Sangre y cenizas. Nuevo ciclo vampírico de ‘No es cine todo lo que reluce’

No puedo estar seguro, pero los vampiros debían existir ya mucho antes de que Rusia diera a luz la palabra Upir en referencia a uno de sus príncipes. Quizá fuera la forma de exteriorizar un impulso, algo terrorífico, o simplemente de dar nombre a esa inquietud que albergan las sombras, de purgar la culpa por la tendencia homicida del hombre, entregando a lo sobrenatural, a lo incomprensible o a lo mitológico la autoría moral de uno de los actos más terribles que el hombre puede cometer: arrebatar la vida de uno sus semejantes.

Como maldición, castigo divino, enfermedad, plaga o abominación de la naturaleza, el vampirismo ha estado presente en la historia de la Humanidad al menos desde el siglo XI, y en el cine desde que Rusia albergara en 1920 una adaptación de la novela Drácula de Bram Stoker, sin que se conserve ninguna copia de aquélla. Tras la nueva adaptación de Hungría al año siguiente y de la popular Nosferatu de 1922 (quién sabe si con un verdadero vampiro como protagonista), los títulos se han ido sucediendo a lo largo de los años con más o menos acierto y originalidad y, desde luego, con desigual calidad.

Dicen que la mejor maniobra del Diablo fue hacer creer a la gente que no existía. De forma similar, su aparición en producciones de ficción podría ser una maniobra para que el Vampiro sea considerado un ser propio de la fantasía y no un peligro. De cualquier manera, el cine participa en ese juego de despiste al mostrarnos diferentes contextos y concepciones del vampiro, distintas debilidades, distintas fortalezas y caracteres que hacen que sus cazadores se vean superados, para empezar, por su propia ignorancia. Quizá es que la naturaleza vampírica no se reduzca a una sola de estas manifestaciones.

Desde luego, el más popular de estos seres es sin duda el conde Drácula. El príncipe y héroe rumano Drakul pasó a ser demonizado por el autor británico Bram Stoker y éste a su vez demonizado por la gente de los Cárpatos ante tamaña ofensa. El terrorífico conde ha sido interpretado por multitud de personalidades pero quedan por encima de las demás las figuras de Bela Lugosi, Christopher Lee y, por la calidad de la película en su conjunto, Gary Oldman. Tal es el influjo del vampiro, su carisma y capacidad de posesión que el primero de estos actores llegó al punto de creerse que él era el propio conde.

Si estos nombres propios o otros como el de la productora Hammer Films crearon ecos que perduran, si algo es cierto en este subgénero, a caballo entre el terror y la ciencia ficción, es su carácter de cine de serie B en muchos casos y de baja calidad en otros, con escasos títulos destacables, quizá por desconocidos, uno de los motivos por los que afronto este camino de intentar ver el máximo número de producciones con esta temática, para haceros llegar mi crítica y mi opinión sobre todas ellas.

Pocos títulos destacados, como decía. Si Nosferatu es la más renombrable de las versiones de Drácula del cine antiguo, y podemos hablar según se dice de revolución en torno a las películas de vampiros con The Horror of Dracula, protagonizada por Christopher Lee y producida por Hammer Films, desde luego Drácula de Bram Stoker dirigida por Francis Ford Coppola y Entrevista con el Vampiro de Neil Jordan son, a mi juicio, los dos mejores títulos de este subgénero. No obstante, la historia guarda joyas y el cine contemporáneo nos ofrece producciones no demasiado promocionados que merecen una revisión y un reconocimiento, mientras otros más recientes y rentables suponen la claudicación más bochornosa de los príncipes de las tinieblas ante la cultura pop, el mercado y el fenómeno fan.

A pesar de ello, no podemos obviar la importante fuente que el cine de vampiros tiene en la literatura, y si la saga Crepúsculo es el Harry Potter de los vampiros en cuanto a ventas y popularidad, la ya mencionada Entrevista con el vampiro adapta al cine todo un ejercicio de terapia contra el dolor y ante la muerte de la mano de Anne Rice. Los tebeos nos acercan personajes como Blade, ofreciéndonos la figura del dampiro (nacido de humano y vampiro), especie de criatura que ya pudimos admirar con diferente protagonista en la fabulosa obra de anime Vampire Hunter D. También es adaptación del cómic 30 días de Oscuridad, ofreciendo al público una visión oscura, diabólica y salvaje.

También veremos episodios de confrontación legal entre los que han creado una concepción propia de su Mundo de tinieblas y aquellos que han querido adaptarla de forma sibilina sin pasar por caja, y han recibido de todos modos sobre ellos el peso de la ley. Me refiero al conflicto entre La Factoría de Ideas y la trilogía Underworld, que nos presentaba un acercamiento a una jerarquizada sociedad vampírica muy cercana a lo que nos presenta el juego de interpretación Vampiro: La Mascarada, incluyendo como elemento principal la disputa eterna entre vampiros y hombres lobo que en otras ocasiones hemos podido contemplar en la gran pantalla.

No podemos dejar aparte las acepciones humorísticas y en otros casos esperpénticas de algunas producciones que osan mezclar a Kung Fu con Drácula, mencionando aparte por supuesto a Leslie Nielsen y a Chiquito de la Calzada, como dos de los exponentes más irreverentes de un séptimo arte que tan pronto inmortaliza como deja en meras cenizas a estos seres eternos de ultratumba. En efecto, que Bon Jovi aparezca en una trama vampírica no puede ser sino una broma. De hecho, al conocer de esta sección hay quien me ha preguntado si Vampiros de John Carpenter aparecerá en las serias o en las de broma.


En todo caso, a lo largo de este ciclo de artículos y críticas sobre el cine vampírico trataré de diseccionar cada una de las diferentes concepciones, mostrando detrás de cada crítica los rasgos y caracteres generales de los seres que en ellas aparecen. Entiendo que esto puede suponer destripar la película, de tal manera que siempre esa ficha categorizando a los vampiros que surjan de cada producción quedará reflejada al final, y se recordará en cada una de ellas que conocer el contenido de ese resumen puede arruinar la intriga de la película.

Así que estad atentos, tomad ajos, estacas, plata y cruces porque nos vamos a enfrentar a todos, todos los vampiros y no sabremos qué le afecta a cada uno de ellos hasta que sea demasiado tarde. No obstante, tened una cosa clara; no os dejéis engañar porque siempre, y siempre es siempre, recordar que la sangre es sangre, y eso es lo único que quieren de nosotros.

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