Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘Señal de parada’ (1946)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
Señal de parada (1946)

Señal de parada (Whistle Stop, 1946) es un drama estadounidense con elementos de cine negro dirigido por Léonide Moguy (Aventura en Arabia, Mañana será tarde). El guion está escrito por Philip Yordan (Lanza rota, Johnny Guitar), adaptando la novela de Maritta M. Wolff. La trama cuenta el regreso de Mary a su pequeña ciudad natal tras pasar unos años en Chicago. Allí resurgirá la enemistad entre dos de sus antiguos pretendientes, Kenny Veech, un jugador de cartas holgazán que está sin blanca, y Lew Lentz, el adinerado dueño de un club nocturno. Está protagonizada por George Raft, Ava Gardner, Victor McLaglen, Tom Conway, Florence Bates, Jorja Curtright, Jane Nigh y Charles Drake. La película puede verse actualmente en Pluto TV.

El primer papel protagonista de Ava Gardner

El personaje de Mary de Señal de parada puede considerarse como el primer papel protagonista en la carrera de Ava Gardner. Hasta entonces había tenido durante cinco años diversas apariciones insignificantes o figuraciones en cortos y largos, muchas veces sin acreditar, llamando la atención solo por su belleza, por ejemplo, en la torpe comedia La casa encantada (William Beaudine, 1943), conocida también como Los fantasmas andan sueltos, donde compartía cartel con un Bela Lugosi en pleno ocaso, o en She Went to the Races (Willis Goldbeck, 1945), una comedia de corte clásico bastante más atinada en la que, a la sombra de James Craig y Frances Gifford, al menos, disponía de un par de secuencias para demostrar su valía como actriz, como en una en la que aparecía borracha.

Pero hasta ahí casi todo habían sido roles menores, de nula exigencia dramática, así que la aparición del productor independiente Seymour Nebenzal fue decisiva en su carrera al fijarse en ella y ofrecerle la oportunidad de aparecer como protagonista junto a un actor del calibre de George Raft cuyo mejor momento, es cierto, ya había pasado. El año 1946 fue, entonces, el que significó el despegue definitivo de Ava, ya que a esta película poco recordada dirigida por Léonide Moguy hay que sumarle la más que notable Forajidos (Robert Siodmak, 1946), dos papeles protagonistas en un mismo año para una actriz de acento sureño que pronto se convertiría en mito dentro y fuera de la pantalla.

Entre dos aguas

Señal de parada es un melodrama romántico con elementos de cine negro que no termina por definir cuál debe ser su camino. La historia se inicia con Mary (Ava Gardner) regresando en tren a su pueblo natal tras pasar unos años en Chicago donde ha tenido aparentemente una vida llena de lujos como indica su abrigo de visón y una pitillera de plata, aunque una sombra en su mirada parece indicar que no todos los momentos allí fueron felices. Una vez en Ashbury se reavivará la rivalidad entre Kenny Veech (George Raft) y Lew Lentz (Tom Conway) por conseguir la atención de la chica. El primero es un jugador de cartas que vive con sus padres y hermana, sin oficio ni beneficio, mientras que el segundo es el dueño de un lujoso local nocturno. Mary se debatirá entre sus dos pretendientes, aunque su corazón siempre ha pertenecido al primero. A ese triángulo sentimental central se añade otro triángulo secundario formado por Kenny, Mary y Fran (Jorja Curtright), la novia actual del primero que protagonizará una de las secuencias más melodramáticas del filme.

Para darle vidilla y algo de emoción, el reconocido guionista Philip Yordan incorpora una subtrama apegada al cine negro clásico con intento de asesinato incluido en la que tiene vital importancia el personaje de Girlo (Victor McLaglen), amigo íntimo de Kenny que trabaja como barman para Lew. Como vemos, todos los personajes se mueven entre dos aguas, aunque no se aprovechan adecuadamente los distintos dilemas morales que surgen durante la trama. Yordan adaptó libremente en su guion una novela de Maritta M. Wolff, de la que recogió las ideas principales, pero suavizó el alto contenido sexual que contenía el texto. Si algo falta precisamente en la película es el sentimiento de pulsión sexual que necesitaban las relaciones cruzadas entre los personajes.

La edad imposible

Señal de parada tiene un grave problema de cásting. Es imposible creerse a George Raft como Kenny Veech, ni él mismo parece hacerlo viendo su constante rigidez. Por aquel entonces ya estaba en la cincuentena y debía aparentar ser un joven de veintitantos que aún vivía con sus padres y seguía recibiendo regañinas si pasaba la noche fuera con los amigos. La diferencia de edad con Ava Gardner y Jorja Curtright era de 27 y 28 años, respectivamente, así que nunca logra crearse un clima sentimental adecuado para hacer creíbles los avatares sentimentales que tiene con ninguna de las dos, pese al encomiable esfuerzo y buen trabajo de ambas actrices. El héroe protagonista es tan poco atractivo que incluso el clímax que da resolución a la película tiene que asumirlo otro personaje. Por suerte, el compositor de la banda sonora es el mítico Dimitri Tiomkin que impregna las apariciones de Ava con un halo romántico de verdadera intensidad, algo que se agradece.

Resulta destacable la fotografía en blanco y negro de Russell Metty, en especial, cuando la historia vira hacia el cine negro, jugando bastante bien con los contrastes de luz en los espacios reducidos de la estación, en las escenas de la feria o para remarcar las emociones de los personajes en los momentos más dramáticos. Son detalles que elevan un poco la rutinaria puesta en escena de Léonide Moguy, director que tras filmar esta película regresaría a Europa sin lograr el éxito esperado. Lo que sí quedará para siempre es que Señal de parada fue un punto de inflexión importante en la carrera de Ava Gardner que aquí se muestra con una seguridad escénica arrolladora y claramente definitoria de lo que vendría después.


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Señal de parada

6

Puntuación

6.0/10

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