sábado, febrero 24, 2024

Crítica de ’El correo’: Trepidante thriller sobre la España del pelotazo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El correo

Desde su ya lejano debut con Salto al vacío (1995) hace la friolera de casi tres décadas, Daniel Calparsoro ha construido una filmografía sólida, coherente y cada vez más prolífica tanto en cine como en televisión. A pesar de ciertos altibajos en su carrera (pero ¿quién no los tiene?), Calparsoro se ha erigido como el director español por excelencia cuando hablamos de thrillers o películas de acción, sin embargo, o precisamente por eso, por dedicarse al cine de entretenimiento, no suele gozar de la consideración que merece por parte de la crítica ni del favor de los premios cinematográficos.

Cuando todavía está reciente el paso por las salas de su anterior película, la notable Todos los nombres de Dios, llega a las pantallas El correo, un nuevo thriller con tintes documentales. El rótulo sobre la pantalla en negro con la que empieza el film pone al espectador sobre aviso: «Esta película está basada en hechos reales. Por motivos legales muchos de los personajes son ficticios. Cualquier parecido con personas o situaciones reales es una puta coincidencia».

Pues sí, personajes ficticios hay unos cuantos, de hecho lo son todos los que tejen la trama urdida por Patxi Amezcua y Alejo Flah en el guion, pero a lo largo de la película veremos desfilar en imágenes de archivo a personajes tan edificantes como Jesús Gil, Julián Muñoz o Jordi Pujol, amen de Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy (la acción termina en 2010 por tanto no hay ocasión para sacar al actual), es decir, los cuatro presidentes bajo cuyos gobiernos se han producido las burbujas inmobiliarias, los pinchazos de las mismas, las recalificaciones de terreno, las inversiones de dudoso propósito, el blanqueo de capitales,  el tráfico de influencias y las crisis económicas mientras escuchábamos frases como “España va bien” o «España está en la Champions League de las economías mundiales» meses antes de tener que rescatar a las cajas y los bancos.

El correo

Amezcua y Flah, ayudándose de la voz en off del protagonista, son muy didácticos en la explicación de la génesis de la corrupción y las rutas de obtención ilegal de dinero (público, por supuesto) y su posterior blanqueo pasando por ciudades como Bruselas o Ginebra donde los controles a las transacciones económicas dudosas son (o por lo menos eran en aquellos años) poco minuciosos. Para ello, aunque la acción principal tiene lugar entre 2002 y 2010, tienen la habilidad de remontarse a aquel 1992 de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en la que comenzó a acuñarse la expresión de la España del pelotazo.

Y todo este didáctico repaso a muchas de las corrupciones que hemos vivido está vehiculizado a través de un guion intenso, trepidante, divertido y con los suficientes giros como para mantener la tensión argumental durante todo el metraje.

Calparsoro, por su parte, dirige con mano maestra, encadenando sin desmayo secuencias a un ritmo electrizante y un tratamiento visual muy en consonancia con las continuas idas y venidas del protagonista de Madrid a Bruselas, Málaga, Ginebra o Hong-Kong. Y ese protagonista no es otro que Iván Márquez (excelente Arón Piper), un joven de Vallecas que, cansado de hacer de aparcacoches de lujo, decide que prefiere conducir los suyos propios a base de hacer dinero rápido aunque para ello tenga que ponerse en peligro y saltarse todos los principios éticos habidos y por haber.

Una vez hechos los contactos necesarios, Iván se dedica a transportar maletines de dinero entre España y Bruselas o Ginebra (es decir, a hacer de correo) trabajando para el líder de una trama de corrupción al que da vida un Luis Tosar que demuestra, una vez más, que no hay papel que se le resista. Completan el reparto María Pedraza como la hija de Tosar, Nourdin Batan como el compinche de Iván, la actriz belga Laura Sépul en uno de los papeles más complejos y mejor urdidos en la trama o el siempre eficaz Luis Zahera haciendo de un simpático e “incorruptible policía anticorrupción”.

El correo - Luis Zahera

La película tiene varias derivas argumentales, no faltan las noches de alcohol, drogas y sexo, secuencias de amor y lujo o persecuciones, mientras el dinero cambia de manos y la corrupción alterna ciudades, estilo y objetos (ladrillos, terrenos, diamantes…). Pero los chorizos profesionales siempre son capaces de adaptarse a las nuevas formas de trincar a medida que van transcurriendo los años desde aquel 2002 en el que el euro sustituyó a la peseta (“la mayor estafa global de la historia”) hasta el 2010 desde el que Iván cuenta su historia en primera persona.

Y volvemos al inicio de estas líneas. El correo es un film de entretenimiento, algo en lo que su director ha desarrollado una marca de la casa. Quien quiera hacer sesudos análisis sobre la ambición, el poder corruptor del dinero, la manipulación, la falta de escrúpulos o la catadura moral de la clase política que por acción u omisión nos ha esquilmado durante décadas, es libre de hacerlo, pero El correo trata, sobre todo, de ser una película entretenida y divertida. Y a fe que lo consigue.

El correo

7

Puntuación

7.0/10

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