11 D’A FILM FESTIVAL. Crítica de ‘Eden’: La toxicidad de la soledad

Las críticas de Daniel Farriol en el 11 D’A FILM FESTIVAL: 
Eden
 
Eden es un drama húngaro de 153 minutos dirigido por Ágnes Kocsis (Pál Adrienn, Aire Fresco). La propia directora se encarga del guion junto a Ivo Briedis (Sarkanais Mezs, The Film), Gábor Németh (East Side Stories, Presszó) y Andrea Roberti (Pál Adrienn, Aire Fresco). Es la historia de Éva, una mujer que vive aislada por ser alérgica a todo tipo de sustancias químicas y objetos electrónicos. Un psiquiatra deberá investigar si su enfermedad es real o solo existe en su cabeza. Entre ellos surgirá una relación de dependencia mutua. Está protagonizada por Lana Baric (Tereza37, Tresnje), Daan Stuyven, Lóránt Bocskor-Salló, Maja Roberti, Zalán Makranczi, László Kistamás, Róbert Kardos y László Katona. La película se ha podido ver en España dentro de la programación del Festival D’A 2021 en su sección Transicions en la plataforma Filmin desde el día 7 de Mayo de 2021.
 

Vida confinada

Eden es el tercer largometraje de la cineasta húngara Ágnes Kocsis. Es una mujer que se está haciendo un nombre en el panorama europeo independiente con películas que reflexionan sobre la soledad, la incomunicación y la dificultad de gestionar los vínculos familiares. Aunque el guion de su última película está escrito antes de la pandemia por COVID-19, vista ahora cobra una dimensión nueva que entronca a la perfección con la situación actual y, en especial, con la etapa de confinamiento que todos experimentamos de forma sobrevenida e inesperada en Marzo de 2020. Sin duda, para todos será más fácil comprender las sensaciones por la que pasa la protagonista.
 
Eden nos habla de una mujer que vive aislada en su apartamento. Tiene una extraña enfermedad que le provoca todo tipo de alergias si entra en contacto con el mundo exterior debido a las sustancias químicas y las ondas electromagnéticas. No siempre fue así. Mucha gente cree que está loca. Eso hace que entre en su vida un psiquiatra que durante la terapia practicada deberá discernir si la enfermedad de la mujer es real o psicosomática. A medida que va pasando el tiempo, la sensación de soledad y la falta de contacto humano, harán mella en la mente de la mujer que empezará a sentir la necesidad de experimentar una vida normal fuera de su casa. Tiene la sensación interna de que le ha sido arrebatada su vida por culpa de los avances tecnológicos que nos rodean. La película puede verse, entonces, en clave humanista y ecologista como una firme crítica al mundo que nos rodea, más preocupado en los objetos que en las personas.
 

El acuario y la tortuga

Para recrear ese mundo emocional tan complejo de alguien que vive en absoluta soledad, Ágnes Kocsis, hace uso de una puesta en escena minimalista con influencias del cine de ciencia-ficción low-fi. El departamento donde vive Éva, interpretada de manera soberbia por la actriz Lana Baric, es un lugar aséptico. Sin apenas mobiliario y ningún objeto electrónico (¿podrías vivir hoy en día sin TV, nevera, microondas, ordenador o móvil?), las únicas distracciones de la mujer son un acuario y mirar por la ventana de un balcón al que no puede salir sin sufrir un ataque de asfixia. El fotógrafo Máté Tóth Widamon (Tutti i rumori del mare, Czukor Show) utiliza tonos neutros y grisáceos para iluminar la estancia. Mientras que la directora se sirve de planos generales, de larga duración y con la cámara bastante estática para mostrar ese aislamiento involuntario.

En contadas ocasiones, la mujer podrá salir a la calle enfundada en un traje especial similar al de un astronauta. Esas salidas dan lugar a secuencias de una extraña belleza. Nos puede recordar a aquél estupendo telefilme titulado El chico de la burbuja de plástico (Randal Kleiser, 1976) con John Travolta y que, posteriormente, tuvo un remake protagonizado por Jake Gyllenhaal.

Pero sus salidas son casi siempre a una clínica infernal en la que es sometida a todo tipo de pruebas y experimentos para valorar su condición física. Los científicos la tratan como a una cobaya humana, sin ningún tipo de miramiento ni empatía emocional con su sufrimiento. Se desprende un mensaje animalista que denuncia la experimentación que hacemos los humanos con los animales. El laboratorio es un lugar acristalado e impersonal filmado en base a tonos fríos. La vida de Éva es parecida a la tortuga que tiene en su acuario y a la que apoda Tortuga Falsa en referencia a un personaje que aparec en “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll. En el cuento, la tortuga es alguien melancólico que añora los días en que era una tortuga de verdad. Otro simbolismo más.

La toxicidad humana

El mayor problema que tiene Eden es su larga duración. Entiendo que sí es necesario un ritmo aletargado y enfocado a los detalles para describir la personalidad de la protagonista y su derrumbe emocional. Sin embargo, 153 minutos son excesivos e innecesarios. La película se vuelve reiterativa y cuesta arriba en muchos momentos. La sensación final es que no se avanza hacia ningún lugar inesperado que acabe justificando esa desmesura. Y es una pena, perderá muchos espectadores por el camino siendo una película sumamente interesante. Además del retrato de la soledad humana en un mundo globalizado, la película también habla sobre la incomunicación y la toxicidad en las relaciones. 

Para lo primero se introduce la subtrama personal del psiquiatra. Un hombre divorciado que intenta recuperar el cariño de su hija, un niña que tiene como amiga imaginaria a Kalea, una sepia gigante. Esta parte está menos desarrollada y acaba aportando poco a la trama principal. Mucho más desconcertante e inquietante es el modo en que la directora presenta el triángulo formado por Éva, su hermano cuidador y el psiquiatra. Entre los dos hombres surge una relación de celos y competitividad para pugnar por el cuidado de la mujer, por convertirse en su referente emocional. Y en muchas ocasiones, la responsabilidad en esos cuidados se impone a las propias necesidades que tiene la enferma, le limitan su capacidad de decidir sobre lo qué debe hacer con su cuerpo y su vida.

Eden tiene imágenes visualmente fascinantes. Es trágica, pero bella al mismo tiempo. Es una película de corte intimista sobre emociones humanas profundas. Tras la frialdad esteticista de su puesta en escena, esconde un relato con más tesoros ocultos de los que aparenta. 


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Eden

7

Puntuación

7.0/10

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