Crítica de ‘Black Water’: Cuando el agua te roba el suelo que pisas

Las críticas de Laura Zurita:
Black Water

En 2050, Bangladesh alcanzará los 220 millones de habitantes y gran parte de su territorio quedará sumergido de forma permanente. Esta situación podría provocar el desplazamiento forzado de entre 20 y 30 millones de personas, dando lugar a la mayor migración masiva de la historia de la humanidad. Mientras el planeta se calienta, las lluvias se intensifican y el nivel del mar asciende, Bangladesh —un gran delta formado por los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna— se convierte en un territorio en constante transformación. Durante la temporada de monzones, los ríos crecen, cambian de cauce y desplazan comunidades enteras. ¿Hasta cuándo resistirá Dacca la llegada de millones de personas? ¿Dónde irán cuando las ciudades colapsen? ¿Quién los acogerá?

Black Water está escrita y dirigida por Natxo Leuza, con fotografía de Jokin Pascual. La pelicula se estrena el 17 de abril de 2026 de la mano de Begin Again Films.

Crítica de ‘Black Water’: Cuando el agua te roba el suelo que pisas

Deseo acuciante de comunicar

Black Water nace de un deseo acuciante: el director se siente impelido a luchar contra el cambio climático utilizando su arte como herramienta de combate. No es una aproximación distante ni analítica, sino una respuesta urgente, casi visceral, ante una realidad que desborda cualquier intento de neutralidad.

Natxo Leuza ya había abordado previamente la relación entre el ser humano y el desastre climático. En esta ocasión su mirada se detiene en Bangladesh, donde la crisis adquiere una dimensión especialmente dramática. Allí, millones de personas ven cómo el suelo desaparece literalmente bajo sus pies, devorado por el avance implacable del agua.

Las cifras son tan contundentes como insuficientes para expresar la magnitud de la tragedia. Según el Banco Mundial, Bangladesh podría tener más de 13 millones de desplazados internos por causas climáticas antes de 2050. La mayor parte del país es una llanura aluvial vulnerable a inundaciones, y está quedando sumergido en episodios de crecida extrema- Por ello, el aumento del nivel del mar está provocando  la pérdida de  de la superficie terrestre del país, hasta un 20% antes del 2050. Y, sin embargo, incluso estas cifras, enormes, casi abstractas, no logran transmitir el verdadero alcance de lo que está en juego.

Para plasmar esta crisis ecológica y humanitaria, Leuza se inspira en la puesta en escena de Koyaanisqatsi (Godfrey Reggio, 1982), donde lo colectivo y lo individual conviven y contrastan en tensión constante. Black Water se centra en un microcosmos humano a través de numerosos rostros anónimos, pero encuentra su verdadera fuerza en tres figuras concretas: una periodista comprometida que actúa como voz combativa frente al cambio climático, una mujer obligada a huir de las inundaciones y luchar por su vida desde cero, y un anciano profundamente ligado a la naturaleza, que se convierte en una suerte de conciencia moral.

Crítica de ‘Black Water’: Cuando el agua te roba el suelo que pisas

Casi cine de terror

Leuza combina la fuerza incontestable de las imágenes reales, inundaciones, destrucción, desplazamientos, con una puesta en escena cuidadosamente construida. La naturaleza se muestra en planos de gran belleza formal, donde lo estético no suaviza el desastre, sino que lo intensifica, apoyándose en la fotografía de Jokin Pascual, tan expresiva. Hay una paradoja constante entre la belleza de la imagen y la violencia de lo que muestra, y esa tensión nos introduce Black Water bajo la piel.

Pero lo más interesante de Black Water es su apuesta por un lenguaje híbrido. Lejos de limitarse al documental tradicional, el director introduce elementos propios de la ficción: estructuras narrativas, construcción de personajes, progresión dramática. Esta combinación hace la verdad más accesible, más cercana. La colaboración entre creador y protagonistas, personas reales, de carne y hueso, genera una implicación emocional que las cifras por sí solas no pueden alcanzar. Porque las cifras están ahí, son enormes, casi inabarcables, pero carecen de cuerpo. La película, en cambio, les da rostro, voz y presencia.

El resultado es una obra que impacta y perturba, tanto por lo que cuenta como por la manera en que lo hace. En algunos momentos, Black Water se acerca al territorio del cine de terror, y en cierto sentido lo es. No hay monstruos ni amenazas ficticias, pero sí una realidad que resulta mucho más inquietante precisamente por su condición de certeza.

En resumen, Black Water golpea por su representación vibrante de la verdad:  la contaminación del agua, la acumulación de residuos, la fragilidad de viviendas que se construyen y destruyen una y otra vez. Todo ello configura un paisaje en constante desaparición, donde la vida se sostiene en un equilibrio precario. Black Water no busca consolar ni ofrecer soluciones. Su propósito es obligar a mirar, y en eso reside su verdadera fuerza.


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Black Water

7.8

Puntuación

7.8/10

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