Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘Una vida por otra’ (1953)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
Una vida por otra (1953)

Una vida por otra (Ride Vaquero!) es un wéstern estadounidense dirigido por John Farrow (Mil ojos tiene la noche, El desfiladero del cobre) con guion de Frank Fenton (Río sin retorno, Escrito bajo el sol). La historia nos sitúa al sur del estado de Texas donde impera la ley del más fuerte. King Cameron y su mujer Cordelia llegan para establecerse y dedicarse a la cría de ganado, pero el cabecilla de una banda de forajidos, José Esqueda, y su lugarteniente Río, no les pondrán las cosas fáciles. Está protagonizada por Robert Taylor, Ava Gardner, Howard Keel, Anthony Quinn, Kurt Kasznar, Ted de Corsia y Jack Elam.

Un wéstern a reivindicar con un inteligente guion repleto de dobles sentidos

No es Una vida por otra un wéstern que haya pasado a la historia del cine ni que sea especialmente recordado cuando se cita al género, sin embargo, posee suficientes méritos artísticos y argumentales por los que debería ser reconocido en la actualidad. La trama nos sitúa en un pueblo del sur de Texas, fronterizo con México, en una época complicada donde aún se dirimían viejas rencillas territoriales entre americanos y mexicanos. Hasta allí llegan King Cameron (Howard Keel) y su mujer Cordelia (Ava Gardner) para establecerse, construir una cabaña, trabajar las tierras y dedicarse a la cría de ganado. Enseguida descubrirán que el sheriff y la ley están bajo la sombra de quién de verdad gobierna el lugar, un forajido mexicano de carácter impredecible llamado José Esqueda (Anthony Quinn), al que siempre acompaña su misterioso lugarteniente Río (Robert Taylor).

Esqueda no quiere que ningún «extranjero» se instale en las que considera sus tierras, así que manda a sus esbirros a quemar la cabaña construida y el ganado perteneciente a los recién llegados como una seria advertencia de que no son bienvenidos. Lo que no espera el bandido es toparse con un hombre tan cabezota como él que decide volver a construir la casa y seguir con sus planes de negocio. El inteligente guion de Frank Fenton nos muestra en la primera escena a Esqueda con un terrible dolor de muelas, es una forma de anticipar la presencia de King Cameron y en qué se convertirá para él. Todo el texto está plagado de ese tipo de dobles sentidos que enriquecen la historia para otorgarles una profundidad inaudita a los tropos habituales del género.

Relaciones con trasfondo oculto

Tanto los primeros 40 minutos como la presentación de personajes en Una vida por otra son ejemplares. El director John Farrow sabe impregnar la narrativa con un sello particular donde utiliza con pericia la profundidad de campo y algunos encuadres de gran fuerza expresiva en la composición de planos picados o contrapicados que ofrecen una increíble semiótica interna. Es un wéstern de estética sorprendentemente moderna que destaca, en especial, por el trasfondo oculto que contienen todas las relaciones planteadas entre los diversos personajes.

Por ejemplo, la más convencional, la del triángulo sentimental que se entabla entre Cameron, Cordelia y Río, tiene una escena poco común donde la mujer casada se lanza a besar al pistolero que la rechaza con una sonora bofetada. Esa «infidelidad» no motivará ningún castigo moralista contra la esposa como solía suceder en aquella época, el asunto queda zanjado con una frase que puede pasar desapercibida en la que Cam le dice a Cordelia tras el tiroteo final «I can forgive anything you can forget» («Puedo perdonar cualquier cosa que puedas olvidar»). No hace falta nada más, ni siquiera mostrar que el hombre se había enterado del desliz de su mujer. Por su parte, Río, pese a rechazar ese amor que considera prohibido se redime de todos sus pecados sacrificando su vida para salvar la vida de la mujer, de ahí el título español mucho más explícito que el original.

La homosexualidad de Esqueda

Pero la relación que marca verdaderamente Una vida por otra es la indefinición en la que se mueven de forma constante el bandido José Esqueda y el imperturbable Río. Se nos cuenta que esa amistad sin fisuras que les ha llevado a cabalgar juntos cometiendo diversas fechorías se fomentó al haberse criado como hermanastros, ya que Río fue adoptado como un hijo más por la madre mexicana de Esqueda. Sin embargo, resulta evidente que tras las poses varoniles del forajido, un hombre sucio, estridente y déspota, se oculta en realidad una pulsión homosexual hacia su lugarteniente, ese hombre silente, oscuro e impenetrable.

La película se realizó en 1953, no hubiera superado la censura el mostrarlo de manera tan explícita como en Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) o El poder del perro (Jane Campion, 2021), por eso resulta aún más gratificante encontrarse ahora con el atrevimiento y sutileza con el que se dan pistas a través de la interpretación corporal de Anthony Quinn, por ejemplo, ese momento en el que se siente rechazado por su fiel amigo y se hace un ovillo para llorar/lamentarse acurrucado en el rincón de la habitación. Toda esa tensión emocional no resuelta nos lleva hacia la confrontación final, un trágico broche para concluir con una relación imposible de la única manera que sabían comunicarse los vaqueros, con el zumbido de las balas.

Los compañeros de Ava

Dentro de ese contexto el personaje de Ava Gardner, Cordelia, tiene un rol más secundario sin ser meramente decorativo. Es una mujer valiente y adelantada a su tiempo que intenta poner cordura en mitad de la lucha de egos masculinos, de ahí la secuencia en que va a ver a Esqueda a su refugio sin demasiado éxito, pero desconcertando por completo al bandido que le espeta: «Lo entiendo, señora. Le gusta ser insolente. Se esconde detrás de su desprecio como algunas mujeres lo hacen detrás de su belleza. A él, lo entiendo. A usted, no le entiendo.». La riqueza de algunos diálogos está por encima de muchos otros wésterns.

En Una vida por otra la actriz volvía a coincidir en pantalla con el barítono Howard Keel tras el musical Magnolia (Show Boat) (George Sidney, 1951) y con Robert Taylor (horroroso e inexpresivo) tras el exótico noir Soborno (Robert Z. Leonard, 1959) y que poco después compartirían aventuras medievales en Los caballeros del Rey Arturo (Richard Thorpe, 1953). El personaje más curioso es el fraile Antonio (Kurt Kasznar), un religioso de armas tomar que no duda en coger el rifle para defender sus ideas, un alivio a veces cómico que también sirve para la confesión final de Río. Eso sí, es justo reconocer que quien de verdad destaca en esta película es un soberbio Anthony Quinn que roba a sus compañeros todas las escenas en las que aparece.

Una vida por otra no será reconocida como un momento cumbre en la carrera de Ava Gardner y ha quedado olvidada en el imaginario colectivo del wéstern clásico, así que desde aquí la reivindicamos como una obra a tener en cuenta. Además de todo lo expuesto con anterioridad, el filme habla con perspicacia sobre el miedo al progreso. Esqueda quiere acabar con todo aquel que traiga la civilización y prosperidad a sus tierras porque entonces le resultaría más complicado gobernar a sus gentes. La verdad es que viéndolo en perspectiva el mundo no ha cambiado tanto desde entonces.


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Una vida por otra

7.2

Puntuación

7.2/10

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