70 SSIFF. Retrospectiva – Claude Sautet. Crítica de ‘Ella, yo y el otro (César et Rosalie)‘ (1972)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 70 Festival de San Sebastián:
Ella, yo y el otro

En 1972, Claude Sautet filmó su sexto largometraje, César et Rosalie, que en España se tituló Ella, yo y el otro. Aunque se trate de un título mucho menos poético, hay que reconocer que resulta más ilustrativo de la trama: el film es la historia de César (Yves Montand), Rosalie (Romy Schneider) y “un otro” que es David (Sami Frey), el primer amor de Rosalie que desapareció de su vida y cinco años después, tras un largo viaje, reaparece para encontrársela divorciada de Antoine, con una hija pequeña y viviendo una nueva relación con César, un hombre maduro perdidamente enamorado de ella.

Sautet conduce el film con un admirable sentido de la narración, desde la secuencia inicial en la que muestra el regreso de David a Francia y su primera parada en la casa de Antoine, el relato avanza por la senda de una comedia romántica a la francesa, es decir, no importa tanto la exaltación de los sentimientos como la cuidada afinación de los mismos en el discurso de la película. Todos los personajes están perfectamente presentados con los primeros esbozos del guion y a medida que transcurre el metraje el boceto se va completando trazo a trazo hasta convertir una historia inicialmente inverosímil en una película deliciosa y emotiva.

Además del impecable guion, el resultado es fruto de las memorables interpretaciones de una encantadora Romy Schneider dando vida a una mujer luminosa e incapaz de odiar, un pletórico Yves Montand consiguiendo hacer entrañable y querible a un tipo que tiene todas las cartas para resultar odioso y un Sami Frey con la difícil papeleta de salir airoso de compartir protagonismo con una pareja carismática de auténticas estrellas del cine.

César es un hombre sanguíneo, extrovertido, carismático, encantador, impulsivamente violento y orgulloso de sí mismo cuya presencia de ánimo se derrumba en cuanto siente el más mínimo peligro de perder a Rosalie. Yves Montand recrea el personaje mostrando todos los estados anímicos con un primoroso dominio de la gestualidad facial, pocas veces hemos visto aflorar los celos en el rostro de un hombre de una manera más manifiesta. David, al contrario, es un hombre flemático, reflexivo, enamorado de Rosalie de un modo más sereno. Cuando ambos se sienten condenados a entenderse, la película se convierte en un derroche de humanidad a prueba de corazones de piedra. No estamos ante el clásico triángulo amoroso explotado hasta la extenuación por la literatura y el cine, no, la relación que se establece entre los tres personajes va mucho más allá del deseo o la pasión.

Romy Schneider, en su tercera película consecutiva para Claude Sautet, recrea con hondura a una mujer generosa, comprensiva y capaz de perdonar todo pero, al mismo tiempo, libre para tomar sus propias decisiones y no aceptar la sumisión que se le supone. Los vaivenes emocionales de César y Rosalie y las consecuencias que estos tienen sobre la vida de David ocupan el núcleo central de la película. El tramo final, cuyo argumento no conviene contar, es de una ejecución magistral. Sautet dirige con mano maestra, valiéndose de una voz en off (de Michel Piccoli, su actor de cabecera ausente en este film) para narrar lo que ha ocurrido durante una elipsis. La última secuencia es una lección magistral de concisión y elegancia filmando con la que Sautet demuestra una vez más su talento para los finales.

En Ella, yo y el otro vuelven a concurrir la banda sonora de Philippe Sarde (compositor de todas las películas de Sautet hasta el final de su carrera) con una partitura de sutil belleza, que puntúa musicalmente la evolución emocional de los personajes sin subrayados ni énfasis efectistas y la dirección de fotografía de Jean Boffety, luminosa, colorista y poniendo siempre a los personajes por encima de los contextos.Con este sexto largometraje, Sautet asienta algunos de sus rasgos de estilo y deja la impronta de sus recursos cinematográficos favoritos: su predilección por las secuencias filmadas en el interior de los coches con planos exteriores de conducción temeraria, sus personajes continuamente fumando un cigarrillo tras otro (o puros en el caso de Montand) o la elegante manera con la que hace patente las ausencias de los personajes. Excepcional película esta César et Rosalie que asentó la posición de su director como uno de los grandes maestros del drama romántico.


Ella, yo y el otro podrá verse durante el 70 Festival de San Sebastián en dos pases:

  • Sábado 17 a las 18:00 en la Sala Príncipe 6
  • Miércoles 21 a las 19:00 en la Sala Príncipe 6

Ella, yo y el otro

9.5

Puntuación

9.5/10

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