Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘El puente de Cassandra’ (1976)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
El puente de Cassandra (1976)

El puente de Cassandra (The Cassandra Crossing) es un thriller de acción producido por Reino Unido-Italia-Alemania y que está dirigido por George Pan Cosmatos (Rambo: Acorralado – Parte II, Cobra, el brazo fuerte de la ley) con guion de Tom Mankiewicz (Lady Halcón, El hombre de la pistola de oro) sobre una historia creada por el director junto a Robert Katz (La salamandra roja, Kamikaze 1989). La historia retrata la odisea de los pasajeros de un tren que han estado expuestos a un virus mortal y del que nadie podrá bajar, siendo desviados del trayecto inicial y conducidos hacia un puente antiguo que podría no aguantar el peso y provocar el descarrilamiento. Está protagonizada por Sophia Loren, Richard Harris, Ava Gardner, Burt Lancaster, Martin Sheen, Ingrid Thulin, Lee Strasberg, O.J. Simpson, Lionel Stander y Alida Valli.

El tren de la muerte dirección al puente de Cassandra

El puente de Cassandra es un thriller de acción que sucede casi íntegramente en el interior de un tren y donde se combina la estructura del cine catastrofista, tan en boga en los años 70, con un cine de cierta conciencia política y medioambiental que alertaba sobre la peligrosidad de una pandemia vírica. No es que se profundice demasiado en el tema, pero el miedo ya no era solo a las bombas nucleares (volvería a coger fuerza en los 80) y se empezaba a hablar de otras amenazas químicas creadas en los laboratorios. Desgraciadamente, esos malos augurios tenían base científica y más de 40 años después viviríamos en nuestras propias carnes una distopía de ciencia-ficción que se colaría en nuestra realidad cotidiana con la propagación del coronavirus.

En la primera escena de la película, un grupo de pacifistas con más pinta de terroristas que otra cosa, se cuela en las dependencias secretas de la Organización Nacional de la Salud en Ginebra, provocando de manera accidental la transmisión de un contagioso virus que ha sido gestado en el laboratorio como arma de guerra. Uno de los activistas logra escapar de los miembros de seguridad y se sube a un tren donde irá contagiando la enfermedad que ha contraído, una mezcla de ébola y virus del mono, al tener contacto con los demás pasajeros de una manera imprudente que desesperará al espectador (esa es la intención).

Desde el despacho central de la organización, el Coronel Mackenzie (Burt Lancaster), desoyendo los consejos de la experta médica que le asiste, Elena Stradner (Ingrid Thulin), tomará la decisión de desviar el tren del trayecto previsto para dirigirlo a Polonia por una vía férrea en desuso que conduce a un antiguo campo de concentración nazi a través del puente de Cassandra, el cual lleva décadas sin utilizarse y es probable que no aguante el peso de los vagones. Bajo esa apariencia de querer proteger al resto de la población de una posible pandemia mortal, lo que en realidad busca es sacrificar a los mil pasajeros del tren provocando su muerte «accidental» en un lugar aislado.

Los amantes pasajeros y otros personajes relevantes

Como buena película de catástrofes, la primera mitad de El puente de Cassandra apuesta principalmente por presentarnos a los pasajeros del tren que nos irán acompañando durante el viaje. Lo hace mediante un ritmo pausado, sin perder por ello de vista el suspense creciente que va provocando el tren acercándose al puente y los pasajeros que van enfermando.

Los personajes más destacados son: el neurocirujano Jonathan Chamberlain (Richard Harris), siempre tiene que haber un médico, y su ex-esposa Jennifer Rispoli (Sophia Loren), escritora sin muchas luces para los crucigramas (hueso del brazo de seis letras… y se lo tienen que chivar…), ambos mantienen una relación de tira y afloja durante toda la película, se han divorciado dos veces, pero saltan chispas de atracción cada vez que se encuentran, así que todos sabemos desde el principio que acabarán juntos para una tercera boda; Herman Kaplan (Lee Strasberg), un anciano aficionado a los relojes y que es superviviente del Holocausto; Haley (O.J. Simpson), un agente de la interpol que se disfraza de sacerdote para perseguir a un traficante de drogas y lleva una pistola bajo la sotana (no es un chiste); el bonachón revisor del tren, Max (Lionel Stander); y, finalmente, la pareja formada por Nicole (Ava Gardner), esposa de un traficante de armas y vieja rica demandante de cariño que maltrata en público al joven gigoló que la acompaña, Robby Navarro (Martin Sheen), alpinista y heroinómano. El resto de personajes no tienen ninguna trascendencia en la trama y están de puro relleno.

El tren acelera su marcha

En la segunda mitad, El puente de Cassandra apuesta por las escenas de acción para ir incrementando la tensión dramática hasta llegar a un desenlace que sorprende por lo explícito y cruel de algunas imágenes (en algunos países fueron censuradas). Es cierto que hay situaciones que se vuelven hilarantes y que casi todo lo que acontece dentro del tren no es demasiado creíble, ni falta que hace añadiría yo. Es ficción y un tipo de cine concreto que busca el espectáculo por encima del realismo, de ahí es donde surgen las escenas de tiroteos en el interior del tren, una explosión que no lo hace descarrillar o ver al alpinista enganchado en las ventanas exteriores con el tren marchando a toda velocidad.

El director greco-italiano George Pan Cosmatos saca entonces a relucir todos los trucos que le hicieron conocido junto a Sylvester Stallone con sus personajes de Rambo y Cobra, para proporcionarnos un producto solvente de entretenimiento instantáneo que no busca profundizar demasiado en lo psicológico ni lo reflexivo, más allá de esa escena final donde se sugiere que son los poderes fácticos los que toman las decisiones por encima de las personas y que nadie de nosotros está a salvo.

El puente de Cassandra es un buen ejemplo de cine catastrofista setentero, entretenido y espectacular, con un reparto de campanillas en el que resalta la exuberancia de Sophia Loren en toda su plenitud. Nuestra querida Ava Gardner, con ya 54 años, está correcta en el papel de esa adinerada insatisfecha, pero se echa en falta una mayor evolución de su personaje, de hecho, la importancia de la actriz había perdido tanto peso para el mundo mediático que su nombre no aparecía entre los destacados en los carteles publicitarios. Si el espectador es capaz de distanciarse de lo irracional de algunas decisiones de guion, disfrutará con la acción que propone y sentirá escalofríos por esa anticipación pandémica que tan de cerca nos ha tocado vivir.


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El puente de Cassandra

7.5

Puntuación

7.5/10

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