Crítica de ‘El diablo en Ohio’: Sectas satánicas y familias en descomposición

Las críticas de Daniel Farriol:
El diablo en Ohio

El diablo en Ohio (Devil in Ohio) es una miniserie producida por Canadá y Estados Unidos que ha sido creada por Daria Polatin (Shut Eye, Tom Clancy’s Jack Ryan), adaptando su propia novela, en la que se combina drama e intriga. En la dirección de los 8 episodios participan John Fawcett (Orphan Black, Ginger Snaps), Brad Anderson (Asylum: El experimento, Transsiberian), Leslie Hope (Navidad en el pantano, Ghost Wars) y Steven A. Adelson (Skymed, Debris). La historia muestra a una misteriosa joven que ha huido de una secta adoradora del Diablo que pretendía sacrificarla y es acogida por una psiquiatra que tiene sus propios demonios del pasado, la presencia de la chica acabará poniendo patas arriba su estabilidad familiar.

Está protagonizada por Emily Deschanel (Bones, Boogeyman, la puerta del miedo), Madeleine Arthur (Color Out of Space, La posesión de Grace), Xaria Dotson (The Birch), Sam Jaeger (Take Me Home, S.W.A.T.: Under Siege), Gerardo Celasco, Alisha Newton, Naomi Tan, Tahmoh Penikett y Samantha Ferris. La serie se ha estrenado en Netflix el día 2 de Septiembre de 2022.

Del terror al drama familiar

Lo primero que hay que aclarar sobre El diablo en Ohio es que no se trata de una serie de terror. El póster, la campaña publicitaria e incluso la escena inicial parecen indicarnos que la adaptación de la novela escrita por Daria Polatin va a tener un enfoque de cine de género al tratar sobre satanismo. Además, está inspirada por hechos reales acontecidos a lo largo de la geografía estadounidense sobre el tema, pero luego escasearán las escenas donde verdaderamente se flirtea con todo esto. La serie prefiere apostar por un drama familiar con toques de intriga sobre la adaptación al mundo real de una joven que ha crecido dentro de una secta satánica y las repercusiones que implica acogerla en una familia común que irá descomponiéndose debido a su presencia en la casa.

Que se deje el terror de lado no tiene que ser necesariamente malo como podemos comprobar en los primeros capítulos dirigidos con mucho oficio por John Fawcett y Brad Anderson, el problema es cuando se deja las riendas en manos de Leslie Hope y Steven A. Adelson que no saben gestionar adecuadamente el material. La serie irá perdiendo interés con el paso de los capítulos hasta llegar a un último capítulo infumable donde los satánicos se asemejarán más a dirty kids millennials grabando un reel para instagram que a amenazadores adoradores del maligno a punto de realizar un sacrificio humano a la luz de la luna (¡esa música que pega menos que un bote de Imedio! ¡por Dios y por Satán!). Aunque me llueva una somanta de palos y más allá de sus virtudes cinematográficas, ¡cuánto daño ha hecho Midsommar (Ari Aster, 2019) al folk horror!

La familia y una más

El diablo en Ohio comienza con Mae (Madeleine Arthur) huyendo despavorida a través de unos campos de trigo hasta llegar a una carretera donde es recogida por un camionero. Estando aún en estado de shock, será llevada a un hospital cercano donde no hablará con nadie y solo se empezará a abrir ante la presencia de la Dra. Suzanne Mathis (Emily Deschanel). La incapacidad de los servicios sociales para ofrecerle cobijo seguro hará que sea la propia psiquiatra la que decida acoger temporalmente en su casa a la chica, ya que se identifica con ella al despertarse los demonios de una infancia traumática que creía haber superado y que iremos conociendo posteriormente.

La entrada de la chica en el entorno familiar de la doctora y el extraño comportamiento que destila (todo le parece nuevo como si hubiera estado viviendo en el espacio exterior, bendice la mesa con referencias demoníacas, construye un altar con objetos de los miembros de la familia…), acabará sembrando el caos en una casa que representa los valores tradicionales del medio oeste americano más cool, es decir, gente de clase media-alta de la ciudad, mientras que los sectarios de los que procede Mae estarían emparentados con el sentir de los hillbillies de la zona, es decir, los rurales que dependen de sus cosechas para sobrevivir, aunque bien es cierto que esa descripción no encajaría del todo con los buenos modales y educación que demuestra la chica en su interrelación con los demás a pesar de no haber ido nunca a una escuela.

