11 D’A FILM FESTIVAL. Crítica de ‘Ricochet’: El holandés errante

Las críticas de Daniel Farriol en el 11 D’A FILM FESTIVAL: 
Ricochet
 
Ricochet es un drama mexicano escrito y dirigido por Rodrigo Fiallega (El exorcismo de Carmen Farías), inspirándose en un caso real acaecido en Argentina. Nos cuenta la historia de Martijn, holandés de mediana edad que reside desde hace décadas en un pueblecito de México. Al llegar las fiestas, el recuerdo de lo que sucedió el año anterior le sobreviene de forma silenciosa, en especial, cuando se entera de que el presunto asesino de su hijo ha quedado en libertad. Está protagonizada por Martijn Kuiper (Schimbare, Secuestrados), Iazua Larios (La voz de un sueño, El reino del guardián), Andrés Almeida (Me casé con un idiota, La hermandad), Manuel Poncelis y Claudia Frías. La película se ha podido ver en España dentro de la programación del Festival D’A 2021 en su sección Talents en la plataforma Filmin desde el día 4 de Mayo de 2021.

El costumbrismo imperfecto

La palabra Ricochet sirve para definir en balística el efecto de rebote producido por un proyectil cuando golpea una superficie dura, lo que puede ocasionar daños colaterales inesperados al tomar la bala una dirección diferente. La película mexicana de Rodrigo Fiallega muestra con detenimiento el proceso de duelo interno de un hombre tras el asesinato de su hijo en las fiestas del pueblo. Un año después se entera que el presunto asesino ha quedado en libertad por falta de pruebas. Esa es la bala que golpea en la coraza que había construido hasta entonces y que puede salir rebotada en cualquier dirección.
 
Con reminiscencias de la literatura de Juan Rulfo, el cineasta Fiallega traza una historia de semblanza sencilla en la que aparentemente no pasan grandes cosas. Nos muestra con mucha parsimonia los quehaceres cotidianos en la tranquila vida que llevan los habitantes de un pequeño pueblo mexicano. Son pasajes costumbristas que se concentran en un solo día. Los personajes van de aquí y allá, quedan para entregarse objetos prestados, para beber cerveza y tequila o para charlar sobre temas banales, eso sí, incorporando en sus conversaciones algunos relatos y cuentos con sentido metafórico. Todo parece normal para esas gentes que deambulan bajo un sol siempre abrasador. Pero, sin duda, no es un día normal para Martijn.
 

Una tragedia griega a ritmo de western crepuscular

El protagonista de la historia de Ricochet es un migrante holandés que, como el buque fantasma de la ópera de Wagner, está condenado a vagar sin rumbo. Después de enamorarse de una mujer del pueblo, se estableció allí como uno más, asumiendo las costumbres y comportamientos que allí tenían. Todo su mundo se derrumba al ser asesinado su hijo. La película nos sitúa justo un año después del suceso, adivinándose cierto distanciamiento en la pareja, así como un creciente sentimiento de venganza que el hombre oculta tras su sonrisa marchita. Se relaciona cordialmente con el resto de la gente del pueblo, forma parte de una especie de escenificación artificial de la felicidad colectiva que allí impera. Pero el hombre, en realidad, es extranjero de origen y alma. Tiene que asistir impertérrito al espectáculo mientras le hablan de “lo de tu hijo” como quién se refiere a cualquier otra menudencia acontecida en el pueblo, es el rol que le pertoca dentro de tan particular microcosmos.
 
Su trayecto emocional sería equiparable al que tendría cualquier vaquero en la historia de venganza de un western crepuscular. De hecho, tanto la fotografía de Natalia Cuevas, como la puesta en escena del director, confluyen en imágenes de gran belleza que relatan episodios costumbristas bajo cierto halo de cine de género. Se propone un evidente contraste entre la luminosidad exterior y la oscuridad silenciosa que crece en su interior. Una oscuridad física y metafórica, ya que le han diagnosticado una enfermedad incurable. Para que la película funcione es imprescindible el trabajo cómplice de Martijn Kuiper. El actor consigue trasladar a su personaje todo el ambiguo abanico de emociones que evita mostrar a los demás. Ricochet es un filme para espectadores pacientes. Es necesario observar los detalles y dejarse llevar por la narración sumergida que lo sustenta. El final resulta rompedor y efectista. Es un desenlace coherente, pero poco sutil. Sin duda, es la representación del momento exacto en que el clavo que sujeta un cuadro cede y lo hace caer.  
 

¿Qué te ha parecido la película?

Ricochet

6.7

Puntuación

6.7/10

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