Crítica de ‘Zerø’: Purgatorio de polvo y arena

Las críticas de Daniel Farriol:
Zerø
 
Zerø es un drama psicológico español dirigido por el debutante Iñaki Sánchez Arrieta con guion de Ferran Brooks (Conqueror, Cuentos oscuros). La historia comienza con un hombre y una mujer que se despiertan en un lugar extraño, desierto y desconocido, sin saber quiénes son ni por qué están allí. Con el paso de los días y mientras tratan de salir de ese inhóspito lugar, comenzarán a recordar algunas cosas que tal vez preferirían no saber. Está protagonizada por Juan Blanco (Si fueras tú, Viral), Nuria Herrero (Señoras del (H)AMPA, Besos al aire), Pep Sellés (Halcón ciego, Singles), Cristina Perales, Tony River, Roberto Campos, Silvia Rico y Alba Casterá Montalvá. La película se ha estrenado en salas de cine de la mano de Begin Again el día 23 de Abril de 2021.
 

Renunciar a lo fantástico

Zerø es la ópera prima del valenciano Iñaki Sánchez Arrieta que, sin embargo, no es un recién llegado a la industria del cine. Antes de lanzarse con este ambicioso debut al frente de un largometraje, ya llevaba muchos años realizando cortos o trabajando como asistente de dirección de cineastas consagrados como Benito Zambrano, Miguel Ángel Vivas, Paco Plaza, Brian Yuzna, Jaume Balagueró o Alberto Morais, entre muchos otros. Es curioso que pese a labrarse gran parte de su experiencia en el sector con películas de género, reconocía en una entrevista que pude leerle que el fantástico no era uno de sus géneros preferidos. Por eso se entiende mejor que cuándo llegó a sus manos el encargo de adaptar a imágenes el guion escrito por Ferran Brooks quisiera darle un toque más personal a la historia, despojándolo de gran parte de su imaginario fantástico y enfocándolo hacia lo dramático. Creo que ese es precisamente el gran error de la película.
 
El punto de partida de Zerø no puede ser más sugerente. Dos personas desconocidas se despiertan en la inmensidad de un desierto sin recordar quiénes son ni cómo han llegado hasta allí. Tal vez no sea un inicio demasiado original, pero tiene los elementos clásicos para dar a lugar a una historia de terror, un thriller o una pieza de género fantástico al más puro estilo de La Dimensión Desconocida o Historias para no dormir. Durante los primeros minutos, todo indica que la película quiere ir por ahí. No solo están abandonados en un lugar inhóspito sin agua ni comida, si no que cada vez que se duermen aparecen en la casilla de salida de un juego macabro del que parece imposible salir.

Del desierto a la vida conyugal

Sin embargo, a medida que avanza el relato y los dos protagonistas se empiezan a conocer, la narrativa cambia y se descompensa. Se introducen diversos flashbacks que podrían ser sueños o recuerdos de un pasado compartido. La balanza entre la intriga fantástica y el melodrama familiar acaba decantándose por ésta última opción. La parte onírica y surrealista del paisaje desértico queda relegada a un segundo término, mientras que la acción se centra cada vez más en recrear las escenas de una vida conyugal conflictiva de forma realista. Se podría decir que, en realidad, el elemento fantástico es un trampantojo cinematográfico que el director emplea para cautivar nuestra atención en Zerø y llevarnos a lo que de verdad quiere contarnos.
 
El gran problema es que los diálogos están poco trabajados y la trama principal es demasiado endeble para que sigamos esa parte con el interés suficiente. Las actuaciones tampoco convencen y se debería haber apostado por intérpretes de mayor edad para reflejar el mundo interior de esos personajes. Todo lo que sucede después en Zerø se vuelve previsible y repetitivo. Los espectadores más avispados sabrán de antemano lo que irá sucediendo y, cuando llegan los impactantes giros dramáticos del desenlace, la propuesta ya ha agotado todas las balas que tenía en su recámara. A veces existe la sensación de que había una buena historia para un cortometraje o para el capítulo episódico de una serie antológica, pero que no hay material o ideas suficientes para llenar los 95 minutos de metraje de la película. 

Las localizaciones son claves para la historia

Lo mejor que tiene Zerø son las localizaciones. Rodada en paisajes de Murcia, Teruel y Xixona, la pantalla se convierte en una enigmática transcripción del subconsciente humano, una especie de purgatorio de polvo y arena. El director cuenta con la colaboración en la fotografía de Jose Martín Rosete (Dinero, Ainhoa), para sacar provecho a las escenas del desierto. Es un espacio que debería ser el tercer personaje protagonista. La música orquestal de Ricardo Curto (El desorden que dejas, Ana Tramel. El Juego) es otro activo importante para potenciar el alcance de una película pequeña, independiente y de bajo presupuesto.
 
Zerø tiene algunas buenas ideas temáticas y visuales. Es una propuesta valiente, tal vez demasiado. Peca de un exceso de ambición melodramática y no mide bien el equilibrio de todos los elementos que pone sobre el tapiz. Tiene la mala fortuna de desechar lo que podría hacerla grande, su vinculación inicial con el fantástico para reflexionar sobre la decepción del desamor, la culpa, el perdón o el miedo. Aún así, hay que aplaudir el arrojo de lanzarse a realizar una película así en los tiempos que corren y, además, lograr llevarla a salas de cine.
 

¿Qué te ha parecido la película?

Zerø

4.5

Puntuación

4.5/10

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