Crítica de ‘Un hombre de acción’: Fallida historia del anarquista Lucio Urtubia

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Un hombre de acción

Supongo que a medida que me voy haciendo mayor y, por tanto, me queda menos tiempo de vida, comienzo a considerar que mi tiempo es más valioso y me revienta perder dos horas de vida viendo malas películas, leyendo malas novelas o asistiendo a malos partidos de fútbol que terminan empate a cero. Utilizando una afortunada frase de una compañera de esta misma página, hay películas que uno desearía “desver” después de haberlas visto y que le devolvieran las dos horas de vida empleadas. En esas estoy mientras miro atónito como se deslizan los títulos de crédito de Un hombre de acción, la última cosa estrenada por Netflix con ínfulas de gran producción.

Y producción hay sin duda alguna, no puede impugnarse la película porque la dirección artística, el decorado, el vestuario o la ambientación no den la talla, el problema es que todo este atractivo envoltorio acaba por descubrir, una vez desenvuelto, un film tan escueto en méritos como fallido en intenciones. Se adivinan las pretensiones que, en algún momento, apuntan tan alto como a Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002) de la cual copian hasta los rótulos en forma de flecha con el título en el cartel. No tengo ningún ánimo destructivo, me encantaría tener algo bueno que decir pero me resulta muy difícil más allá de salvar las pasables interpretaciones de algunos buenos actores como Luis Callejo o Ana Polvorosa que aquí se limitan a estar dignos. No es poco en medio de la nada absoluta.

La vida (parcialmente ficcionada) del anarquista español Lucio Urtubia (Juan José Ballesta) sirve de pretexto para esta película que empieza a naufragar víctima del torpe guion de Patxi Amezcua preñado de todas la frases hechas y lugares comunes imaginables. Todos los eslóganes que se les ocurran a favor de la lucha obrera o contra el capital y los poderosos están presentes, el problema es que no aparecen como eslóganes sino como diálogos que el personaje dice en conversaciones comunes como si uno hablase así continuamente.

Continuos saltos temporales jalonan el metraje que nos lleva de París en 1962 al pueblo navarro de Cascante, veinte años antes, para asistir a la secuencia de la muerte del padre de Urtubia y un frustrado conato de atraco a la caja de ahorros del pueblo por parte del joven muchacho que comienza a cultivar su espíritu anarquista y su odio a los bancos.

A partir de ahí, sucesivas elipsis no siempre bien encajadas en el montaje, nos devuelven a París en diferentes momentos de la vida de Urtubia para mostrarnos como llega siendo un auténtico paleto y tras establecerse inicialmente con su hermana Saturnina (Ana Polvorosa), poco a poco, se va integrando en el grupo de anarquistas españoles que trabajan en la construcción (Luis Callejo y Josean Bengoetxea entre otros) y, en la sombra, llevan una vida clandestina con acciones de poca monta que pronto derivarán en atracos a entidades bancarias y falsificaciones de billetes y cheques de viaje. Personajes esporádicos (Miki Esparbé) o desaprovechados como el de Ana Polvorosa no consiguen sacar a la película del mediocre tono general.

La ofuscada persecución del gendarme Costello (Alexander Blazy) a Urtubia (a semejanza de la que el personaje de Tom Hanks hacía con el de DiCaprio en la citada película de Spielberg) es planteada como un hilo narrativo para dar continuidad a los inconexos saltos temporales. Añadan unos minutos de elemento romántico con la aparición de Anne (Liah O’Prey) como la pareja del prota y algunas secuencias de acción rodadas de la forma más rutinaria posible y tendrán todo lo que Un hombre de acción puede ofrecer: un armazón argumental de incuestionable atractivo potencial que se desmorona por culpa del ya citado endeble guion, de una realización llena de subrayados (ese plano repetido orinándose por la pernera del pantalón al atracar el banco…) y, fundamentalmente, de la pobrísima interpretación de un Juan José Ballesta al que el personaje le queda enorme y deja al descubierto todas sus limitaciones interpretativas.

Es probable que el problema radique en que se ha tratado de hacer un producto de entretenimiento con una idea que se prestaba más a un acercamiento más serio y atinado como el que en 2007 hicieron Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga en el documental Lucio. En cualquier caso, el resultado es flojísimo, tanto como para reclamar las dos horas de vida empleadas.

Un hombre de acción

2

Puntuación

2.0/10

4 comentarios en «Crítica de ‘Un hombre de acción’: Fallida historia del anarquista Lucio Urtubia»

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