la angustia, ay la angustia. Un profesor mío decía que en una conferencia uno sabe que debe ir terminando cuando ve cómo su auditorio empieza a remover el culo en la silla. Era realmente desalentador ver a toda la fila del cine sentada como viendo la televisión, con los codos en las rodillas, o despatarringados al borde del sueño, o mirando a los lados para comprobar si había demasiados personas que nos obstaculicen la salida. De esta experiencia concluyo que el metraje más que notable de dos horas y cuarto pasadas es un error. O es un error buscar en exceso la angustia del espectador porque al final lo consigues para, al final, contarle al espectador lo que ya él sólo ha podido averiguar en los cinco primeros minutos a pocas películas que haya visto.

Decía que Shutter Island no era una película fácil, no era de sota, caballo y rey, pero creo que en el cine es un error buscar la forma más difícil de volver a hacer otra vez lo mismo.

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9 comentarios sobre “‘Shutter Island’, la angustia de la mente llevada a la pantalla

  • el 1 marzo, 2010 a las 17:03
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    Este comentario lo pongo tanto en mi crítica como en la suya. David habla de cambios de tonos fríos a tonos cálidos en consonancia con la acción. Es un recurso muy correcto y muy bien utilizado. ¿Pero de veras no has visto los cambios, de pronto, en medio de la escena, sin flashback ni nada, a una imagen superverdosa? En la sala donde yo la vi, las personas con las que fui se quedaron flipadas con esto.

    Coincido con el tema de las intepretaciones y la creación de una atmósfera opresiva totalmente creíble.

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  • el 1 marzo, 2010 a las 17:26
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    Yo no ví ninguna imagen superverdosa en la película, cuya fotografía me pareció magnífica, toda ella. Algún fallo de proyección, supongo. Era una sala con proyección digital??

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  • el 1 marzo, 2010 a las 20:32
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    Yo la v.i en los Lauren Cinemas de Viladecans (Barcelona)

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  • el 2 marzo, 2010 a las 07:54
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    Para concluir el tema verdoso, diré que lo vi en Cine Cité de Zaratán (Valladolid), y ya me ha pasado en otra ocasión. Completo por tanto la crítica diciendo entonces que no hay tal problema de etalonaje, y sí un problema de proyección que, quizá, los responsables del cine deberían contemplar.

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  • el 23 marzo, 2010 a las 11:21
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    Buenas,quería dejar constancia que los cambios en el croma y tonalidad aparecen en todas las copias de la película. A priori pensé que era un defecto de raccord pero luego repasando mentalmente creo que está hecho adrede, por la lógica visula de la película.
    Un saludo.
    Gran blog.

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