Las críticas de Laura Zurita:
Magallanes
Magallanes es un navegante portugués que se rebela contra el poder del Rey, que no apoya sus sueños de descubrir el mundo a comienzos del siglo XVI. Convence a la Corona española para que apoye su audaz expedición a las legendarias tierras de Oriente. Sus sueños son lo primero. El viaje es más agotador de lo esperado, con hambre y motines que llevan a la tripulación al límite de sus fuerzas. Al llegar a las islas del archipiélago malayo, Magallanes cambia de opinión. Se obsesiona con la conquista y la conversión, lo que desencadena violentos levantamientos que escapan a su control. Este no es el mito de Magallanes, sino la verdad de su viaje.
Magallanes está escrita y dirigida por Lav Diaz, quien también es responsable de la fotografía junto con Miquel Barceló, Ciril Barba, Julien Hogert y Artur Tort. En el reparto encontramos a Gael García Bernal, Ângela Azevedo, Amado Arjay Babon, Dario Yazbek Bernal y Hazel Orencio, entre otros. La película se estrena en España el 6 de julio de 2026, distribuida por A Contracorriente Films.
No es la verdadera historia
Magallanes se presenta como “la verdadera historia” del célebre navegante portugués. La película narra su viaje desde que rompe con la Corona portuguesa, que rechaza financiar su proyecto, hasta que convence a la Corona española para emprender la expedición hacia Oriente a comienzos del siglo XVI. Sin embargo, el viaje pronto deja de centrarse en la exploración para enfocarse en la transformación del protagonista, quien abandona el sueño del descubrimiento para obsesionarse con la conquista y la conversión de los pueblos indígenas del archipiélago malayo.
El principal problema de Magallanes es precisamente su pretensión de ofrecer “la verdadera historia”. En realidad, la obra presenta una interpretación muy personal de la expedición y de la figura de Magallanes. Para comprender muchos de los acontecimientos presentados en la película y conocer el contexto y el final de la expedición, resulta imprescindible conocer previamente la historia real, ya que la narración es fragmentaria, confusa y tiene errores factuales. Si bien una película histórica tiene derecho a interpretar los hechos, aquí muchos episodios se apartan de lo que se conoce históricamente. Esto podría aceptarse como una elaboración artística si la película no insistiera en presentarse como la versión definitiva y verdadera de los acontecimientos.
Y es que la visión que ofrece de Magallanes está visiblemente condicionada por la intención del director, de fuertes convicciones indigenistas. El personaje aparece retratado como un tirano avaricioso y fanático, obsesionado con imponer su religión y con escaso respeto por la población indígena, desprovisto de cualquier resto de grandeza.
Vocación esteticista
Desde el punto de vista visual, Magallanes tiene una clara vocación esteticista. Los planos están cuidadosamente construidos y el director se recrea en un ritmo pausado, lleno de símbolos e imágenes de gran belleza. La película se regocija en largos planos contemplativos en los que el espectador observa durante varios minutos la inmensidad del mar o la lluvia cayendo sobre la selva. La selva misma se convierte en un espacio profundo, misterioso y amenazante, mientras que el océano aparece como un lugar salvaje y, paradójicamente, árido.
En conjunto, Magallanes resulta más discursiva que narrativa: se basa en construir atmósferas y transmitir un mensaje. El guion está compuesto principalmente por conversaciones y reflexiones que ponen de relieve la personalidad ambiciosa y fanática de Magallanes. Más que contar la historia de la expedición, la película pretende describir el análisis psicológico del protagonista. Sin embargo, hacia el final el foco cambia y se desplaza hacia los conflictos con los nativos en las islas, lo que provoca una sensación de falta de unidad narrativa.
El mundo que retrata Magallanes es un campo de batalla despiadado, en el que los europeos son dominados por su ambición, las intrigas y la violencia. Aunque la puesta en escena demuestra el talento visual del director y su clara intención artística, el predominio del esteticismo sobre el relato termina debilitando el interés narrativo. Además, el ritmo lento y contemplativo de una cinta de tres horas puede resultar excesivo y, unido a las libertades históricas que se toma, dificulta seguir la historia.
Las interpretaciones acompañan el tono solemne de la película. Los personajes interpretan sus diálogos con una intensidad casi teatral, como si se encontraran sobre el escenario de una tragedia griega. Destaca especialmente Gael García Bernal, que construye un Magallanes poderoso y trágico, pero también rígido y unidimensional. Su interpretación transmite con fuerza el fanatismo del personaje, aunque carece de los matices que suelen caracterizar sus mejores trabajos.
En definitiva, Magallanes es una película visualmente impresionante y con una propuesta artística muy definida. Sin embargo, su ritmo pausado, su énfasis en el simbolismo y su discutible tratamiento de los hechos históricos hacen que la experiencia resulte exigente y, por momentos, difícil de seguir. Es una obra más interesada en reinterpretar la figura de Magallanes que en reconstruir fielmente su historia o la de su expedición.
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