Las críticas de Laura Zurita:
Hugo 24
En las 24 horas previas a su cumpleaños, Hugo, un joven perdido entre la inseguridad y el vértigo a crecer, se enfrenta a un inminente desahucio y a la sensación constante de abandono. Con la ayuda de su mejor amigo, emprende una carrera contrarreloj para salvar su hogar y, sin saberlo, dar el primer paso hacia la madurez.
Hugo 24 está escrita y dirigida por Luc Knowles. En el reparto encontramos a Arón Piper, Marco Cáceres, Marta Etura, Greta Fernández y Javier Pereira, entre otros. La película se estrenó el 15 de mayo de 2026, de la mano de Caramel Films.
Gran construcción de personajes y ambientes
Cuando entrevistamos a Luc Knowles con motivo de Libélulas (2022), ya resultaba evidente qué tipo de cine le interesaba. Un cine pegado a personajes que sobreviven como pueden, jóvenes atrapados entre la precariedad y el deseo de encontrar algún lugar propio en el mundo. Pero también un cine que intenta mirarlos sin paternalismo ni superioridad moral. En Hugo 24 vuelve a aparecer esa idea, quizá de forma más madura y más consciente de sus propios límites.
La película transcurre durante un único día, las veinticuatro horas previas al cumpleaños de Hugo. Un tiempo límite que funciona como cuenta atrás emocional y económica. Hugo necesita conseguir dinero para evitar el desahucio del piso en el que vive con su hermana mientras intenta sostener una vida que parece resquebrajarse por todas partes. No tiene trabajo estable, arrastra una sensación permanente de abandono y vive una especie de adolescencia no terminada que le resulta insostenible.
Sin embargo, lo interesante es que el filme no usa a Hugo como un símbolo de la derrota generacional. Hay algo en él que todavía resiste, un pequeño proyecto personal, modesto y precario, pero suyo, que funciona como último refugio de identidad y dignidad. Y ahí aparece una de las mayores virtudes del cine de Knowles, entender que incluso quienes viven permanentemente al borde de la exclusión siguen necesitando imaginar una salida, conservar algo propio que los mantenga en pie.
Mucho del valor de Hugo 24 está en cómo utiliza el barrio de Tetuán, no como un simple decorado urbano, sino como el espacio para la vida. La cámara pasea por sus calles, bares y edificios con una mirada cariñosa y fiel, y se la ve desgastada pero airosa, en todo su proletario esplendor.
La película pertenece claramente al cine social, aunque intenta hacerlo desde un lugar distinto al habitual. No vive de sus tesis, sino de sus personas. La precariedad aparece de perfil, lateralmente, integrada en los cuerpos y en la rutina cotidiana de los personajes. Está en los silencios, en los trayectos, en la ansiedad económica permanente y en la sensación de que cualquier error puede dejarte definitivamente fuera. Funciona mejor cuando confía en observar que cuando intenta explicar.
Porque en algunos momentos sí se percibe cierta voluntad de construir un discurso de manera demasiado evidente. Hay escenas y diálogos donde se verbaliza aquello que ya había conseguido transmitir visualmente. Ahí pierde algo de naturalidad y cierta verdad emocional se resiente. El recurso de la cuenta atrás, además, es conocido y nada original.
Personajes al borde de la caída
Hugo 24 destaca gracias a sus personajes y a sus intérpretes.
Arón Piper compone probablemente uno de sus trabajos más contenidos y honestos. Su Hugo transmite cansancio, vulnerabilidad y desconcierto sin caer nunca en el victimismo fácil. Hay algo especialmente valioso en cómo interpreta a alguien que todavía no sabe del todo quién quiere ser, pero que empieza a comprender que el tiempo para seguir huyendo se está terminando.
A su lado, Marco Cáceres aporta una presencia muy orgánica. La relación entre ambos es lo que acaba dando autenticidad a la película. Se sienten amigos reales, comparten códigos, derrotas pequeñas, formas de hablar y una complicidad que rara vez necesita verbalizarse. Muchas de las mejores escenas nacen precisamente de esa química natural y de la sensación de estar observando vidas antes que personajes diseñados para ilustrar un problema social.
Marta Etura, por último, aporta una desesperación callada a su personaje, con una madurez interpretativa que hace que, sin intentarlo, domine las escenas.
Hugo 24 confirma a Luc Knowles como un cineasta interesado en los márgenes urbanos y emocionales de una generación que vive permanentemente al borde del desalojo material y afectivo. Aunque en ocasiones subraye demasiado sus intenciones sociales, la película encuentra verdad en sus personajes, en la amistad que retrata y en una mirada humana que evita convertir la precariedad en espectáculo. Un retrato sincero y melancólico sobre crecer cuando casi nadie parece esperar ya nada de ti.
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