Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘Las nieves del Kilimanjaro’ (1952)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
Las nieves del Kilimanjaro (1952)

Las nieves del Kilimanjaro (The Snows of Kilimanjaro) es un drama de aventuras estadounidense dirigido por Henry King (La canción de Bernadette, Esta tierra es mía). El guion corre a cargo de Casey Robinson (Mientras Nueva York duerme, Sinuhé, el egipcio), adaptando la novela homónima de Ernest Hemingway. La historia nos muestra al escritor Harry Street que se encuentra moribundo en África tras sufrir una herida en una pierna que amenaza gangrena. Mientras espera a ser rescatado junto a su esposa, rememora cuáles fueron los episodios más importantes de su vida, en especial, un amor que nunca ha podido olvidar. Está protagonizada por Gregory Peck, Ava Gardner, Susan Hayward, Hildegard Knef, Leo G. Carroll, Torin Thatcher y Marcel Dalio.

Dos escritores que acaban siendo uno

Durante los años 40 y 50 estuvieron de moda en Hollywood conocidos «dramas selváticos» como La Reina de África (John Huston, 1951) que proponían una combinación de aventura, romance y drama. Eran películas ambientadas en vistosos entornos exóticos que transportaban a los espectadores a mundos tan desconocidos como llenos de peligros y, en ocasiones, obligaba a los estudios a exportar los rodajes a localizaciones que se hallaban fuera de los Estados Unidos. Sumándose a esa taquillera moda se enmarca Las nieves del Kilimanjaro, un extraño drama romántico que adaptaba libremente un relato corto de Ernest Hemingway, el cuál no quedó demasiado satisfecho con el resultado.

La historia nos lleva hasta Tanzania, en la falda del Kilimanjaro, la montaña más alta de África. Allí yace moribundo el escritor Harry Street (Gregory Peck) que ha sufrido un accidente de caza que lo mantiene inmovilizado esperando junto a su mujer Helen (Susan Hayward) un rescate que podría no llegar a tiempo antes de que la gangrena se extienda por su pierna herida. Mientras pasan las horas y la fiebre va en aumento, el escritor rememora su vida entre delirios recordando al que fue su gran amor, Cynthia Green (Ava Gardner).

Aunque en el guion escrito por Casey Robinson la situación de partida es la misma que encontramos en la novela de Hemingway, se introducen cambios tan significativos como un final feliz alternativo que trastoca el sentido del relato, metiendo luego con calzador otros pasajes que se toman directamente de la vida del escritor como eran su pasión por España, los toros o, incluso, su implicación en la lucha armada durante la Guerra Civil. Es decir, el personaje protagonista acaba siendo un remedo entre Harry Street y el propio Hemingway. También hay otras referencias literarias menores a F. S. Fitzgerald o Michael Arlen y, en especial, al sentir de la Generación Perdida en plena desorientación vital.

El cigarrillo de Peck y Gardner

Street es un personaje cínico y antipático que trata a las mujeres con desdén, resulta complicado empatizar con su dolor y con el arrepentimiento a regañadientes sobre una vida desperdiciada cuando se encuentra en su aparente lecho de muerte. La película está narrada en base a varios flashbacks (con un uso discutible del punto de vista) en los que vemos los distintos escarceos amorosos del escritor en una vida llena de éxitos y lujo, pero en la que siente haber prostituido su verdadero talento escribiendo novelas de poca calidad. Ese es otro cambio respecto al relato de Hemingway, en el texto es un escritor fracasado que no ha alcanzado el éxito. Cada fragmento (con cada mujer) parecen ser historias independientes que no encajan demasiado bien unas con otras, siendo especialmente desechable el fragmento en que aparece el odioso personaje de la Condesa Liz (Hildegard Knef).

La secuencia cumbre de Las nieves del Kilimanjaro es, sin duda, aquella en la que Harry Street conoce a Cynthia Green. Primero se enamora de su risa al verla bailar y, posteriormente, conversan en el rincón de un club de jazz donde se produce el momento mágico y erótico en que se encienden un cigarrillo compartiendo una sola llama, una forma de anticipar el apasionado beso que llegará después. La química existente ahí entre Gregory Peck y Ava Gardner es evidente, es un instante que por sí solo justifica la aureola mítica que tiene la película. Ambos intérpretes ya habían coincidido en El gran pecador (Robert Siodmak, 1949) y volverían a hacerlo tiempo después en La hora final (Stanley Kramer, 1959).

En esta ocasión, el personaje de Ava es bastante errático. En uno de los diálogos se nos presenta como una mujer independiente que dice no pertenecer a ningún hombre sino solo a sí misma, pero tras enamorarse hasta las trancas del escritor se convierte en una abnegada ama de casa de personalidad anulada que sigue a su pareja a todos lados y toma decisiones drásticas para mantener su maltrecha relación a flote pese a ser terriblemente infeliz. No resultan creíbles los tumbos emocionales que da el personaje ni tampoco que años más tarde termine enrolada en el bando republicano en la Guerra Civil para justificar un dramático reencuentro en pleno campo de batalla con el escritor.

El leopardo y la hiena

La aventura selvática de Las nieves del Kilimanjaro estuvo rodada en estudio por Henry King, con la colaboración no acreditada de Roy Ward Baker que se encargó de la unidad de exteriores, utilizándose también imágenes de material de archivo. El montaje no consigue encajar todo eso en una narrativa uniforme para hacer creíbles las escenas de acción en las que presuntamente los actores se encuentran en mitad de la selva rodeados de animales salvajes. Para el papel de Harry Street fueron considerados, entre otros, Humphrey Bogart y Marlon Brando, mientras que para el de Cynthia Green lo fueron Gene Tierney y Anne Francis. Finalmente, el rostro atormentado de Peck y la belleza superlativa de Gardner fueron los escogidos y son verdaderamente los que salvan la película del olvido, junto a la maravillosa banda sonora compuesta por Bernard Herrmann.

Hemingway, al que por aquel entonces ya unía una buena amistad con Ava Gardner, declaró con bastante sorna que lo único que le había gustado de esta adaptación era el trabajo realizado por la actriz y la aparición de la hiena (su risa es terrorífica). El mundo animal se utiliza de manera metafórica en distintas ocasiones. Tanto la hiena como los cuervos están al acecho de la muerte del escritor mientras se encuentra pudriéndose por la gangrena, pero el detalle más importante en la película es el referente al leopardo. Según la leyenda que abre los títulos de crédito del film y un acertijo posterior que intenta resolver el protagonista, en la cima del Kilimanjaro se halló el esqueleto congelado de un leopardo. Nadie sabe cómo llegó hasta allí y qué era lo que quería encontrar tan lejos de su hábitat natural.

En realidad, el leopardo simboliza la personalidad del propio Harry Street en su constante búsqueda del peligro y la aventura en lugares recónditos sin advertir que el sentido de la vida y la verdadera felicidad estaban en los brazos de Cynthia. Un curioso detalle de la puesta en escena es contemplar en un escaparate de París a un leopardo disecado que es como cree sentirse en ese instante el personaje. Es una lástima que Henry King no sea capaz de añadir más detalles como ese para elevar un drama plomizo cuyo conservador discurso da demasiados tumbos. Las nieves del Kilimanjaro es un drama romántico bastante irregular que equipara la caza en la selva o la búsqueda del Santo Grial con hallar el amor verdadero.


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Las nieves del Kilimanjaro

6.8

Puntuación

6.8/10

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