Sangre y cenizas (VI). ‘El circo de los vampiros’

Rebuscando entre historias de vampiros he acabado en una pequeña aldea de la Europa del siglo XIX asolada por la peste y, para desgracia de sus habitantes, por la presencia de un sanguinario y seductor conde vampiro. El circo de los vampiros (1972) es una interesante producción de Hammer dirigida por Robert Young, que nos muestra la estampa clásica del pueblo levantado en armas, con antorchas y furia, contra el castillo de un extravagante, solitario y siniestro noble que parece estar detrás de las desapariciones de niños, jóvenes y mujeres.

El vulgo convertido en masa es capaz de acabar con la vida del conde Mitterhaus cuando le clavan una estaca en el corazón, no sin provocar diversas muertes en el combate. En su estertor de muerte, es capaz de proferir una terrorífica maldición. “La sangre de vuestros hijos me devolverá la vida”. La multitud enfurecida prenderá fuego al castillo, favoreciendo con el tiempo la difusión de la peste, debido al abandono de la construcción, a la presencia de murciélagos y los agentes infecciosos… La mujer del profesor de la villa, seducida por el conde para satisfacer su lujuria, preservará el cuerpo de Mitterhaus escondiéndolo en una cripta subterránea bajo el castillo. El conde le da instrucciones a su amante para que avise a los vampiros del Circo de las noches, emparentados con él, para que cumplan su venganza.

Quince años más tarde, en plena difusión de la plaga, los pueblos limítrofes han aislado la villa con barricadas para evitar el contagio, pero un grupo de nómadas circenses han conseguido cruzar el cerco y se instalarán allí. Sus intenciones no parecen malsanas en un primer momento, tan sólo entretener y conseguir que la gente olvide las penurias de la vida. Nada más lejos de su intención. Poco a poco las sospechas de algunos se verán confirmadas; las desapariciones de los hijos de aquellos que mataron al conde hacen temer lo peor: La maldición del conde se está cumpliendo y puede que los integrantes del circo estén implicados.

La presentación de la película tanto formalmente como en su estructura narrativa es sencilla pero efectiva y no se pierde en tramas incomprensibles, vacías o ridículas. La introducción de la historia, con la presentación del conde, su muerte, la estampa general del carácter de los personajes y el inicio del conflicto con la maldición del vampiro es de manual, pero es de buen manual. El desarrollo de la producción nos plantea muchos conflictos y pasiones humanas: el deseo, el egoísmo, la ira, el miedo. Personas ruines, temerosas y aterradas, supersticiosas que se exaltan en cuanto ven el más mínimo atisbo de que la maldición pueda ser cierta.


También personajes valientes que encarnan una moralidad pía y mojigata, coherentes con el contexto y que, al final, serán el principal escollo de los vampiros; por su parte aquellos que sólo piensan en su propia vida, tan despreciables, que como en muchas otras historias del vampiro hacen comprender por qué los vampiros crean su propia escala de valores fundada en el deseo y el poder y no tienen piedad ante humanos que son tan mezquinos como ellos, pero carentes de su condición sobrenatural y su fuerza.

Genial contexto sustentado en una historia muy literaria, muy teatral, y en una fotografía sobria pero notable, en una caracterización adecuada y en una ambientación paisajística y unos decorados muy acertados. Las casetas de feriantes, el misterio, la fascinación, el secretismo oscuro y morboso que se esconde tras la conducta de los bohemios circenses (indómitos y seductores), crean el contexto perfecto para desarrollar un macabro plan que pretende traer de nuevo a la vida al conde vampiro.

Desde luego, las escenas de acción no son muy dinámicas, y aunque algún efecto visual pueda estar muy conseguido (cuando el vampiro Emile sube unas escaleras sigilosamente y se transforma en una mortal pantera), por lo general los efectos especiales son anticuados y casi ridículos en muchas de las escenas, y uno está dispuesto a pasarlos por alto debido al interés que despierta la historia. Si bien el reparto es más que correcto, (Robert Tayman da el semblante necesario como apuesto y ególatra Mirtterhaus y Anthony Higgins es realmente inquietante en su papel de Emile), El circo de los vampiros peca de sobreactuación, entre otras cosas, en los mordiscos del vampiro, llegando a parecer que cogen carrerilla para algunos de ellos.

No obstante, la forma en la que el nudo de la película se va deshaciendo, hasta la conclusión, es muy satisfactoria, desentrañando un plan en el que los vampiros explotarán las emociones humanas, sus miedos y su superstición para aterrarlos y vengarse de ellos de forma cruel. Mientras, el paralelismo de la peste mientras se extiende la muerte al paso de las carretas del circo crea esa aura de intriga que tanto inquieta al ser humano. ¿Será la peste que nos asola? ¿En verdad me he vuelto loco por creer en lo sobrenatural? ¿Se estará ocultando el verdadero vampiro tras esa enfermedad? Cuando ha querido responder a esas preguntas, ya es demasiado tarde. La noche ha tendido su capa sobre él y hay poco que pueda hacer por sobrevivir.

El vampiro según… El circo de los vampiros(Spoiler).

*Origen. Se desconoce el origen primigenio de los vampiros, y al parecer los mordidos por un vampiro no se transforman. Sin embargo, son capaces de crear descendencia cruzándose con seres humanos.
*Motivación. Sobre toda la lujuria, mayor que su sed de sangre, y también la demostración de su fuerza y superioridad y, muchas veces, la venganza y la ira.
*Poder. Gran fuerza y agilidad. Son capaces de crear ilusiones, dominar la mente de los hombres, transformarse en animales. Sin duda el más peligroso de todos es su poder de fascinar y atraer a las personas.
*Entorno. Se esconden tras las murallas de un castillo o se enfundan en la piel de bohemios nómadas cuya extravagancia hace pasar desapercibida su condición nocturna y peculiar.
*Influencia. Asumen el papel de nobles que ya les permiten actuar por encima de la legalidad. Se asocian con malvados humanos que les ayudan a sus propósitos.
*Debilidades. No se reflejan en los espejos. La luz del día no parece ser un impedimento para ellos pero prefieren la nocturnidad. Una estaca en el corazón les paraliza, pero la sangre les ayuda a revivir. La decapitación, sin embargo, es definitiva. Los elementos religiosos como las cruces o el repicar de las campanas de una iglesia les atemorizan y les repelen.

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