Sangre y cenizas (IV). ‘Nadja’

Una nueva decepción en esta búsqueda que es el ciclo Sangre y Cenizas y ya me siento un cazador de vampiros clavándole la estaca a algunas de estas abominaciones del cine. En esta ocasión persigo a Nadja, la hija de Drácula que inmersa en su propia lucha existencial pretende recuperar el cadáver de su padre en Nueva York, después de que el doctor Van Helsing haya acabado con su existencia clavándole una estaca en el corazón.

No será ese el mayor de sus problemas; angustiada por sus propios deseos, tristezas e inquietudes, conocerá y vampirizará a Lucy, una mujer cuya pareja (Jim, interpretado por Martin Donovan) está relacionada con el propio Van Helsing (es su sobrino aunque se insinúa su paternidad). Entretanto, Nadja tratará de hallar a su hermano gemelo Edgar, también maldito, para tratar de ordenar los lazos familiares. Edgar la odia y desea su destrucción pero Nadja se ve obligada a reorientar su vida ahora que su padre ha muerte, y nada hará cambiar su voluntad.

La decepción de la que os hablo llega en parte por el buen comienzo de la película. Una ambientación oscura a la que el blanco y negro le da un toque clásico y elegante. Parece que la iluminación y el estilo van a lograr la difícil tarea de contar una historia moderna de antiguos vampiros clasistas, pero el espejismo que el vampiro obra en nuestra mente se esfuma rápido y nuestra lógica o el buen gusto acaba por combatirlo.

Parecía que iba a lograrlo cuando acuden a la morgue para recuperar el cuerpo de Drácula y David Lynch, productor ejecutivo de este ser maldito, se cobra su cuota de pantalla con un cameo en una escena que nos hace vislumbrar con ilusión esa concepción anhelada. El mundo actual como escenario de una historia de vampiros intentando encontrar lugar en un espacio y un tiempo que les es ajeno. Incluso esta escena pudo recordarme el desarrollo narrativo de las historias que White Wolf plantea para ser jugadas, pero no. Esta escena y el inicio sólo fueron oasis en un desierto.

La producción va perdiendo fuelle porque no tiene claro el objetivo o porque la estética que pretende es tan difusa, tan Twin Peaks… El director Michael Almereyda se deja llevar por el universo Lynch, todo un agujero negro. A mi juicio, la mezcla de estilos, texturas y formatos es un error. Hay fragmentos de otras películas con el rostro de Drácula, la estética de películas de los 30 y 40 se mezclan sin criterio con la nitidez de hoy en día para lugar perder el juicio totalmente con los fragmentos pixelados de una cámara de juguete que pretende ser evocadora y no es más que confusa y molesta.

El montaje resulta extraño, de transiciones abruptas, y valga de ejemplo una escena en la que Van Helsing persigue a una ya demente Lucy, pasando de una cámara lenta con fuerte música a una acción normal en la que la banda sonora desaparece, algo francamente molesto.

Porque la banda sonora es otro de los puntos más confusos y decepcionantes. En primera instancia parece que va a potenciar ese intento de fábula vampírica moderna pero sofisticada y acaba siendo una mezcla rara que cambia de un tema a otro sin demasiada intención, resultando el fondo sonoro de una producción que pasa como el rayo de una interesante estética pop al esnobismo posmoderno, de ahí al vídeoclip con parada en un anuncio de colonia y recordando fragmentos de Hitchcock (de sus películas, no de él).

En lo que se refiere a ese esnobismo, el intento de introducir efectos especiales descaradamente anacrónicos queda, al final, así, anacrónico y, por qué no, ridículo. Valga como ejemplo la velocidad sobrehumana del esclavo de Nadja, Renfield (Karl Geary), que en una primera ocasión ejecuta esta capacidad con un estupendo plano en el que parece estar sentado en un butacón y de pronto aparece justo detrás de su interlocutor. En la siguiente, se desplaza a gran velocidad acompañado de un efecto sonoro que recuerda a un programa infantil de por la tarde. En otras escenas le veremos lento y torpe, un sinsentido.

