Crítica de ’Brian y Charles’: Un cuento sobre un príncipe depre

Las críticas de Laura Zurita:
Brian y Charles

Brian y Charles nos descubre la historia de Brian, un solitario inventor que vive en un remoto valle de Gales del Norte. Aparentemente, la soledad no parece molestarle, y se pasa la mayor parte de su aislada vida en su ruinoso taller creando objetos extraños que nadie quiere. Hasta que, un día, Brian construye un robot. Fabricado con una vieja lavadora y una maltrecha cabeza de maniquí, la imponente máquina de más de 2 metros de altura es una peculiar construcción similar a un anciano destartalado. Aunque al principio no consigue activarlo, cuando Brian vuelve a casa en una oscura noche de tormenta descubre que Charles no solo está funcionando, sino que ha superado todas sus expectativas: es una forma de vida que anda y habla como un niño inquisitivo, ansioso por saberlo todo sobre su entorno y sobre cómo funcionan las cosas.

Al principio, Brian se lleva de maravilla con Charles, que es el antídoto perfecto a su soledad. Sin embargo, a medida que su relación se desarrolla, surgen las tensiones. Charles, como un muchacho en plena fase de crecimiento, desea más independencia y se obsesiona con explorar nuevos horizontes, pero Brian se resiste a compartir su robot con el mundo exterior. Se resiste incluso a dejarlo salir, aclarándole desde el principio que hay muchos peligros al acecho. La principal preocupación de Brian son los Tommington, una familia local, y en particular Eddie Tommington, un granjero curtido que ya le ha robado en el pasado.

Gracias a sus interacciones con Charles, Brian va ganando confianza y forja amistad con una mujer del pueblo, Hazel, tan tímida y aislada como él mismo. Justo cuando empiezan a conocerse y abrirse el uno al otro, de pronto se ven más unidos que nunca cuando se cumple la peor pesadilla de Brian: Charles desaparece. Después de vivir como un ermitaño toda su vida y de dejar que Eddie lo intimide durante demasiado tiempo, Brian deberá decidir si es capaz reunir el coraje suficiente para alzarse por sí mismo… o si volverá a recluirse en las sombras.

Brian y Charles está dirigida por Jim Archer e interpretada por David Earl, Chris Hayward, Louise Brealey, Jamie Michie, Lynn Hunter, Lowri Izzard, Mari Izzard, Cara Chase, Nicholas Asbury, Sunil Patel, Vivienne Soan y Nina Sosanya. La película se estrena en España el 13 de enero de 2023 de la mano de  Universal Pictures International Spain.

Un cuento para todos los públicos

Brian y Charles es un cuento curioso, un cuento para todas las edades. El escenario no es el País de Nunca Jamás, sino un lugar muy recóndito de Gales, donde todo es como siempre y la vida muy tranquila, donde seguro que hay un pub, pero poco más. Una ocupación muy agradecida en un sitio así es vigilar a los demás, y, para algunos, hacerles la vida imposible a los vecinos.

En todos los cuentos hay un héroe, y en Brian y Charles érase que se era Brian, un héroe improbable y moderno, con gafas y barriguita, que reconoce, nada más empezar, que a veces está un poco depre. Al principio parece que hablara con un equipo de rodaje, como en un pseudodocumental, y por este recurso conocemos la voz interior de Brian, que nos cuenta su vida tal como él la ve. Cuando ya hemos entrado en calor, el modo de narrar cambia y el equipo de rodaje y su documental parecen desparecer, pero a esas alturas estamos tan entretenidos que no los echamos de menos. La película muestra a cada paso que Brian lleva una vida solitaria, con cenas para uno, y sus pobres resultados en su partida consigo mismo, así que bien pudiera ser que ese equipo de rodaje era el amigo invisible que aliviaba su soledad y su depresión, y ya no fuera necesario al llegar Carles.

También estos primeros momentos son en los que Brian sobreactúa un poco. Claro que, si lo que quiere es ser influencer, puede que ese sea el modo correcto de expresarse ante las cámaras. Luego, afortunadamente, modera esos excesos, y resulta notablemente natural y entrañable. David Earl de hecho, hace un trabajo excelente y mucho más difícil de lo que podría parecer en un primer momento. Resulta ingenuo sin ser simplón, excéntrico con estilo y ermitaño pero amable, y su actuación es sobresaliente porque parece brotar sin esfuerzo una vez pasado el primer cuarto de hora.

Brian es el manitas excéntrico del pueblo, y en su muy modesto palacio elabora artefactos varios, dignos de un inspector Gadget desbocado. Brian encuentra los restos de un maniquí, y por casualidad se vuelve un Frankenstein bonachón y bien intencionado. Planea crear un ser vivo, una especie de robot que será tan extraordinario, delirante y poco práctico como el resto de sus obras, y como la película en sí misma, que tiene flecos pero se hace querer.

Un desvencijado amigo

Charles aparece en el cuento. Es tosco y desgarbado, como em monstruo de Frankenstein de las películas mudas, como un Pinocho feo y grandullón para un Gepetto que no quiere un hijo, sino un  amigo con quien compartir sus días, sus dardos y sus coles. Charles no tiene mucho movimiento en sus miembros torpes, ni en su cara de plástico, y su voz es metálica y en apariencia impersonal, y, sin embargo, captamos sus estados de ánimo, y nos parece conocer su carácter de adolescente imposible pero encantador.

El cuento, como todo cuento que se precie, tiene una princesa. Hazel es rubia y tan desubicada como Brian, y tiene una madre que seguro que es, en realidad, una madrastra. No tiene un hada madrina, y es una pena, porque le vendría muy bien alguien que le remozara el armario. Tanto el vestuario como la dirección artística son muy adecuados, todo anticuado, usado y de un gusto dudoso, en perfecta consonancia con nuestro príncipe deslucido.

También hay un malo de cuento, con una carroza imponente de muchos caballos, que seguro que son de color negro. A su lado, por cierto, las hermanas malvadas y malcriadas que no tiene una Cenicienta a la que maltratar.

Un final con sorpresa

Con todos estos ingredientes, el cuento resulta completito y encantador, y deseamos con todas nuestras fuerzas que Brian y sus amigos sean felices y coman perdices. Aunque este es un cuento moderno, y nos reservará una sorpresa. Pero tranquilos, el príncipe destartalado seguro que acabará siendo feliz y comerá alguna que otra perdiz, eso sí, con coles.

Brian y Charles es un cuento para todos los públicos, optimista y acogedor, una obra muy personal para aquellos a los que no les importa dejar volar su imaginación en un pequeño pueblo de Gales.


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Brian y Charles

7

Puntuación

7.0/10

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