Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘Una vida y un amor (Singapore)’ (1947)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
Una vida y un amor (Singapore) (1947)

Una vida y un amor (Singapore) es un melodrama romántico y de aventuras dirigido por John Brahm (Vidas sin rumbo, Jack, el destripador). El guion corre a cargo de Robert Thoeren (El capitán O’Flynn, Hotel Imperial), basado en una historia de Seton I. Miller (Robin de los bosques, Contra el imperio del crimen). La historia nos sitúa poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial cuando Matt Gordon regresa a Singapur con el fin de recuperar unas perlas de contrabando. Una vez allí, recordará el apasionado amor que mantuvo con Linda antes de que la mujer desapareciera durante el ataque japonés. Está protagonizada por Fred MacMurray, Ava Gardner, Roland Culver, Richard Haydn, Spring Byington, Thomas Gomez, Porter Hall, George Lloyd y Maylia.

Singapur no está en Marruecos

Una vida y un amor (Singapore) combina drama romántico y cine de aventuras en un filme poco destacado que intenta seguir la estela del éxito de Casablanca (Michael Curtiz, 1942) introduciendo algunos elementos en la historia que claramente buscan esa conexión en el imaginario colectivo de los espectadores. En ambas películas nos encontramos con unos personajes que se mueven en territorio extranjero dentro de un contexto bélico y en ambas también hay un romance central repleto de dificultades que alcanza su clímax dramático en la secuencia que acontece en un aeropuerto. Eso sí, la resolución de las dos películas es bien distinta y el filme de John Brahm tiene un tono más ligero y conservador que el de Curtiz, lo que hace que también sea menos interesante o sorprendente.

La historia nos sitúa poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Un hombre llamado Matt Gordon regresa a Singapur con la intención de recuperar unas perlas de contrabando que escondió años atrás en una habitación de hotel. El repentino bombardeo japonés a la ciudad le impidió llevarse consigo el alijo por tener que abandonar apresuradamente el país, pero no está dispuesto a renunciar a ese tesoro y por eso regresa al país. No se lo pondrán fácil ni el Diputado Comisionado Hewitt, ni el gángster local Mr. Mauribus que, por distintas razones, también quieren hacerse con la posesión de las perlas y no dejarán de acosarle desde el mismo instante en que aterrice.

Por otro lado, Gordon empezará a rememorar el apasionado romance que mantuvo con Linda antes de la guerra, acudirá a los lugares que frecuentaban juntos y revivirá su trágica separación cuando la mujer desapareció durante el ataque japonés. Para escenificar esos recuerdos se utilizará una voz en off y varios flashbacks explicativos. Sin embargo, aunque él la creía muerta, poco después de su regreso se topa inesperadamente con ella. En ese momento está casada con un terrateniente del lugar y no recuerda nada de lo que vivieron juntos, ni tan siquiera le reconoce porque la mujer padece amnesia debido al shock traumático que le produjo el bombardeo.

Perlas de contrabando y amnesia traumática en ‘Una vida y un amor (Singapore)’

Una vida y un amor (Singapore) está dirigida por John Brahm, un reconocido artesano de Hollywood que aquí no está a la altura de sus mejores trabajos. Los escasos 79 minutos de duración de la cinta son insuficientes para hilvanar con suficiente profundidad las dos tramas principales. La parte aventurera en torno al alijo de perlas no es suficientemente emocionante, tan solo hay una escena con cierta intriga cuando Gordon entra a la habitación de hotel donde guarda el tesoro y acaba siendo descubierto, teniendo que utilizar el ingenio para salir de tan embarazosa situación. A la parte romántica le falta apasionamiento y se infrautiliza el recurso de la amnesia que padece la mujer, algo que resultó tan útil en muchos thrillers psicológicos de aquella época.

El personaje de Linda Grahame, con e al final, podríamos decir que no posee las características que mejor se adaptaban a Ava Gardner. Una mujer vulnerable, sin memoria ni pasado, que bajo la hechizante tonada «Temptation» de Nacio Herb Brown hace sus apariciones en escena con la única función de ser el interés romántico del protagonista, pero sin el desarrollo psicológico necesario que debería derivarse de sus traumas identitarios. La pareja Fred MacMurray y Ava Gardner no volvió a repetir nunca en pantalla.

La puesta en escena de la película es bastante sencilla y, aunque cumple su función, se desprende la sensación de no ser una producción de presupuesto suficiente como para aprovechar la vistosidad escénica que ofrecía el enclave exótico de Singapur. Años después se realizaría un remake de esta película trasladando la acción hasta Turquía, Estambul (Joseph Pevney, 1957), con Errol Flynn en el papel de Fred MacMurray y Cornell Borchers en el de Ava Gardner. Una vida y un amor (Singapore) tiene un montaje algo precipitado que intenta concentrar demasiados eventos sin terminar de definir qué tipo de película quiere ser, aún así, es un producto entretenido que finaliza con un peculiar plano desde debajo del fuselaje de un avión (aunque el sentido de la escena no puede ser más peliculero). Entre las pocas curiosidades que encontramos en el filme está la caracterización como homosexual del esbirro de Mauribus, Sascha Barda, interpretado por George Lloyd, saltándose con bastante pericia los códigos y reglas que desaconsejaban la representación en el cine de personajes masculinos afeminados.


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Una vida y un amor (Singapore)

6

Puntuación

6.0/10

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