Crítica de ‘Villa y Marte‘ (Ron Lalá): Vuelven los maestros del juego escénico

Las críticas teatrales de José F. Pérez Pertejo:
Villa y Marte

Decir Ron Lalá supone referir, al mismo tiempo, el teatro en verso pegado a la mejor tradición de los clásicos del siglo de oro español y el musical gamberro, divertido, ingenioso y sarcástico que bebe de todo tipo de influencias para crear algo nuevo, ese estilo propio e inconfundible que ha llevado a los ronlaleros a convertirse en un género en sí mismos durante más de ¡veinte años!

En Villa y Marte, la compañía dirigida por Yayo Cáceres vuelve a demostrar su capacidad para reinventarse manteniendo su personalidad sin repetirse. El virtuoso manejo del lenguaje, una de sus señas de identidad, llega aquí hasta el punto de inventar un nuevo idioma marciano (o, mejor dicho, martiano) aprovechando todo el léxico madrileño, tanto el castizo como el más contemporáneo. Porque Villa y Marte es, desde su propio título (evocador de la Villa y Corte) un canto a Madrid. Al Madrid castizo de chotis, verbena, chulapos y toros, pero también al Madrid más actual que se ha convertido en un crisol de culturas e identidades y en la ciudad de acogida por excelencia.

La puesta en escena, sencilla y sin juegos de artificio, es el elemento fundamental de un espectáculo tan divertido como inteligente. El disparatado punto de partida argumental es la llegada de un astronauta (Daniel Rovalher) y su robot (Juan Cañas) al planeta Marte, concretamente a la ciudad de Martiz donde habrán de recuperar una batería para poder poner en marcha su nave espacial y regresar a la tierra. A partir de aquí no conviene contar nada más, lo que sigue es hora y media de canciones, romances y juegos escénicos con los que Ron Lalá ejerce, una vez más, una inteligente sátira de la humanidad en la que no queda títere con cabeza.

Pero si hay algo absolutamente desbordante en Ron Lalá, sin lo cual no funcionaría ni el virtuoso manejo del lenguaje ni la imaginativa puesta en escena, es el talento interpretativo de sus actores. En Villa y Marte hay, por primera vez, cambios en el elenco habitual del que salen Álvaro Tato e Iñigo Echevarría a los que se echa de menos, pero que son suplidos con brillantez por Diego Morales y Fran García. Ambos incorporan los registros interpretativos de la compañía y mantienen la armonía del conjunto. Los otros tres son los citados Daniel Rovalher desdoblándose en capitán de la nave, limpiabotas y matutero y Juan Cañas como el robot Trasto, el pregonero de Martiz y una novicia. Falta por citar al tronchante Miguel Magdalena dando vida a un alguacil con desdoblamiento de personalidad que tiene momentos absolutamente desternillantes.

En cuanto a las canciones, se advierte en Villa y Marte cierta evolución hacia una mayor heterodoxia en los estilos musicales. Se mantienen los ritmos de charanga bullanguera con los que es más fácil reconocerlos, pero también hay baladones románticos con clara intención de recordar a los musicales Disney e incluso canciones más pegadas a las formas de los musicales del Broadway o el West End londinense; pero tratándose de Ron Lalá uno no tiene nunca claro si la evocación es homenaje o parodia.

Es bien cierto que Villa y Marte no está en el mismo nivel de excelencia que En un lugar del Quijote o La Cervantina (a juicio de quien aquí escribe los dos mejores espectáculos de la compañía), pero las comparaciones son tan odiosas como innecesarias. El espectáculo es tan ingenioso y divertido como los anteriores y las oportunidades de reírse de forma inteligente en este país nuestro son cada vez más escasas.

El estreno absoluto del espectáculo tuvo lugar en el Teatro Calderón de Valladolid el pasado 5 de febrero. Tuve ocasión de presenciar la representación del día siguiente y el espectáculo fue largamente ovacionado por un público, el del Teatro Calderón que, aunque generoso en aplausos cuando el espectáculo lo merece, no es muy dado a ponerse en pie con facilidad. La representación del día 6 levantó de sus asientos a la casi totalidad de los espectadores que hicieron salir a saludar a la compañía en repetidas ocasiones.

A partir de este estreno podrá verse en Santander, Burgos y Cáceres hasta su aterrizaje (perdón, hasta su amartizaje) en los madrileños Teatros del Canal donde tiene previstas representaciones desde el 14 de abril hasta el 1 de mayo.


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Villa y Marte

8.5

Puntuación

8.5/10

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