Crítica de ‘Un hijo’: Alegrías y desgastes diarios

Las críticas de Laura Zurita:
Un hijo

María, una psicóloga escolar sin experiencia, intuye que, tras la aparente felicidad de un niño de 8 años recién llegado al cole, se esconde un secreto de imprevisibles consecuencias. Para averiguarlo deberá descifrar lo que la mente de Guille traduce en dibujos y, además, vencer la intransigencia de su padre.

Un hijo está dirigida por Nacho La Casa y escrita por Juan R. Apolo y el propio La Casa, basada en la novela homónima de Alejandro Palomas. En el reparto encontramos a Macarena García, Hugo Silva, Ian Cortegoso, Jesús Carroza, Javier Aguayo, Chema del Barco y Silvia Larrauri, entre otros. La película se estrenó en España el 15 de mayo de 2026, distribuida por Filmax.

Desmontando expectativas

Un hijo empieza como esas historias que hemos visto tantas veces, sobre un niño problemático y un padre aparentemente abusivo, dentro de ese tipo de drama social que el cine y la televisión llevan años repitiendo hasta desgastarlo. Durante buena parte del inicio parece que la película va a recorrer exactamente ese camino conocido, apoyándose en conflictos familiares previsibles y personajes que parecen definidos de antemano.

Pero poco a poco, la trama se desvía y se vuelve interesante. La película va desmontando lentamente algunas de las expectativas que el espectador había construido. El niño, lejos de convertirse simplemente en una víctima o en un símbolo, empieza a adquirir una personalidad propia. El filme muestra que los niños no son mecanismos simples ni criaturas fáciles de descifrar. Hay dolor, desconcierto y necesidad de afecto mezclados constantemente en ellos.

Uno de los grandes aciertos de Un hijo es la relación que establece con la orientadora del colegio, basada en la paciencia, la escucha y la cercanía. La forma en que ella se va acercando al niño está contada con sensibilidad y evita, en gran medida, caer en sentimentalismos excesivos ni soluciones milagrosas. Esta relación reinterpreta el espíritu de Mary Poppins, que permea la película de forma reiterada.

Además, la película guarda algunas sorpresas narrativas bastante agradecidas. Hay giros que consiguen alejar la historia de los tópicos más evidentes y que permiten que el espectador reorganice poco a poco su percepción de los personajes. Funciona mejor precisamente cuando se atreve a romper la imagen inicial que parecía ofrecer.

Sin embargo, el guion no siempre está a la altura de sus propias intenciones. La idea de partida es mucho más potente que su desarrollo y hay momentos donde ciertas situaciones parecen demasiado subrayadas o directamente mal resueltas, y el final tampoco es satisfactorio.

Aun así, Un hijo mantiene un tono bastante coherente durante todo el metraje. La película no intenta convertirse en un gran drama espectacular. Es una familia que tiene problemas, tensiones, errores y heridas, pero podría vivir en la puerta de al lado. Nos recuerda que la vida de la mayoría de las personas está hecha de una mezcla de alegrías, y pequeños desgastes diarios.

Entorno interesante

El entorno escolar aporta matices interesantes. El colegio aparece como un espacio que contiene distintas realidades sociales, con niños inmigrantes y familias muy distintas conviviendo dentro de una misma normalidad. Un hijo nos permite vislumbrar ligeramente estos elementos, pero están ahí, enriqueciendo el contexto y evitando que todo gire exclusivamente alrededor del protagonista.

El tono general es dulce y optimista, a veces quizá demasiado. El final resulta algo descafeinado, como si la película temiera terminar dejando demasiadas heridas abiertas. Sin embargo, también se agradece que evite ciertos clichés románticos y emocionales que otras producciones similares habrían introducido casi por obligación.

Un hijo no termina de convertirse en la gran película que por momentos parece querer ser, pero sí logra construir una mirada honesta y sensible sobre la infancia, la educación y las relaciones familiares. Una obra imperfecta, irregular en algunos aspectos, aunque sostenida por una sensibilidad hacia personajes que simplemente intentan entenderse unos a otros. Un punto débil son las interpretaciones infantiles, tiernas pero básicas, aunque destaca la mirada hipnótica del joven Ian Cortegoso, que roba las escenas y el corazón de los espectadores.

En resumen, Un hijo es una película pequeña, humana y bienintencionada, que funciona mejor cuando se aleja de los tópicos y observa a sus personajes con paciencia y naturalidad. Aunque el guion y algunas interpretaciones infantiles le impiden alcanzar toda la fuerza emocional que promete, deja una sensación cálida y una mirada bastante honesta sobre esas familias corrientes que raramente protagonizan grandes historias, pese a estar llenas de pequeños conflictos y afectos cotidianos.


¿Qué te ha parecido la película Un hijo?

Un hijo

6

Puntuación

6.0/10

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