Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘Odio y orgullo’ (1951)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
Odio y orgullo (1951)

Odio y orgullo (My Forbidden Past) es un melodrama estadounidense dirigido por Robert Stevenson (La isla del fin del mundo, Herbie, un volante loco). El guion corre a cargo de Marion Parsonnet (Gilda, Las modelos) en base a una adaptación efectuada por Leopold Atlas (También somos seres humanos, Justa venganza) de la novela de «Carriage Entrance» de Polan Banks (La gran mentira, La mujer acusada). La historia sigue a Barbara Beaurevel, una joven belleza de buena familia que, tras heredar una gran fortuna, decide vengarse de Mark Lucas, un médico de investigación del que está enamorada pero que ya está comprometido con otra mujer. Está protagonizada por Robert Mitchum, Ava Gardner, Melvyn Douglas, Lucile Watson, Janis Carter, Gordon Oliver, Basil Ruysdael y Clarence Muse.

La boyante y clasista Nueva Orleans del Siglo XIX

Odio y orgullo es un poco recordado melodrama que tampoco triunfó en su momento en taquilla al causar pérdidas a RKO por valor de unos 700.000 dólares. La acción nos sitúa en la Nueva Orleans del Siglo XIX, cuando la ciudad se había convertido en una de las más ricas y pobladas de los Estados Unidos gracias a la importancia estratégica de su puerto. Fue un enclave significativo en el comercio de esclavos, siendo igualmente uno de los lugares con mayor número de afroamericanos que vivían en libertad. Esa curiosa contradicción no es el tema principal de la película, pero es algo que subyace tras la caracterización de los personajes y, también, en el dibujo cultural de las calles de la ciudad.

La protagonista es Barbara Beaurevel (Ava Gardner), una joven que pertenece a una familia de clase alta que, sin embargo, parece no estar pasando por su mejor etapa económica (nunca sabremos exactamente a qué se dedican o de qué viven). Es por eso que tanto su tía como su primo, con los que convive, desean imperiosamente que se case con alguien de buena familia para mantener intacto su estatus social. La chica tiene otros planes y ha reservado su corazón para el Doctor Mark Lucas (Robert Mitchum) con el que mantiene un romance en secreto y pretende casarse. Un día esa relación se truncará de forma inesperada al tener él que marcharse al extranjero por temas laborales, sin que ella pueda acompañarle. Cuando meses después regrese a la ciudad las cosas habrán cambiado totalmente para ambos. Por un lado, él arriba a la ciudad cogido del brazo de su flamante esposa, Corinne (Janis Carter), mientras que ella acaba de recibir una inesperada fortuna de su abuela a la que nunca conoció.

Vivir con despecho

Odio y orgullo está protagonizada por dos personajes que se mueven por despecho. El Dr. Lucas no ha superado la negativa de Barbara a marcharse con él y, aunque sigue enamorado de ella, se hace el esquivo para no darle la satisfacción de mostrarle sus verdaderos sentimientos. Al otro lado del cuadrilátero tenemos a la heredera de los Beaurevel que no entiende el hecho de que su amado se haya casado con otra, así que urdirá un perverso plan para separarlo de su esposa y recuperarlo. Ambos personajes tienen sus razones bajo un comportamiento bastante infantil que se entiende mejor dentro del cínico retrato que se hace sobre la alta sociedad de la época, clasista y racista, fundamentada bajo unos estándares de conducta donde la hipocresía definía todos sus movimientos.

Ahí es donde encaja la misteriosa figura de la abuela de Barbara, un personaje con el que la familia había cortado el cordón umbilical y a la que todos se refieren con una mueca de disgusto en el rostro. No se especifican los motivos con claridad, pero en el aire sobrevuela la sospecha de que la mujer era prostituta o que, al menos, llevaba una vida de libertinaje que resultaba inaceptable dentro del cuadriculado pensamiento de las élites de la ciudad. Es una pena que la película no aborde todas estas cuestiones con mayor ahínco y prefiera apostar en primer término por un triángulo romántico mucho más convencional en el que irrumpe el perturbador el personaje del primo, Paul Beaurevel (fantástico Melvyn Douglas), un ser despreciable que se desvive por el dinero ajeno y que acosa de una forma bastante babosa a su prima Barbara.

Un jugoso subtexto histórico-cultural

Odio y orgullo retrata con sutileza el contraste cultural y la diferencia de clases, lo hace contraponiendo los fantasmas del pasado de los herederos del colonialismo a las tradiciones milenarias sobre los difuntos que fueron exportadas por la comunidad negra esclavizada. Es un subtexto interesante que sirve para enriquecer una historia mucho más banal, pero que entronca a la perfección con la reflexión final que hace el filme sobre la aceptación de nuestras raíces como forma de reconciliación.

El trabajo tras las cámaras de Robert Stevenson es eficaz, aunque deudor de las formas unidimensionales o, si se prefiere, teatrales existentes en el cine mudo menos creativo. Un ejemplo es la primera secuencia sin diálogos y en un escenario bucólico que sirve para presentarnos el romance apasionado entre Barbara y el Dr. Lucas. El resto de la narrativa se siente precipitada, como si faltara reposar algunas escenas en la sala de montaje. Los escasos 70 minutos de metraje concentran demasiados eventos que se suceden sin dejar respirar a los personajes en un guion que no profundiza lo necesario en sus motivaciones.

Ava Gardner vuelve a tener una presencia arrebatadora que explota su belleza animal encarnando aquí a un personaje de moral ambigua, pero con el que consigue que empaticemos. La actriz fue escogida para sustituir a Ann Sheridan, que era quién estaba estipulada en la cesión de derechos de la novela de Polan Banks. Entró en el proyecto de la mano del magnate Howard Hughes, alguien que estuvo años obsesionado con ella, propiciando posteriormente una demanda del escritor y de la actriz inicial por incumplimiento de contrato. En cuanto a su partenaire, Robert Mitchum, el cuál acababa de pasar una temporada en prisión por consumo de marihuana, nunca logra transmitir las emociones internas de su personaje. En todo momento mantiene un porte tan estirado y rígido como inexpresivo. Por desgracia, las chispas que saltaron fuera de pantalla entre Ava y Robert no son visibles en la pantalla. En definitiva, Odio y orgullo es un correcto melodrama romántico, con viraje hacia el noir en su parte final, que desaprovecha las posibilidades de un jugoso contexto histórico-cultural para centrarse en un triángulo sentimental viciado por los reproches.


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Odio y orgullo

6.3

Puntuación

6.3/10

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