Crítica de ‘Lizzie’: El amor prohibido de «La asesina del hacha»

Las críticas de Daniel Farriol:
Lizzie

Lizzie es un thriller dramático estadounidense inspirado en hechos reales que está dirigido por Craig William Macneill (The Boy, Them). El guion corre a cargo de Bryce Kass (Falso profeta, The Monster of Florence) para ficcionar la vida de Lizzie Borden, mujer que vivió a finales del siglo XIX y a la que se conoce como «La asesina del hacha», aunque nunca pudo demostrarse su implicación en los asesinatos de su padre y su madrastra. Tras la llegada a la casa de una nueva criada, Bridgette Sullivan, nace una estrecha amistad entre las dos mujeres que desafía las convenciones sociales y la estricta educación conservadora del padre de Lizzie. Está protagonizada por Chloë Sevigny (Queen & Slim, The Act), Kristen Stewart (Spencer, Personal Shopper), Jamey Sheridan, Fiona Shaw, Kim Dickens (Fear The Walking Dead, En un lugar salvaje), Denis O’Hare (Swallow, Borrar el historial), Jay Huguley y Jody Matzer. La película se ha estrenado en Filmin el día 21 de Enero de 2022.

La doble moral del patriarcado

Lizzie Borden, «la asesina del hacha», fue única sospechosa y, posteriormente, absuelta de los brutales asesinatos cometidos en su casa el 4 de agosto de 1892 en el que perdieron la vida su padre y su madrastra tras haber sido golpeados brutalmente en el cráneo. Es uno caso célebre en la crónica negra norteamericana que ya ha sido llevado al cine y la televisión en diversas ocasiones, al tratarse de un caso no resuelto, deja espacio para la especulación morbosa de los apasionados al «true crime». El director Craig William Macneill apuesta por un acercamiento íntimo al relato hipotético, en una búsqueda emocional y contemplativa para comprender mejor las posibles motivaciones que pudieron llevarle a cometer ese crimen, concentrándose en la relación que surge entre Lizzie y su criada Bridgette.

Al contar con un presupuesto ajustado, la ambientación de la época queda supeditada casi exclusivamente a la localización del interior de la casa, lo que sirve para profundizar aún más en la sensación de encierro y asfixia en las que viven sometidas ambas mujeres. El padre es un hombre moralmente estricto en su vigilancia a los movimientos de Lizzie, por ejemplo, la cuestiona cuando pretende ir sola a la ópera, sin embargo, por las noches no duda en acudir al dormitorio de Bridgette (apodada Maggie como todas las sirvientas irlandesas para despojarlas de personalidad individual) aprovechándose de la diferencia existente en el escalafón social para abusar sexualmente de ella. La doble moral de la sociedad de la época.

La ambientación pictórica 

Lizzie es un filme atmosférico y de elegancia escénica que remite al cine clásico. Al ser Andrew Borden un hombre tacaño que prescindía de las bombillas incandescentes, eso le permite al director de fotografía Noah Greenberg (Most Beautiful Island, Channel Zero) crear un ambiente pictórico, entre Vermeer y Caravaggio, que juega con la luz natural de las ventanas, las velas y los quinqués, para ofrecer algunos momentos de claroscuros más propios de un filme de terror que de un drama de época, pero que combinan de manera armónica con otros más matizados con luz menos naturalista como en la escena romántica del granero. De esa forma, la relación prohibida entre Lizzie y Bridgette siempre está sobrevolada por una sensación de desasosiego o ensoñación que anuncia la tragedia venidera.

Pese a ofrecer un retrato certero del conservadurismo de la época y de la opresión a la mujer, el guion de Bryce Kass deja la impresión de quedarse en la epidermis cuando afronta la verdadera complejidad en su estudio de personajes, quedando muy alejado de aquella maravillosa miniserie sobre otra asesina del Siglo XIX titulada Alias Grace (Mary Harron, 2017). Lizzie es mucho más intrigante y subyugante mientras se centra en la relación lésbica mantenida a escondidas que cuando cae en la obviedad efectista de la resolución del crimen. Eso es gracias al intenso trabajo llevado a cabo por las actrices protagonistas Chloë Sevigny y Kristen Stewart, sin duda, el texto crece en sus miradas y gestualidad, evocando un amor que surge de las entrañas de la soledad y el dolor como acto reflejo de la necesidad de rebelarse contra los roles preestablecidos para las mujeres.


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Lizzie

6.6

Puntuación

6.6/10

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