Crítica de ‘La hija‘: Manuel Martín Cuenca o la esencia de la incomodidad

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
La hija

La hija es el sexto largometraje de ficción de Manuel Martín Cuenca que completa su ya amplia filmografía con varios cortometrajes, documentales y una producción televisiva. Aunque muy diferentes en lo argumental, Martín Cuenca ha ido construyendo a lo largo de sus películas un particular camino formal y estilístico que le confieren esa etiqueta de autor (así se titulaba su anterior película) tan fácil de pronunciar a la ligera y tan difícil de conseguir realmente.

Sus films hablan de personas aparentemente corrientes con existencias anodinas pero llenas de pulsiones interiores que, tarde o temprano, terminan por asomar al exterior desencadenando el drama. Son películas de cocción lenta, Martín Cuenca crea primero una atmósfera, presenta a sus personajes mediante pinceladas que apenas dejan entrever unos rasgos de personalidad y esboza un planteamiento argumental con el que atrapar al espectador lo antes posible. A partir de ahí, maneja a conveniencia la información para hacer avanzar la trama, hay momentos en los que el espectador va por delante de los protagonistas, sabe más que ellos, y otros en los que asiste estupefacto a lo inesperado.

En La hija sigue a pies juntillas este ideario: la atmósfera es una casa aislada en la montaña rodeada de bosques; los personajes son básicamente tres: Javier (Javier Gutíerrez) un educador que trabaja en un centro de cuidado y reinserción de menores, Adela (Patricia López Arnáiz) su esposa, una mujer infeliz por un deseo de maternidad insatisfecho e Irene (Irene Virgüez), una adolescente embarazada, internada en el centro de menores, a la que Javier se ha ofrecido a ayudar a cambio de que, al final de su embarazo, les entregue el bebé. Y este es, precisamente, el planteamiento argumental.

Una vez atrapado el espectador con estos elementos de partida que lo mismo podrían servir para un melodrama, una comedia o un thriller, Martín Cuenca va lentamente sofocando la atmósfera, crispando a los personajes y complicando el argumento con un dominio absoluto de los resortes del suspense como género cinematográfico adicional con el que barnizar su ¿drama?, ¿thriller? Qué manía tenemos con etiquetar.

En lo que Martín Cuenca demuestra una maestría absoluta es en la capacidad para generar incomodidad en el espectador. A medida que avanza el metraje la butaca se comprime, nos aprietan los zapatos y necesitamos aflojar el cuello de la camisa. No hay muchos cineastas con esa capacidad, Lars Von Trier la tiene indudablemente, pero quizá sea Michael Haneke el que haya llegado más lejos durante las últimas décadas en lo que se refiere a construir dramas desasosegantes, turbios, incómodos y perturbadores.

Y es tal vez a este último al que cada vez se va pareciendo más Martín Cuenca, sus decisiones con la cámara siguen el ideario formal del austriaco, algo que se hace especialmente notorio en el uso del fuera de campo como recurso narrativo. El final de la película es una auténtica lección de cómo perturbar con la distancia, con lo que se ve de lejos y, más aún, con lo que no se ve.

A Javier Gutiérrez le va como anillo al dedo este tipo de personajes con aspecto de buenas personas que, sin embargo, están llenos de aristas, dobleces y segundas intenciones. Patricia López Arnáiz confirma que ha llegado para quedarse a los grandes títulos del cine español tras su más que merecido Goya por Ane del año pasado. Su personaje también huye de la planicie de un arquetipo para ofrecer un personaje complejo que equilibra como puede lo emocional y lo racional, desviándose a uno u otro lado según las circunstancias. El hallazgo es la joven Irene Virgüez, que debuta en el cine con un papel protagonista endiabladamente difícil y del que sale más que airosa, especialmente en el exigente tramo final del film.

Únicamente hay en la película una secuencia malograda que pone en peligro la credibilidad de todo el conjunto, resulta difícil de creer que en una producción de este calibre y con alguien al frente como Martín Cuenca se filme tan rematadamente mal un parto. Más aún teniendo en cuenta que se trata del parto de una adolescente primeriza que, ya de por sí, presenta más dificultades de lo corriente. Qué fantástica ocasión ha desperdiciado Martín Cuenca para utilizar el fuera de campo al que antes nos referíamos. Lo que se muestra (que no es que sea demasiado explícito) no tiene la más mínima verosimilitud. He visto extirpaciones de quistes sebáceos que dejan al paciente más sudoroso y sangrante que el parto de la película.

Y es una lástima porque, por lo demás, La hija es una magnífica película que, con una atrapante atmósfera, plantea interesantes cuestiones éticas sobre la maternidad, la responsabilidad y la libertad.


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La hija

7.5

Puntuación

7.5/10

Un comentario en «Crítica de ‘La hija‘: Manuel Martín Cuenca o la esencia de la incomodidad»

  • el 3 diciembre, 2021 a las 19:52
    Enlace permanente

    Oí de ella en el último»Días de cine» y no me llamó la atención, pero la has descrito de manera que resulta apetecible.

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