Porque la puesta en escena es tosca y excesivamente teatral a veces, con monólogos que te sacan de la trama, con un Van Helsing (Peter Fonda en formato narcotizado) que recuerda a Doc de Regreso al Futuro, con sus gadgets cazavampiros, su calma de “yo domino”, ausente de lo que ocurre alrededor, como si el peligro fuera cosa de los demás. En ocasiones son todos los actores los que miran a la escena como un público que se pregunta qué coño está pasando y qué es lo próximo que se espera de ellos.

Porque ¿qué se espera del público en este obra para entendidos selectos? ¿Que aplauda ante la supuesta genialidad de la obra? Me temo que Nadja es uno de esos modernismos esnob de mala calidad, un querer y no poder, porque me resisto a pensar que es un no saber, porque ciertos fragmentos apuntan a algo. Uno se siente viendo Nadja como en esos museos en los que uno no entiende nada y se resiste a pensar que no hay nada que entender y la mala calidad, la falta de ideas y criterio la tapan las etiquetas puestas por los que se supone que saben. Creo que en esta película el que más se esfuerza de todo el equipo de la película es el propio espectador, con un gran trabajo de paciencia, comprensión y, en mi caso que la tuve que ver en Versión Original, de oído.

No pude esperar a terminarla del todo para bucear en Internet y leer qué estaba pasando, si era yo el tonto que, como en el museo de arte moderno, no entendía nada, pero sí, es que simplemente todo era absurdo. Volví a la película, aliviado.

Nadja ya tenía algunas estacas clavadas por parte de otros críticos. Eso me alivió porque mi voluntad se encontraba firme en su propósito de afirmar en este ciclo que el transcurso de la película es horrendo, y me atrevo a decir que estropea la interpretación de la protagonista Elina Löwenshon, y el planteamiento en torno a las motivaciones de un vampiro más acuciado por su desesperación y su falta de felicidad que por el ansia de sangre. Un vampiro egoísta, manipulador, seductor, dispuesto a ejecutar su plan con frialdad pero al tiempo mostrándose como pobre víctima de su propio destino, como si quisiera sobreponerse a su maldad sin conseguirlo pero, al fin al cabo, preocupado única y exclusivamente de tener que soportar su ego elitista y atormentado durante toda la eternidad.

El vampiro según… Nadja (Spoiler).

*Origen. Se indica que el vampirismo es una maldición. Drácula se la ha transmitido a sus hijos y estos a las víctimas que muerden. Acabar con un vampiro que ha mordido a una persona puede liberar a las víctimas del mordisco.
*Motivación. Sus motivaciones son más bien poéticas y existencialistas. Hastío de vivir, infelicidad, sus propios sentimientos de odio y egoísmo les niegan la felicidad. El ansia de sangre no está demasiado presente.
*Poder. Fuerza y velocidades sobrehumanas son algunos de sus caracteres, pero son capaces de desaparecer de la vista humana, quizá por sugestión, tienen fuertes poderes de percepción, poder sobre mentes más débiles, son capaces de dominar a sus víctimas, inflingirles temor, controlar físicamente la sangre. La sangre es la fuente de todo su poder. Son capaces de sentir la sangre, detectar a otros vampiros y seres que se acercan a sus dominios.
*Entorno. Los vampiros establecen un vínculo muy fuerte con su morada original, con la que tienen una relación como si fuera un ser vivo. Les cuesta adaptarse a otros lugares y rápidamente sienten nostalgia de su hogar.
*Influencia. Suelen vampirizar a seres humanos que les sirvan de criados o esclavos, se encaprichan de amantes sobre los que ejercen una nefasta influencia, a través de una especie de maltrato psicológico.
*Debilidades. La luz solar les debilita pero parecen aguantarla. Atravesar su corazón con una estaca acaba con su vida. No se reflejan en los espejos, lo que provoca que su fachada humana se desbarate.

Un comentario en «Sangre y cenizas (IV). ‘Nadja’»

  • el 29 diciembre, 2009 a las 15:57
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    No he visto esta película, pero me paunto que tampoco me pierdo gran cosa. Las cosas que se descubren investigando sobre cine de vampiros, madre mía….

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