Crítica de ‘Mantícora’: El subconsciente y sus monstruos

Las críticas de Daniel Farriol:
Mantícora

Mantícora es un thriller dramático español que está escrito y dirigido por Carlos Vermut (Magical Girl, Quién te cantará). La historia sigue al veinteañero Julián que es un exitoso diseñador de videojuegos, pero que en su fuero interno vive atormentado por un oscuro secreto que le aísla socialmente. Cuando Diana aparece en su vida, Julián sentirá cercana la oportunidad de ser feliz y alejarse de los fantasmas que le atormentan.

Está protagonizada por Nacho Sánchez (El arte de volver, Diecisiete), Zoe Stein (La chica invisible, Amics per sempre), Catalina Sopelana (La estrella azul, Modelo 77), Javier Lago (De la piel del Diablo, Antidisturbios), Ángela Boix (La viajante, Diamond Flash), Patrick Martino, Álvaro Sanz Rodríguez y Vicenta N’Dongo. Tras su preestreno internacional en el Festival de Toronto 2022, la película tuvo su presentación en España en el Festival de Sitges 2022. Se ha estrenado en salas comerciales de la mano de Bteam Pictures y Aquí y Allí Films el día 9 de Diciembre de 2022.

Los monstruos están entre nosotros

Que nadie se lleve a engaños, la película no tiene nada de cine fantástico pese haberse proyectado en el Festival de Sitges y por tener a un protagonista que en la primera escena aparece diseñando personajes para un videojuego a través de unas gafas de realidad virtual. Mantícora de Carlos Vermut se aleja del terror al uso para hablarnos de monstruos y miedos reales. Sus monstruos son personas que conviven en sociedad entre nosotros, pero que mantienen un lado oscuro que ocultan a los demás. Eso los hace más temibles que cualquier otro monstruo que podamos imaginar. Y es que estamos ante la esencia básica de los demonios interiores que fueron diseccionados en la novela de Robert Louis Stevenson sobre Jekyll y Hyde, cuando persona y monstruo se confunden en un solo ser.

La nueva película del director madrileño es la obra más madura, personal e intimista que ha realizado hasta la fecha. No hay coartada en el fantástico o el surrealismo en su exposición de una realidad cotidiana que saca a relucir sin tapujos la toxicidad de una sexualidad insana. Lo mejor es acercarse a Mantícora conociendo lo menos posible del argumento para que el impacto sea mayor, por lo que sugiero que no sigas leyendo si no quieres que te desvele aspectos importantes de la trama. Julián (Nacho Sánchez) es un introvertido veinteañero que trabaja desde casa como diseñador de videojuegos y tiene una vida poco social. Un buen día salvará de morir en un incendio al niño que vive en el piso de enfrente de su rellano, al que suele escuchar cuando toca el piano, pero tras ese acto heroico se despertará en él un deseo reprimido mucho menos honorable.

La única tabla de salvación que encontrará para no ser devorado por su Mr. Hyde particular será Diana (Zoe Stein), una joven de aspecto aniñado que conocerá en la fiesta de cumpleaños de una compañera de trabajo y a la que convertirá en un sustitutivo socialmente aceptable de su verdadera pasión prohibida.

Una historia de amor atípica

La perversidad de Mantícora radica en plantear una historia de amor bajo las reglas de «chico conoce a chica», habiendo dejado claro con anterioridad al espectador cuál es la parte oculta de Julián, su secreto inconfesable, algo que envuelve ese amor juvenil con una atmósfera enrarecida que, por momentos, se vuelve muy perturbadora. La chica es alguien maleable que tiene una relación con un chico al que no ama y que dedica gran parte del tiempo a cuidar de su padre enfermo. Para que aceptemos lo que sucede en el controvertido final que tiene la película, es esencial comprender que ambos personajes son dos almas solitarias que necesitan de alguien para completarse. Si Julián busca en ella una figura que reemplace a Cristian en su pensamiento, Diana hará algo parecido después.

