Las críticas de Laura Zurita:
El mal
Una ambiciosa periodista es contactada por Martín, un inquietante personaje que le propone obtener el ansiado éxito escribiendo el libro sobre su talento: el del mayor asesino de la historia.
Juanma Bajo Ulloa dirige El mal sobre un guion de él mismo. La película está protagonizada por Belén Fabra y Natalia Tena, acompañados por Tony Dalton, Maria Schwinning, Fernando Gil, Natalia Ruiz, Aritz Kortabarria, Juana Andueza, Amaia Calvo y Marco Ibarra. La película se estrena el 16 de enero de 2026 de la mano de 39 Escalones.

Planteamiento sugerente
El mal parte de un planteamiento sugerente: la exploración de una violencia ejercida sin odio ni pasión, asumida como un gesto cotidiano, minucioso y casi burocrático. Bajo esa superficie se intuye una historia con potencial y con una cierta ambición moral, pero el relato no logra articularla con la precisión ni la hondura que su punto de partida exige.
En un primer momento, El mal apuesta por construir una atmósfera de inquietud que parece destinada a desarrollar un conflicto sólido. Sin embargo, esa promesa se diluye. El relato apunta a temas como la culpa, la responsabilidad o la herencia del daño, pero rara vez se decide a llevarlos hasta sus últimas consecuencias. El resultado es una acumulación de situaciones sugerentes más que un verdadero avance dramático.
La sensación es que El mal contiene una experiencia potencialmente intensa y devastadora, pero no consigue convencer lo suficiente como para llegar al corazón o, al menos, a las entrañas del espectador.
El universo de El mal se define más por insinuación que por concreción. Martín vive la violencia como algo integrado en la vida diaria, asumido sin grandes gestos ni explicaciones. Esa normalización del daño es uno de los elementos más inquietantes del planteamiento. Sin embargo, este conflicto nunca termina de adquirir densidad. Las situaciones parecen flotar sin anclarse del todo en un contexto emocional o social reconocible, lo que debilita la capacidad del relato para generar una verdadera sensación de amenaza o de implicación moral sostenida.
El principal problema de El mal reside en un guion que aspira a ser inteligente, pero que resulta repetitivo y poco afinado. Los personajes están definidos más por su función simbólica que por una psicología profunda y matizada. Representan ideas, pero no terminan de convertirse en carne y sangre, lo que dificulta la implicación emocional. Las decisiones clave del relato no siempre resultan verosímiles ni suficientemente motivadas, y algunos giros parecen responder más a la necesidad de construir situaciones que a una lógica interna de los personajes.
Además de la trama principal, El mal introduce líneas secundarias sin verdadera fuerza. La relación entre la escritora y su hija adolescente carece de interés real y parece existir únicamente para justificar un desenlace que aspira a ser original, pero que se percibe más como un postulado que como una consecuencia orgánica del relato.
Recursos expresivos
Desde el punto de vista formal, la película muestra cierto cuidado en la puesta en escena. La fotografía y la planificación buscan crear atmósfera y clima, con una voluntad clara de generar inquietud. No obstante, El mal recurre con frecuencia a recursos expresivos previsibles que terminan perdiendo eficacia.
Las interpretaciones de El mal son cumplidoras y poco más. Natalia Tena realiza un esfuerzo evidente por dotar de complejidad a Martín, un personaje planteado como turbio y contradictorio, pero al que le falta consistencia y textura, y que parece deambular, sin un arco claro, dentro de su propia historia. En conjunto, el trabajo actoral resulta irregular y, en muchos momentos, sobreactuado. La indefinición del registro emocional que exige la película contribuye a esa falta de credibilidad, que se suma a la escasa profundidad psicológica de los personajes
El mal es una película irregular, más cercana a una obra fallida que a una propuesta plenamente realizada. Su ambición de abordar cuestiones complejas relacionadas con la ética, la moral y la violencia cotidiana no encuentra el respaldo necesario ni en el guion ni en la dirección de actores, con lo que la película queda atrapada a medio camino entre la inquietud que busca provocar y el esquematismo que termina imponiéndose.
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