Suzanne está casada con Peter (Sam Jaeger), abnegado padre de familia con muchos problemas económicos que oculta a su esposa en una clara demostración de masculinidad herida, y ambos son padres de tres niñas, las adolescentes Helen (Alisha Newton) y Jules (Xaria Dotson), y la pequeña adoptada Dani (Naomi Tan), que vive obsesionada por los musicales y por mostrar a los demás sus dotes para el canto. Aunque Mae es acogida con recelo, hará todo lo posible por encajar y quedarse en esa familia el máximo de tiempo posible. Su comportamiento será tan ambiguo que el espectador nunca sabrá si es una víctima o no tanto.

Carrie por partida doble

La verdad es que, además de Suzanne y Mae, el único personaje con cara y ojos que encontramos en el entorno familiar es el de Jules. El resto son personajes de soporte secundario que resultan poco interesantes o están definidos a grandes trazos, incluyendo la habitual cuota de identidad sexual respecto al de Helen. La inclusión de las niñas sirve a El diablo en Ohio para ampliar el espectro de público al que va dirigida con subtramas típicas de adolescentes de instituto con problemas de adaptación, amoríos y hasta una típica escena de baile de graduación con claras referencias a Carrie (Brian De Palma, 1976).

Respecto a esto hay un chiste anterior durante la noche de Halloween (otro tópico de las películas de género) cuando Mae y Jules se disfrazan ambas de la chica ensangrentada y dicen que una será la antigua y la otra la nueva, en referencia al remake. Si nos pusiéramos exquisitos este comentario es absurdo que lo haga Mae ya que se supone que en la secta no ha tenido acceso a ver películas, si bien es algo que se lo podría haber contado con anterioridad Jules al ser la peli que ella ve cada año junto a su amigo Isaac (Jason Sakaki). Mejor no analizaremos en profundidad el guion de El diablo en Ohio en detalles como este…

Jules, interpretada de forma estupenda por Xaria Dotson, es al principio el personaje que hace funcionar la alternanza narrativa de la serie entre el mundo esotérico y el adolescente. Se trata de una chica inadaptada que es rechazada en el entorno estudiantil incluso por su hermana mayor y que encuentra en Mae la amiga íntima que siempre quiso tener. Su pasión es la fotografía y publicar un trabajo en la revista del colegio. Es una pena que este personaje con el que se empatiza fácilmente se vaya comportando cada vez de manera más boba en los últimos capítulos. El otro eje narrativo familiar es la relación materno-filial que se entabla entre Suzanne y Mae, provocando los celos de sus hijas y también del torpe marido que no comprenden el vínculo real que les une, ya que el querer cuidarla y salvarla de la secta es una forma de salvarse a sí misma del trauma que aún arrastra por los maltratos de su padre con el consentimiento implícito de la madre.

Ritos y símbolos

Más allá de las tramas familiares tenemos la investigación policial llevada a cabo por el Detective Alex Lopez (Gerardo Celasco) que será quien vaya desentrañando todo lo relacionado con el culto satánico y donde debería haberse puesto mayor énfasis para crear las escenas perturbadoras y terroríficas que todos esperábamos encontrar. El diablo en Ohio crea una mitología ficticia alrededor del culto de Amontown «Sliocht an Diabhail» que fue fundado por Caleb Dodd, un inmigrante irlandés (por eso utilizan el gaélico en los ritos), que tras diversas penurias, desgracias, hambrunas y pérdidas de cosechas, decidió renunciar a Dios como el «Drácula» de Bram Stoker para venerar al Diablo y convertirlo en un «otorgador de deseos» a cambio de sacrificios humanos.

