70 SSIFF. Retrospectiva – Claude Sautet. Crítica de ‘Una vida de mujer (Une histoire simple)‘ (1978)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 70 Festival de San Sebastián:
Una vida de mujer

Tras la ausencia de Romy Schneider en Tres mujeres, sus amigos y… los otros y su brevísimo papel en Mado, Claude Sautet cumplió la promesa hecha años antes a su musa, actriz fetiche y amiga personal de escribirle un personaje protagonista femenino que le permitiera explotar todo su talento interpretativo además de gozar del lucimiento de una película concebida en torno a ella. Para cumplir su promesa, que sirvió además como regalo de Sautet a Schneider por su cuarenta cumpleaños, escribió junto a su coguionista habitual Jean-Loup Dabadie una historia simple (así es su título original) que es España se estrenó como Una vida de mujer.

Marie (Romy Schneider) tiene 39 años, trabaja como diseñadora, está divorciada de Georges (Bruno Cremer), es madre de un adolescente y mantiene una relación poco satisfactoria con Serge (Claude Brasseur) de quien acaba de quedarse embarazada. Puesta en la encrucijada de un embarazo no deseado de una relación que no le hace feliz, Marie decide abortar y romper con Serge como modo de reafirmarse como mujer y emprender un camino hacia adelante que no tiene porqué significar una huida de ningún sitio.

Una vida de mujer es, sin duda alguna, una película hija de su tiempo, filmada en la Francia de 1978, tres años después de la despenalización del aborto y en un momento en que las mujeres se reafirmaban decidiendo el modo en el que querían vivir sin tener porqué depender de un hombre o someterse a relaciones tóxicas por el simple hecho de no estar solas. Sin embargo, Sautet no filma un panfleto ideológico ni un manifiesto feminista, tras su intenso comienzo con la secuencia del aborto, el film se atempera y se centra en las relaciones personales de Marie y sus amistades y en los problemas laborales, otro de los temas de los que, sin ocupar nunca el núcleo argumental, estuvo presente en muchas de sus películas.

Sautet emplea algunos de sus recursos de estilo habituales, en una de las primeras secuencias, la voz en off nos sirve para conocer la carta de despedida que Marie ha escrito a Serge (algo muy similar a lo que ocurría en Las cosas de la vida), minutos después veremos como esa carta inconclusa es entregada en mano a su destinatario,  “Desde hace tiempo es justamente cuando estamos juntos cuando más te echo de menos”, le dice en un alarde de sinceridad no desprovisto de cierta ternura. También están presentes sus habituales personajes fumadores empedernidos, sus secuencias en el interior de coches o las conversaciones filmadas con asombroso naturalismo en lugares públicos como bares, restaurantes o el exterior de una calle.

Cada línea del guion parece estar escrita sobre el rostro de Romy Schneider, sus miradas y sus silencios dicen más de lo que podría decirse con largos monólogos o conversaciones verborreicas. Sin embargo, aunque parezca contradictorio, no puede reducirse Una vida de mujer a un mero vehículo para el lucimiento de Schneider, conforme avanza el metraje, la película va poco a poco adquiriendo un carácter coral en el que otros personajes, algunos solo abocetados en el guion, adquieren cierto protagonismo. Particular importancia cobrará el personaje de Jerome (Roger Pigaut), víctima de la crudeza del mercado laboral, que aglutinará a su alrededor a un grupo de amigos similar al que veíamos en Ella, yo y el otro o en Tres amigos, sus mujeres y… los otros. Claude Brasseur, por su parte, encarna a un Serge egoísta, continuamente preocupado de sí mismo, mentiroso y con conatos de agresividad que hará de contrapunto con el más reflexivo y sensato ex marido, personaje al que Bruno Cremer dota de un cinismo muy matizado.

Como en (casi) todo el cine de Sautet, el elemento romántico impregna el relato y tras todos los temas nucleares: el aborto, el divorcio, la liberación de la mujer, la explotación laboral, el desempleo, el suicidio o la afirmación de la libertad individual, lo que late es una historia de amor y desamor, de encuentro y desencuentro entre una mujer, los dos hombres de su vida y sus decisiones vitales.

Una vida de mujer fue un importante éxito de taquilla en Francia donde además recibió once nominaciones a los César en prácticamente todas las categorías importantes. Finalmente solo obtendría uno, el de mejor actriz protagonista con el que Romy Schneider sumó su segundo César tras el conseguido dos años antes con Lo importante es amar (Andrzej Zulawski, 1976). Una vida de mujer fue también nominada al Óscar a la mejor película en habla no inglesa que aquel año obtuvo El tambor de hojalata (Volker Schlöndroff, 1979).


Una vida de mujer podrá verse durante el 70 Festival de San Sebastián en dos pases:

  • Domingo 18 a las 19:15 en la Sala Príncipe 6
  • Jueves 22 a las 22:00 en la Sala Príncipe 6

Una vida de mujer

7.5

Puntuación

7.5/10

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