Crítica de ‘Manual de la buena esposa’: Oportunidad perdida

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Manual de la buena esposa
 

El hasta ahora intachable realizador francés Martin Provost, autor de películas tan notables como Seraphine (2008), Violette (2013) o la sencillamente amable Dos mujeres (2017), naufraga estrepitosamente en este intento de farsa titulado Manual de la buena esposa en la que se adivinan unas buenas intenciones que se derrumban en cuanto la falta de coherencia se apodera de la película, es decir, nada más empezar.

La trama nos sitúa en la Escuela Van Der Beck, un internado de señoritas casaderas, de esos afortunadamente extinguidos que abundaban durante épocas no tan pasadas de nuestra historia. En ellos se enseñaba a las jóvenes doncellas a realizar con eficacia todas las labores del hogar con alegría y denuedo al mismo tiempo que se les inculcaban los valores de entrega a sus sufridos maridos en todas las acepciones de la entrega que puedan imaginar. Sí, en esa también.

Visto desde la óptica del siglo XXI aquello puede parecer antediluviano pero Martin Provost y su coguionista Séverine Werba no nos llevan tan lejos, se sitúan en los albores del célebre mayo del 68 francés en el que, según el (descolorido) mito de la generación de sus protagonistas, todo empezó a cambiar. Escuelas para señoritas como la presentada en este film existían en todo el mundo, su equivalente en la España franquista (y prefranquista) eran las escuelas de hogar comandadas por la Sección Femenina de la Falange con principios educativos muy similares. Los hombres como contrapartida tenían un servicio militar obligatorio de dos años cuya extinción tampoco es tan antigua como nuestra desmemoria nos puede hacer creer.

Y decía al principio de estas líneas que al Manual de la buena esposa de Martin Provost se le adivinan las buenas intenciones; no es difícil entender que su intención es satirizar aquellas instituciones retrógradas y machistas, el problema es que la sátira precisa de una finura literaria y una agudeza intelectual que no aparecen ni en un guion escrito con trazo grueso, ni en una realización tosca y burda ni en unas interpretaciones más propias del astracán que de la alta comedia. Gritos, aspavientos, gestos desmedidos, carreras alocadas y entonaciones forzadas parecen formar el ideario de la dirección actoral de Martin Provost en este film. Resulta evidente que ha de ser responsabilidad suya pues ni Yolande Moreau ni Noémie Lvovsky ni François Berléand son sospechosos de no conocer la sutileza interpretativa. Ni siquiera la gran Juliette Binoche, en mi opinión la mejor actriz europea de las últimas tres décadas, se salva del despropósito general con una interpretación permanentemente en los límites del exceso.

Los personajes de las alumnas que, con otra concepción del film podrían haber sido las auténticas protagonistas, son otra muestra de la manifiesta pereza de sus guionistas. Todas responden a estereotipos sin ninguna profundidad, tenemos la guapa liberada, la fea acomplejada, la lesbiana, la pelirroja, la reivindicativa… en fin, las jóvenes actrices que las interpretan, la mayoría de ellas debutantes, poco pueden hacer con tal colección de clichés. Sin embargo están más naturales y comedidas interpretativamente que las consagradas Binoche, Moreau y Lvovsky.

Tras un primer acto de presentación de personajes, situaciones, ambientes y costumbres, un suceso argumental da lugar a un giro de los acontecimientos hacia lo inevitablemente previsible. Lo que resta será un segundo acto en el cual el metraje avanzará a trompicones erráticos con enredos románticos vodevilescos y otras arbitrariedades narrativas hacia un final tan inaudito como disparatadamente grotesco. 

Es evidente que Martin Provost ha tomado la decisión de hacer la película que ha querido (o que le ha salido) y está en su absoluto derecho a hacerlo, eso es incuestionable, pero como espectador no puedo evitar tener la sensación de oportunidad perdida para haber visto una película con mayor carga de profundidad sobre una cuestión que, a pesar de pertenecer al pasado (en los países de nuestro entorno), sigue teniendo una trascendencia vigente en muchos tics educativos actuales.


Manual de la buena esposa fue estrenada en salas de cine en enero de 2021, actualmente puede verse en Netflix y en Filmin (en alquiler). 


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Manual de la buena esposa

4

Puntuación

4.0/10

2 comentarios en «Crítica de ‘Manual de la buena esposa’: Oportunidad perdida»

  • el 2 agosto, 2021 a las 15:19
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    La vi anoche y coincido plenamente con tu critica. Me la esperaba mas fina, mas critica.. Y pintaba muy bien al principio… Pero se fué tornando en un sinsentido infumable y ridiculo con un final vergonzante.
    TENIAN MUCHAS POSIBILIDADES…Pero las reventaron con rellenos inecesarios ( el novio de la rubia) ( la historia de la fea) que no aportan nada ni levan a ningún sitio… Una lastima.

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  • el 2 agosto, 2021 a las 15:57
    Enlace permanente

    Película totalmente desaprovechada. No se salva ni con la Binoche. Hasta cierto punto, podría decirse que consigue ridiculizar lo que pretende ensalzar. Una pena.

    Respuesta

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