70 SSIFF. Retrospectiva – Claude Sautet. Crítica de ‘Mado‘ (1976)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 70 Festival de San Sebastián:
Mado

El octavo largometraje de Claude Sautet, Mado (1976), mantiene varios puntos de unión con sus cuatro películas anteriores en lo que se refiere a la concepción estética general y al estilo de filmación y producción, pero, al mismo tiempo, se aparta de los films precedentes en un tono menos luminoso y lúdico y en una menor carga romántica (el amor sigue presente, claro, pero sin ocupar el centro del argumento, la película trata de otra cosa). El propio Sautet reconocerá “Mado es sin duda mi película más oscura”.

Las desavenencias entre sus coguionistas habituales Claude Néron y Jean-Loup Dabbadie, llevó a Sautet a prescindir de este último para la escritura de Mado y esta apunta a ser la explicación más plausible a que el guion se desvíe a temas más siniestros que conducen la trama argumental por el camino de la reflexión sobre el asiento de la ética y la moral.

Este tono más oscuro se explicita, en primer lugar, de forma literal: la fotografía de Jean Boffety adquiere tonalidades mucho más tenebristas que incluso le llevan en ocasiones a recortar el encuadre a primeros planos de los actores sobre un fondo totalmente negro. Aunque Sautet filma más que nunca en interiores, en Mado hay, como en todas las películas de Sautet, secuencias en exteriores y otras rodadas en coches que ya se constituyen en marca de la casa.

Pero, en segundo lugar, como hemos anticipado unas líneas más arriba, también podemos hablar de tono oscuro para referirnos al argumento: Simon Léotard (Michel Piccoli) es un promotor inmobiliario, hombre solitario e introvertido, que prefiere la compañía de Mado (Ottavia Piccolo), una joven que se prostituye sin aparente conflicto moral, que formalizar una relación con Hélène (Romy Schneider en una brevísima pero muy intensa aparición). Cuando el contable de la empresa causa baja y a Simon le retiran el permiso de conducción, contrata a Pierre (Jacques Dutronc) para que simultanee las funciones de contable y de chófer. La situación económica de la empresa se hace cada vez más grave hasta que el suicidio de uno de los socios revela la realidad de bancarrota. A partir de aquí se destapa una situación de corrupción inmobiliaria que implica a un peligroso mafioso llamado Lépidon (Julien Guiomar), funcionarios del ayuntamiento e intermediarios poco recomendables que practican el tráfico de influencias, la falsificación de documentos y las recalificaciones de terrenos rústicos a residenciales que hacen que multipliquen por veinte su valor.

Sautet realiza una película a caballo entre el drama social y el suspense, para ello filma suicidios, traiciones, sobornos, ajustes de cuentas, asesinatos y hasta una memorable secuencia con tres coches encallados en un barrizal durante una noche de tormenta que acaba cubriendo de barro el rostro de Piccoli pocas horas después de que él mismo haya enterrado en el barro su honestidad.

En cuanto a Mado, la joven prostituta a tiempo parcial que da título al film, uno tiene la dolorosa sensación de que el personaje se diluyó en el tintero en algún momento de la escritura del guion y se quedó a medias. Su protagonismo durante el primer tercio del film, incluido algún desnudo muy propio de la época (es decir, injustificado por la trama y cuya única intención parece la de desnudar a la actriz) se va atenuando a medida que la trama se hace más densa y, finalmente, su papel será más instrumental para resolver el argumento que sustancial en lo psicológico, lo romántico o lo moral. Es una lástima porque el personaje daba para mucho más, lo que no está tan claro es que Ottavia Piccolo tuviera la suficiente entidad como actriz para llevar al personaje a límites más altos.

Sólido como siempre, aunque menos rotundo que en Max y los chatarreros o Las cosas de la vida, Michel Piccoli ejerce el verdadero protagonismo del film por mucho que los carteles internacionales se empeñasen en promocionar la película con los nombres de Piccoli y Romy Schneider en lo alto del cartel a pesar de la escueta presencia de la musa de Claude Sautet.

Mado es, en conclusión, un film ambicioso en lo argumental y sumamente entretenido gracias, entre otras cosas, al talento de Sautet para conducir la narración con fluidez sin perderse en vericuetos argumentales y a su minuciosa concisión filmando, definiendo los personajes a través de gestos, miradas y silencios más que mediante planos accesorios o largos parlamentos. Aún así, años después de su estreno, Sautet modificó el montaje de Mado reduciendo trece minutos del metraje que se estrenó en 1976.


Mado podrá verse durante el 70 Festival de San Sebastián en dos pases:

  • Domingo 18 a las 16:00 en la Sala Príncipe 6
  • Jueves 22 a las 18:45 en la Sala Príncipe 6

7

Puntuación

7.0/10

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