Las críticas de Daniel Farriol:
El hombre menguante
El hombre menguante (L’homme qui rétrécit) es un drama francobelga de ciencia-ficción que está dirigido por Jan Kounen (Mi primo), que también coescribe el guión junto a Christophe Deslandes, adaptando la novela homónima ‘El hombre menguante’ (‘The Shrinking Man‘) de Richard Matheson. La historia de un hombre común y corriente que divide su vida entre su empresa de construcción naval y su familia. Ante un extraño e inexplicable fenómeno meteorológico durante un viaje por mar, comienza a menguar inexorablemente, sin que la ciencia pueda explicarlo. Atrapado repentinamente en su propio sótano y midiendo apenas unos centímetros de altura, debe luchar por sobrevivir en este entorno cotidiano que se ha vuelto hostil.
Está protagonizada por Jean Dujardin, Marie Josée Croze, Miranda Raison, Daphné Richard, Salim Talbi y Serge Swysen. La película tuvo su presentación en España en el Festival de Sitges y se ha estrenado comercialmente en salas el 16 de enero de 2026 de la mano de DeAPlaneta.

Detrás de cada buena historia hay una reflexión sobre la condición humana
El escritor Richard Matheson publicó en 1956 la novela «El hombre menguante (The Shrinking Man)» en la que narra cómo un hombre comienza a encogerse tras quedar expuesto a un aerosol radioactivo y haber ingerido accidentalmente insecticida. Esa original idea sirve como base a un relato de ciencia-ficción puro que, tras su apariencia lúdica, encierra reflexiones mucho más profundas sobre la condición humana. Un año después de la publicación de la novela se realizó una exitosa adaptación cinematográfica llevada a cabo por Jack Arnold bajo el título en español de El increíble hombre menguante (1957), convertida de forma instantánea en película de culto. Los sorprendentes efectos visuales para la época son un hito del cine de entretenimiento que provocaría infinidad de imitaciones y homenajes en películas posteriores.
70 años después de todo aquello, nos llega una nueva adaptación del texto a la pantalla grande realizada por el francés de origen neerlandés, Jan Kounen. Se trata de una versión fiel al libro original que rezuma pasión nostálgica por el cine clásico y por los efectos prácticos de antaño, sin dejar de lado las nuevas tecnologías digitales para que las imágenes resulten más creíbles. Sin embargo, el tono aventurero de su antecesora adquiere aquí un tono más severo y dramático, para mi gusto demasiado, con reflexiones existencialistas sobre la fragilidad humana y sobre la soledad con la que enfrentamos a la muerte, además de plantear otras cuestiones cercanas al ecoterror como la responsabilidad del hombre frente a la naturaleza que le rodea.

La deconstrucción de la masculinidad
El hombre menguante (L’homme qui rétrécit) pone sobre la mesa todos los temas ya implícitos en el texto de Matheson, a través de una revisión actualizada y contemporánea que, por ejemplo, plantea un evidente paralelismo acerca de la deconstrucción de la identidad masculina en nuestra sociedad actual. El protagonista, Paul (Jean Dujardin), es un hombre de éxito, padre de una familia ejemplar y dueño de una empresa de construcción naval, pero un accidente le lleva a padecer ese extraño fenómeno físico que le hace encogerse. A medida que su cuerpo se hace más pequeño, también debe enfrentarse a la pérdida de su rol en la familia, su ego masculino se debilita, descubriendo también la debilidad del hombre frente al entorno. A partir de entonces, lo cotidiano se convierte en una lucha por la supervivencia, y su casa en un campo de batalla.
El filme funciona de manera independiente a la versión anterior, convirtiéndose en un entretenimiento notable para los nuevos públicos que disfrutarán con algunas secuencias tan estupendas como la aparición estelar de una araña gigante (a ojos del protagonista) o el acecho constante del gato convertido en némesis del protagonista, sin embargo, para las generaciones anteriores que ya disfrutaron con el filme original, esta nueva adaptación pierde en casi todos los ámbitos si decidimos comparar ambas. Y es que últimamente el cine de género parece haber perdido la capacidad de diversión sin cortapisas, se toma demasiado en serio a sí mismo, y la adaptación que hace Kounen, pese a sus indudables virtudes, es un nuevo ejemplo de ello al subrayar en demasía unas reflexiones que ya constaban implícitas en el texto original.

De la comedia a lo metafísico
El hombre menguante (L’homme qui rétrécit) se convierte, entonces, en una reflexión bastante pesimista sobre la soledad, incomunicación y sensación de aislamiento que determinan las relaciones sociales en la actualidad, más allá del rayo de luz casi místico del final. El sentido del espectáculo y los efectos visuales con sabor añejo convierten la experiencia en una extraña mezcla entre nostalgia y divertimento mientras la película nos conduce de la comedia inicial a un último tramo que lleva la existencia humana ante una confrontación metafísica (juego de palabras con doble significado) donde la salvación final es la aceptación de nuestra propia fragilidad.

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