Tanto el emplazamiento como el culto son ficticios, pero la escritora y showrunner de la serie Daria Polatin ha manifestado que realizó un trabajo de investigación para inspirarse en diversos cultos reales del medio oeste americano para poder integrar la simbología necesaria que lo hiciera más creíble, el cuervo de mal augurio, la cruz invertida, el pentagrama, el altar de ofrendas, la danza de la cosecha, las rosas blancas, el patíbulo de fuego para el sacrificio que es bastante menos imaginativo que El hombre de mimbre (Robin Hardy, 1973)… En general, son cosas poco novedosas y ya vistas en otras películas o series más enfocadas al terror de lo satánico.

Y es que, por desgracia, aquí las escenas gráficas del culto son más videocliperas que terroríficas. Las canciones folk que tararean o suenan de fondo son propias de excursionistas cumbayá junto a una hoguera en lugar de satanistas que están quemando a personas vivas. Alguien debería haberle puesto al director del último episodio de El diablo en Ohio la banda sonora de Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999) o incluso la de Indiana Jones y el templo maldito (Steven Spielberg, 1984) para que entendiera cuál es el clima sonoro que debe tener un rito para crear una atmósfera atrayente que de miedo.

Más de Ohio que de Diablo

En definitiva, El diablo en Ohio es una serie de planteamiento interesante que funciona mejor como drama familiar que como thriller o terror. Tras unos cuatro primeros capítulos, un poco al estilo de Mike Flanagan, donde se equilibra bastante bien la descripción de personajes y ambientes con el aspecto sobrenatural que de manera intrigante subyace tras la historia, poco a poco, nuestras expectativas se irán diluyendo en los capítulos posteriores hasta llegar a un final con escenas que resultan bochornosas de lo mal ejecutadas que están.

Aún así, pese a la sensación de decepción que deja el visionado, la serie es recomendable si la comparamos con la media de estrenos que llegan a nuestras plataformas y puede ser un buen entretenimiento si no buscas algo demasiado aterrador y te van las historias de familias en proceso de descomposición debido a traumas del pasado. El acabado técnico que tiene es bueno y destacan las interpretaciones del trío de féminas protagonistas formado por Emily Deschanel, Madeleine ArthurXaria Dotson. Eso sí, te advierto que hay más de Ohio que de Diablo.

 

Listado de episodios de ‘El diablo en Ohio’

La miniserie canadiense El diablo en Ohio (Devil in Ohio) está compuesta de 8 episodios de entre 40 y 49 minutos cada uno.

Episodio 1 – Una huida interrumpida

Cuando una joven con una herida extraña aparece en el condado de Amon y es llevada al hospital de una localidad cercana, la Dra. Suzanne Mathis se encarga de cuidarla.

Episodio 2 – El refugio

Mae se adapta a la vida con la familia Mathis mientras Suzanne trata de encontrarle una casa de acogida. El inspector Alex López hace un descubrimiento inquietante.

Episodio 3 – La protectora de la madre

Tras inscribirse en el instituto de Jules, Mae atrae la atención del editor del periódico. Suzanne intenta hablar con los padres de Mae. Peter le pide ayuda a una amiga.

Episodio 4 – Confianza

Alex trata de encontrar respuestas sobre Amontown y Suzanne habla con una experta. Una foto de Mae causa un gran revuelo en el instituto, con consecuencias inesperadas.

Episodio 5 – Llamas

Suzanne logra comprender mejor lo vivido por Mae en Amontown. La noche de Halloween no sale como estaba previsto para Jules, que pone en duda las intenciones de Mae.

Episodio 6 – Mi amor y yo

Alex llega a una conclusión reveladora después del incendio. Suzanne hace frente a unos recuerdos dolorosos. Una asustada Mae trata de impedir que Jules tenga una cita.

Episodio 7 – Vínculo de sangre

La noche del baile de la Cosecha trae consigo una luna llena y caos mientras Suzanne se desespera tratando de proteger a Mae. Alex entiende el poderoso influjo del culto.

Episodio 8 – El amanecer

Suzanne sigue a Mae hasta Amontown, en donde la familia Dodd y sus adeptos preparan un ritual mortal. Los Mathis se proponen empezar de nuevo.


¿Qué te ha parecido la serie?

El diablo en Ohio

6.9

Puntuación

6.9/10

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