Crítica de ‘La vida de los demás’: Cuando el poder radica en decir “no”

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La vida de los demás
 

En la cinematografía iraní hay dos castas de directores de cine, por un lado están aquellos que gozan del favor del régimen y pueden viajar a los festivales internacionales a presentar sus películas y por otro lado los que tratan temas que no son del gusto oficial y son perseguidos, condenados a prisión o a confinamiento domiciliario y se les prohibe estrenar sus películas y presentarlas en festivales internacionales. A este último grupo pertenece Mohammad Rasoulof que tiene el pasaporte confiscado desde 2017 para que no salga del país y en marzo de 2020 fue condenado a un año de prisión pocos días después de recibir (en manos de su hija) el Oso de Oro del Festival de Berlín por La vida de los demás, un film potente, perturbador, hiriente, con firme pulso cinematográfico y una carga de profundidad en consonancia con el resto de su filmografía que le ha llevado a la situación en la que está.

Vamos al cine. La vida de los demás (There Is No Evil es su título internacional) fue, como hemos dicho, la gran triunfadora del Festival de Berlín celebrado a finales de febrero del fatítico 2020. Se trata de un film episódico compuesto por cuatro historias independientes desde el punto de vista argumental pero relacionadas temáticamente alrededor de la pena de muerte en Irán. Lejos de comportarse como documentales, se trata de cuatro historias de ficción, de género si se quiere, en el que se impone el planteamiento ético sobre los hombres encargados de llevar a cabo, en último momento, la ejecución.

Y aquí radica la principal cuestión ética del film. ¿Quién mata?, podemos escondernos en que es el Estado el que mata para evitar poner un nombre y un apellido al ejecutor, pero el Estado pone la herramienta de la pena de muerte para que un fiscal la pida, un juez la dicte y, en última instancia, un sujeto anónimo, un hombre corriente sea el encargado de pegar la patada al taburete que sostiene al reo con la soga al cuello o de hacer algo tan impersonal como pulsar un botón que accione el mecanismo ejecutor. ¿Puede ese hombre, cuyo trabajo consiste en eso, dormir por las noches?, ¿lleva esas muertes sobre su conciencia?, ¿o considera que es un mero instrumento del Estado y que cumple una función que consiste en eso como podría consistir en conducir un camión, descargar las mercancías de un barco o pegar sellos en una oficina?

No conviene detenerse demasiado a hablar del argumento de las cuatro historias, baste decir que la primera es una historia costumbrista y cotidiana, la segunda comienza como un drama carcelario teatral para devenir en una suerte de thriller de acción, la tercera es una historia de amor y la cuarta un melodrama familiar sobre un hombre enfermo y sus vínculos afectivos. En los cuatro episodios hay golpe de efecto o giro de guion, llámenlo como quieran, y en los cuatro el tema de la conciencia ejecutora planea sobre las imágenes tomando forma en los rostros de los protagonistas.

Filmada con gran pulso narrativo y una precisión de cirujano, La vida de los demás no tiene tiempos muertos, tan solo la primera de las historias, por su propia naturaleza, transcurre por un cauce más apacible. En este primer episodio que comparte el título There Is No Evil con el conjunto, el actor Eshan Mirhosseini interpreta con un gran naturalismo al protagonista Heshmat.

El segundo episodio, titulado She said, “you can do it” es el que plantea el dilema moral de forma más descarnada en la piel del protagonista Pouya (Kaveh Ahangar), Rasoulof hace además una profunda crítica al servicio militar obligatorio que en Irán dura 21 meses y sin el cual los jóvenes no pueden salir del país ni empezar una vida laboral normal. En el tercer episodio, Cumpleaños, una pareja de novios, Javad (Mohammad Valizadegan) y Nana (Mahtab Servati) pasan juntos en la casa familiar de Nana los tres días de permiso que le han dado a Javad en su servicio militar. Aquí no hay dilema ético sino toma de conciencia acerca del significado último del tema central del film. Y en el cuarto, una pareja madura recibe en su casa de campo a su sobrina Darya que va a pasar unos días con ellos. Darya, interpretada por Baran Rasoulof (hija del director) confrontará episodios oscuros del pasado familiar para destapar la cuestión de fondo.

A diferencia de lo que suele ocurrir en la mayoría de los films episódicos en los que unas historias destacan sobre otras, no es posible en La vida de los demás establecer diferencias sustanciales de calidad. Las cuatro historias funcionan como mecanismos de precisión y se engranan una a la siguiente con un sentido cinematográfico muy poderoso. El conjunto es sobrecogedor. Dos horas y media de cine con mayúsculas.


¿Qué te ha parecido la película?

La vida de los demás

8.5

Puntuación

8.5/10

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