sábado, febrero 24, 2024

Teatro | Crítica de ‘Nuestros muertos’: Aunando emoción y reflexión

Las críticas teatrales de Laura Zurita:
Nuestros muertos

Una mujer octogenaria acepta tener una entrevista con el preso de ETA arrepentido que mató a su hijo en uno de los llamados encuentros restaurativos que comenzaron en Nanclares de Oca en 2011. Durante la conversación, que alterna la serenidad, los flashbacks, e incluso el buen humor con una tensión y un dolor a veces difíciles de soportar, se van desgranando muchos de los temas esenciales de esos años en los que ETA ocasionó más de ochocientos muertos rompiendo miles de familias.

Pero también, durante este diálogo plagado de silencios y preguntas sin respuesta, la mirada se va a ir hacia la represión franquista, que arrebató la vida del padre de la anciana ochenta años antes y provocó una dictadura de casi cuarenta años, dejando más de cien mil desaparecidos por todo el país. Así pues, este es un diálogo donde el coche bomba convive con las pistolas de una cuadrilla de falangistas, para adentrarnos en la soledad de quien fue víctima de ambos.

El texto y la dirección de Nuestros muertos son de Mariano Llorente, y está interpretada por María Álvarez, Carlos Jiménez-Alfaro, Clara Cabrera y Javier Díaz. Nuestros muertos se estrenó el 18 de enero de 2024 en la sala Cuarta Pared, donde se representa de jueves a domingo del 18 de enero al 3 de febrero de 2024.

Teatro | Crítica de ‘Nuestros muertos’: Aunando emoción y reflexión

Voces del presente y del pasado

Nuestros muertos tiene protagonistas muy diferentes y hasta enfrentados. Ascensión, la octogenaria que, dentro de un programa de reconciliación, viene a una entrevista con un preso de ETA arrepentido. Ambos entran en un diálogo sobre sus respectivas circunstancias, y se ven asistidos, por una parte, Ascensión por sus recuerdos y su familia; Por la otra, Anchón (no es casualidad que sus nombres sean similares) por distintas versiones de sí mismos en el pasado. Todas estas voces nos cuentan historias de violencia en España, de asesinatos en las cunetas en la guerra civil, víctimas de asesinatos del terrorismo, y de los que sufrieron violencia relacionada con el estado. El autor nos habla de juegos de espejos, que nos revela que los asesinatos y el terror se cuentan de maneras distintas, como justicia, represalias, represión o guerra de liberación, cuando en buenas parte estamos hablando del mismo hecho.

La obra presenta a personas enfrentadas a los lados de la mesa. Ascensión y sus personas usan colores claros, pero tristes. Anchón y sus personas están en colores grises, igualmente tristes. Los personajes se enfrentan a los lados de la mesa o se acercan al centro, en un gesto muy definitorio. Y sobre todo, dejan claro que tratar de comprender no significa disculpar, y que no se trata de pedir perdón ni perdonar, sino de mirarse a los ojos, y ver en el otro un reflejo de nosotros mismos.

Teatro | Crítica de ‘Nuestros muertos’: Aunando emoción y reflexiónLa violencia en sus distintos aspectos

Anchón es un personaje con rasgos comunes con Jose Mari de Patria, o el Ibon Etxezarreta de Maixabel, a quien una reflexión madura aleja de las ilusiones, los idealismos y las manipulaciones de su juventud. Mientras el Anchón veinteañero creía tener muchas respuestas, ahora parece agobiado por el peso de las dudas. Es un asesino que ha reflexionado sobre sus obras, y que ya no parece tan convencido de lo que ha hecho. Ha visto cómo los crímenes pueden justificarse por las ideas, y cómo un etarra y los asesinos de Federico García Lorca (tan distintos en su ideología, tan iguales en su manera de actuar) mismo hubieran podido tener un objetivo común.

Ascensión pertenece a una generación muy castigada por la violencia. Su padre murió de un tiro en la nuca, ella misma en escuelas represoras, y su hijo, en los horribles años del plomo en España. Pero mientras nadie le niega el derecho de sentirse víctima y hacer duelo por su hijo, no todos le reconocen el derecho de querer dar sepultura a su padre.

Todos los intérpretes hacen un gran trabajo, tanto en el plano emotivo con desde el punto de vista de su técnica interpretativa, pero la obra descansa de manera decisiva sobre Anchón (Carlos Jiménez-Alfaro), que nunca abandona el escenario y expone de manera dramática su proceso vital y su desamparo.

Nuestros muertos es una obra que habla de emociones humanas, de la pérdida y del duelo, y, partiendo de la oposición entre víctimas y asesinos, anima al público a reflexionar sobre la naturaleza de la violencia, de la importancia de los relatos a la hora de describirla y sobre cómo puede ser posible superarla.


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