Sangre y cenizas (VII). ‘El ansia’

El cine vuelve a beber de la literatura en una interesante producción que llegó al cine en 1983 de la mano de Tony Scott. Una película de su tiempo, influenciada por lo electrónico y con un claro toque decadente. Se trata de El ansia, adaptación de la novela homónima de Whitley Strieber, de la que he quedado bastante interesado pues, como suele ocurrir, confío en que el texto responda a algunas de las preguntas que la película no me ha llegado a explicar, o que simplemente no quiere responder para ahondar en el misterio, o en la ambigüedad egoísta que empapa esta producción.

El ansia nos da lo que promete el título, una historia intensa y agobiante sobre la sed y la angustia vital. Es una película que se ve y que da gusto ver por su fotografía, por sus actores y por su composición, pero es una película en la que es muy importante escuchar. La banda sonora, las interpretaciones musicales instrumentales de los actores y los efectos sonoros son una parte trascendente de la película, un tanto irritante por momentos, y quizá sea ese el propósito.

Creo que la película es un interesante ejercicio experimental, una película diferente de vampiros, que se centra más en el desasosiego que en la acción o la violencia propiamente dicha, que pasa por transmitir sensaciones, experiencias y fragmentos audiovisuales de un relato escrito difícilmente abarcable en una obra cinematográfica. Por eso ha escogido la faceta del desasosiego de los personajes, su sed particular y ha hecho zoom sobre ella para mostrarlo en un formato que a muchos se les puede antojar difícil de ver, pero que aporta nuevas visiones de un género habitualmente centrado en la confrontación física, en las escenas de acción, y poco en la psicológico.

La historia de la vampiresa Miriam Blaylock (Catherine Deneuve) siempre ha sido una lucha interna por sobrellevar la angustia de la vida eterna. Se desconoce, al menos en la película, si nació como un vampiro, pero algo la diferencia de los vampiros a los que crea para acompañarla en su inmortalidad: ella es eternamente joven y desdichada, pero sus amantes permanecen jóvenes durante décadas o siglos para, en un momento dado, comenzar a envejecer con una rapidez sorprendente, sin llegar a morir, condenados a una permanente decrepitud física.

La investigación de la doctora Sarah Roberts (Susan Sarandon) tiene mucho que ver con esta cuestión. Sus estudios sobre el envejecimiento prematuro le han permitido comprobar que el reloj vital es manipulable y su conocimiento puede quizás permitirla llegar a conseguir, por qué no, la eterna juventud. John Blaylock, el actual marido de Miriam, será el enlace entre ambos. Cuando John (David Bowie) comience a sufrir trastornos del sueño y a envejecer de forma extrema, se verá intrigado por las publicaciones y los mediáticos estudios de la doctora Roberts y acudirá a ella para pedir ayuda.

En un primer momento, la doctora le tomará por un lunático pero al comprobar que sufre un extraño trastorno tratará de contactar con él. Será demasiado tarde, pero pronto caerá en las redes de una manipuladora y egoísta criatura que hará de ella su amante y tratará de hacerla su compañera para la eternidad. ¿Para la eternidad esta vez?

La relación entre ellas dará lugar a escenas de gran sensualidad en las que tendrá lugar el ritual de transformación de la doctora Roberts, lo que le acercará a la inmortalidad más de lo que cualquier experimento que ella tuviera pensado.

Ya desde la primera escena nos encontraremos con una película intensa, densa, que apabulla nuestros sentidos tanto por la música como por los potentes efectos sonoros y la fuerza de sus imágenes. La película tiene un montaje conceptual donde la mezcla del tiempo pasado y futuro, el recuerdo y lo presente conexionado por la música hace de El ansia una película nostálgica, invasiva y exigente en lo que nuestra atención se refiere.

El ansia se mueve por la fina línea que separa la maestría experimental de la pedantería aburrida, y quizá pisa en este segundo lado alguna que otra vez, pero nos deja secuencias fantásticas, como el arranque en el que los vampiros seducen a una pareja en un decadente club neoyorquino para asesinarla y robarle su sangre; brillantes escenas paralelas entre lo que ocurre en el laboratorio y la acción que ejecutan o que les ocurre a los vampiros; o cómo no, las crudas escenas en las que el personaje de David Bowie se da cuenta de que está abocado a perder su juventud a la que se ha vuelto adicto y se ve arrastrado a una eterna soledad inerte y, en sus últimos momentos, a ser poseído por una penosa degradación del hambre.


En El ansia, la sangre tiene un papel fundamentel y parece algo evidente, pero a diferencia de otras películas vampíricas, la sangre no es una circunstancia que se desparrama, mero atrezzo o consecuencia de la violencia. Estos vampiros ven la sangre, la huelen, la sienten y les obsesiona porque es a la vez la fuente de su vida y la esencia de la vitalidad, no sólo física sino mental, y de alguna forma el torrente que encierra el secreto de la juventud y la desdicha de su pérdida. La vida eterna vendrá simbolizada repetidamente por el Ank, la cruz egipcia, la llave de la inmortalidad, que ha sido utilizado recientemente por otras interpretaciones de la mitología vampírica, y que nos revela al tiempo el origen geográfico de Miriam Blaylock.

En desenlace de la historia es plenamente coherente con la premisa de la película, y no lo revelaré aquí, eso sí, debo decir, y en tu mano está seguir leyendo, que la secuencia final es excepcional, grotesta, terrorífica y al tiempo, resumen de la condición egoísta y vil de Miriam Blaylock; de nuevo el vampiro es la metáfora de lo peor del hombre, criaturas sin corazón sumidas en la egolatría, el egoísmo y la angustia, apremiadas por la vejez y temerosas de una frágil juventud.

La música y el sentido del oído nos es vital para comprender esa ansia. El oído nos dará los cambios de los intenciones de los personajes y todo aquello que no vemos nos conduce a una mayor intriga. Es una película que no lo muestra todo, pero todo lo que obvia al menos lo sugiere. El mensaje se resume en pocas palabras: la inmortalidad es una maldición que no permite “ni liberación, ni descanso ni escapatoria”.

El vampiro según… El Ansia (Spoiler).

*Origen. La película no concreta si Miriam Blaylock es la primera vampiresa, si nació como tal y si el vampirismo es una enfermedad. El vampirismo podría ser una enfermedad humana, o bien el vampiro es una especie diferente que roza lo antinatural. El intercambio de sangre entre el vampiro y el humano da comienzo a la transformación. Comienza así un angustioso síndrome de abstinencia para el humano.
*Motivación. La búsqueda de paz existencial. Saben que es imposible, pero empujan a otros a su pesar con tal de mitigar su soledad, aunque eso suponga la condenación eterna de sus víctimas.
*Poder. Su fuerza es sobrehumana cuando está en plenitud. Son capaces de ver, oír y sentir la sangre y pueden conocer cosas del pasado si entrar en contacto con los objetos. La seducción es una de sus más peligrosas armas. Son capaces de influenciar a las personas de introducir pensamientos en su mente.
*Entorno. Decadentes y nocturnos, los vampiros de la película buscan a sus presas en clubes de moda de alto nivel. El típico castillo medieval se ve sustituido en esta película por una lujosa mansión.
*Influencia. El tiempo les ha permitido acumular bienes y riqueza y con ella, una elevada posición social.
*Debilidades. La luz solar no les hiere y sí se reflejan en los espejos. Como debilidades más trascendentes, el ansia de sangre y la rápida degeneración que les lleva al eterno envejecimiento. Entre el vampiro original y su víctima o amante se genera un vinculo de sangre, que se revela muy peligrosa para aquél.

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