Crítica de ‘El olvido que seremos‘: Nunca sobran hombres buenos

Las críticas de David Pérez “Davicine”:
El olvido que seremos

El olvido que seremos, dirigida por Fernando Trueba y protagonizada por Javier Cámara, llega a los cines respaldada por una fructífera trayectoria de premios y nominaciones, habiendo sido galardonada con el Goya a la Mejor Película Iberoamericana en la edición número 35 de los Premios Goya y siendo seleccionada como candidata a los Oscar por Colombia. La película llega a los cines el 7 de mayo de la mano de BTeam Pictures.

Basada en el libro homónimo, El olvido que seremos es una película sobre un hombre bueno, Héctor Abad Gómez, destacado médico y activista por los derechos humanos en el Medellín polarizado y violento de los años 70. La historia relata la vida del doctor, padre de familia preocupado tanto por sus hijos como por los niños de clases menos favorecidas. En la familia Abad se respira la vitalidad y la creatividad características de una educación fundamentada en la tolerancia y el amor.

La historia de un hombre bueno

David Trueba firma el guion de la adaptación de este relato íntimo, visto desde los ojos de Héctor Abad Faciolince, hijo de Héctor Abad Gómez y uno de los escritores más destacados de la Colombia contemporánea, que escribió este libro en homenaje a su padre asesinado en Medellín por los paramilitares en agosto de 1987. El libro se convirtió en un best seller que ha vendido más de 300.000 copias en todo el mundo y que ha sido traducido a más de doce lenguas y vendido a más de 20 países.

Aunque tiene mucha relevancia el momento político y los movimientos sociales de la época, tanto en los 70 como en los 80 en Colombia, El olvido que seremos es realmente la historia de una familia, en concreto de un padre, un hombre bueno como pocos, y la relación que mantiene con su hijo, desde su tierna infancia hasta su época de universitario.

Durante varias décadas vemos las inquietudes de este profesor y doctor dispuesto a cambiar su país, en busca de una igualdad casi imposible y una mejora en el sistema sanitario nacional. Lo que podría parecer algo sencillo, en ese momento y en ese país era una actividad de riesgo que se llevó por delante la vida de muchas personas que lucharon por un cambio.

En los tiempos que corren, parece que es más sencillo mostrar en una película personajes malvados o villanos, a quienes no necesitamos que nos presenten demasiado para comprender los motivos por los que optan por ese estilo de vida. Curiosamente, cuando se presenta un personaje tan bueno como Héctor Abad parece que hay que justificar mucho más por qué es tan bondadoso y si hay algo detrás de esa bondad, que no necesariamente tiene que haberlo. De ahí que estemos ante una película arriesgada, pues a través de su protagonista vemos esa lucha sin necesidad de conocer su pasado, sino tan sólo el momento desde el que ya está empeñado en provocar el cambio.

Javier Cámara ES Héctor Abad

No son pocas las ocasiones en las que se engrandece el nombre de un actor por interpretar un personaje complejo lleno de matices. Incluso la mayoría de las veces se premian a los actores que sufren grandes cambios físicos para conseguir meterse en la piel de su personaje. Gracias a esta película estamos ante una excepción a todo eso. Javier Cámara no necesita maquillaje para caracterizarse, sino vestir un traje de los 70, ponerse una gafas de la época, y adoptar el acento colombiano para que dejemos de ver por completo a Cámara y veamos a Abad.

No se puede negar que tiene que haber un gran esfuerzo de aprendizaje y práctica para poder interpretar a un personaje colombiano con ese acento característico siendo español, pero la soltura con la que habla y su don para captar la esencia de este personaje son más que suficientes para que durante las más de dos horas de duración de la película nos olvidemos por completo de quién está tras el personaje, y ese es el mayor ejemplo de lo que es una gran interpretación. Cuando el actor pasa a ser el personaje, el espectador disfruta con la historia como si la estuviera viviendo en primera persona.

Junto a Cámara tenemos un amplio reparto originario de Colombia, por lo que la interacción del actor con todos ellos demuestra que ha sabido captar perfectamente la forma de ser y el acento. Y si cabe destacar a otro actor, curiosamente es el más joven de todos ellos, pues durante la época de los 70 su hijo, Héctor Abad Faciolince, es interpretado por Nicolás Reyes Cano, consiguiendo una química increíble en esta tierna y respetuosa relación entre padre e hijo, en la que se enseña e ilustra con valores que marcan la personalidad de cualquier persona para que continúe su herencia de bondad.

Una historia de luces y sombras

Más allá de la inconmensurable interpretación de Javier Cámara, El olvido que seremos demuestra que Fernando Trueba es un director con un toque personal que no ha perdido con el paso de los años. Hemos visto de él películas ganadoras de muchos premios, ha pasado de la acción real a la animación sin perder sus señas de identidad, y ha sabido trasportarnos a su propio universo.

Al adaptar una novela como ésta, Trueba tenía la difícil tarea de ser respetuoso con el material original pero también capaz de dejar su sello, y lo ha logrado. Si su objetivo era mostrar que Héctor Abad era un padre bondadoso, una persona preocupada por el bienestar de los demás antes que por el suyo propio, y capaz de arriesgar su vida por su lucha, todo ello queda patente en cada fotograma de la película.

La forma de contarnos la historia es donde vemos la genialidad de este director. Si el pasado del profesor estaba marcado por la ilusión, la bondad y el luz, el cineasta opta por mostrarnos esa parte de la historia a todo color, con un brillo casi cegador y una paleta de colores llamativa. Por el contrario, el presente que nos cuentan en la película se acerca más a su final, a su lucha casi perdida contra quienes impiden un progreso, la parte más sombría y triste de esta familia, recreando todas esas escenas en blanco y negro aunque, como no podía ser de otra manera, es un blanco y negro resplandeciente. 

Un mensaje tan actual como su historia

Héctor Abad se convirtió en todo un icono en su país, gracias a la novela de su hijo será recordado para siempre, y con esta adaptación su mensaje llegará a donde no pudieron llegar las letras de sus páginas. Si la novela emocionó a sus miles de lectores, y sorprendió cuando apareció en su momento, esta película no dejará indiferente a nadie, emocionará al espectador más frío y provocará más de una lágrima entre quienes sean capaces de empatizar con la bondad de su protagonista.

Puede que hayan pasado más de 30 años del final de esta historia, pero la lucha nunca termina, y El olvido que seremos es extrapolable a nuestros días, pues más allá de contra qué o quiénes haya que enfrentarse, lo que no debe caer en el olvido es que siempre se necesitan personas buenas dispuestas a cambiar el mundo.


“Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.”

Jorge Luis Borges


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El olvido que seremos

8.5

Puntuación

8.5/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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