Vermut desnuda su narrativa de todo artificio y juega con el fuera de campo de manera magistral como, por ejemplo, en la escena en que Julián utiliza las gafas de realidad virtual y nosotros solo vemos un espacio vacío delante suyo, lo que sobrecoge aún más. Hay una reflexión constante en la película acerca de la vinculación existente entre ficción y vida, ya sea a través de los videojuegos, la pintura, el cine o la propia imaginación, es decir, entre lo que deseamos y lo que realmente hacemos, produciéndose ahí un cortocircuito de neurosis freudiana (el protagonista sufre varios ataques de ansiedad) que nos obliga a confrontar nuestra percepción ética de las cosas.

Pinturas negras para iluminar a los personajes

De ahí que las referencias que se deslizan en Mantícora sobre «Saturno devorando a su hijo» de Francisco de Goya o el premonitorio «Autorretrato» de Alfonso Ponce de León, no sean meros caprichos «culturetas» del autor y formen parte del sentir de los personajes que si analizamos con esmero pueden abrir nuevas puertas de percepción ocultas en el filme. De Julián conocemos sus secretos de antemano, pero de Diana no. Sin embargo, se nos descubren detalles intrigantes como ese juego con que se divertía de pequeña en las máquinas recreativas, el acercamiento que tiene a la nueva carne cronenbergiana a través de una cinta VHS falsa que escondía una película porno de su padre, o una litografía que hay en su casa de Gaston Casimir Saint-Pierre, un pintor francés conocido por retratar el erotismo del cuerpo femenino. Ahí lo dejo.

Que la cualidad de cuidadora se relacione con el hecho de ser mujer (lo que es un hecho cierto en nuestra sociedad actual, pese a quien le pese) también podría tener una segunda lectura a partir de esa «Diana cazadora» del cuadro que indicaría que la chica ha encontrado una nueva presa para perpetuar un rol que le sirve para ahuyentar los demonios internos con los que no sabe convivir. Respecto a todas estas referencias pictóricas citadas hay un momento maravilloso que se ha convertido es uno de mis planos favoritos de Mantícora, me refiero a la visita que hacen Julián y Diana a la sala de las Pinturas Negras del museo del Prado cuando la chica observa por primera vez el cuadro de Saturno escondiendo su rostro tras el cuerpo de él.

«Morir no es tan fácil»

Mantícora es un filme especialmente asfixiante por la milimétrica disposición de elementos cotidianos que cobran una dimensión oscura debido a los impulsos que trastornan a su protagonista. El título del filme introduce un elemento mitológico que distorsiona la realidad, algo de lo que ya hemos hablado antes, ya que la mantícora es una criatura con cabeza humana y cuerpo de león que dispara espinas venenosas para paralizar a sus víctimas. En la película, el inocente dibujo de un niño servirá para enfrentar ante un espejo a Julián como encarnación del mal, pero Vermut la usa también como metáfora que transforma lo mitológico en humano y lo luciferino en algo puramente terrenal. No hay demonios, ni bestias, ni monstruos que nos acechen en la oscuridad, tan solo un hombre incapaz de renunciar a sus más bajos instintos. Pero como se dice en un diálogo, «morir no es tan fácil».

Mantícora es un drama psicológico, a veces hermético, a veces pasional, pero siempre perturbador e incómodo, que te obliga a empatizar con el monstruo, a reconocerte en él, por eso resulta una película difícil que no todos serán capaces de asimilar. La austera puesta en escena de Vermut se sitúa en un lugar indeterminado entre Bergman y Haneke, pero la mirada de unos asombrosamente naturales Nacho Sánchez y Zoe Stein nos revela unos espacios vacíos de apetencia bressoniana donde solo encuentran cabida los parches emocionales y la eterna insatisfacción de los seres humanos.

Podríamos decir que el filme se aleja bastante de los anteriores trabajos de Carlos Vermut aunque es evidente que mantiene vasos comunicantes claramente identificables. Es una obra fría, silenciosa, que penetra sin pudor en la mente de sus personajes para obligarnos a entrar en la nuestra propia. El viaje es tan aterrador como lo son sus silencios, pero Mantícora va a convertirse, sin duda, en una de las películas españolas más importantes de este 2022.


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Mantícora

8.5

Puntuación

8.5/10

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