Crítica de ‘Wildland’: La familia que asfixia

Las críticas de Daniel Farriol:
Wildland
 
Wildland es un thriller dramático danés dirigido por Jeanette Nordahl (Cuando el polvo se asienta) y con guion de Ingeborg Topsøe (Hanna, Charmøren). Es la historia de la joven Ida que con solo 17 años debe mudarse con su tía y sus primos tras la trágica muerte de su madre en un accidente de coche. Su nuevo hogar está compuesto por una familia unida en el amor y en el crimen. Está protagonizada por Sandra Guldberg Kampp, Sidse Babett Knudsen (In Fabric, Roadkill), Joachim Fjelstrup, Elliott Crosset Hove, Carla Philip Røder, Besir Zeciri, Henrik Vestergaard Nielsen y Sofie Torp. La película se ha estrenado en cines en España de la mano de Filmin Cinema el día 23 de Abril de 2021.
 

La telaraña de los vínculos familiares

Hay una frase en Wildland que sirve como leit-motiv para la acción: «algunas cosas salen mal incluso antes de empezar». Por suerte, no es para nada el reflejo de lo que le sucede a la cineasta danesa Jeanette Nordahl en esta poderosa ópera prima. La película estuvo nominada a los Premios de Cine Europeo y pasó con éxito por diversos festivales de cine como la Berlinale o el de Gijón. Wildland es un drama psicológico, con cierto enfoque de thriller, sobre una joven que se verá enredada en la telaraña de los vínculos familiares.
 
Ida (Sandra Guldberg Kampp) es una chica de 17 años que acaba de perder a su madre en un accidente de coche. Aún traumatizada y desconcertada por el devenir de su futuro, es acogida de forma inesperada por su tía y primos con los que apenas había mantenido relación hasta la fecha. Lo que debería ser una época de rehabilitación emocional se convierte en una asfixiante prisión de barrotes invisibles. Su nueva familia resulta ser un clan con tendencias mafiosas encabezado por la matriarca de la familia, su tía Bodil (Sidse Babett Knudsen). La chica deberá adaptarse al cariño que recibe de su nueva familia a cambio de compartir su tiempo en actividades que van volviéndose cada vez más turbias. Como no podía ser de otra forma, la tragedia volverá a salpicar con sangre su vida y ese será el punto sin retorno del que ninguno saldrá indemne.  

El cine negro como recurso para profundizar en el drama

Wildland es un debut consistente y prometedor. La cineasta ya había trabajado como asistente de dirección en proyectos importantes dentro del noir escandinavo y, también, es la responsable de dos de los mejores capítulos de Cuando el polvo se asienta, una de la series europeas más impactantes que he tenido la oportunidad de ver en los últimos años. Aunque para su película utiliza códigos narrativos del cine negro, lo que de verdad le interesa es desarrollar el retrato de las distintas personalidades de los integrantes de tan particular familia.

Lo hace desde la sutileza y con mucho control de lo que quiere mostrar en pantalla. La protagonista apenas habla, pero no hacen faltan más diálogos para que entendamos su estado de confusión e indefensión. La sobria puesta en escena contiene una atmósfera opresiva que se construye en base a detalles y sensaciones. No necesita recurrir a la amenaza física constante para crear momentos de verdadero terror psicológico (como ejemplo la escena en que recogen a una niña en el colegio y la acercan en coche a casa de sus padres).

El terror de lo cotidiano

Wildland es un drama absorbente que, tal vez, pierda algo de fuerza durante el segundo acto. Aún así, tanto la presentación como la parte final son espléndidas. Algunos incluso la comparan con Animal Kingdom (David Michôd, 2010). Jeanette Nordahl aporta una mirada incisiva sobre la familia como institución o comunidad cerrada. Sobre cómo los vínculos de la sangre pueden obligarte a mantener una lealtad que se torna cancerígena y soslaya tu propia evolución identitaria como individuo. Por suerte, no todas las familias son tan tóxicas. Es algo que puede entenderse en menor medida en la toma o renuncia de decisiones que todos vemos condicionadas por la aceptación familiar de las mismas. En Wildland se lleva al extremo, a la deriva criminal.

Estamos ante una película interesante, con personajes bien construidos y con capacidad para generar tensión desde la cotidianidad. Es ahí donde encuentra el verdadero cultivo para sus tesis. Las escenas de la rutina familiar, mientras desayunan o comparten juegos aparentemente inocentes. El mejor ejemplo lo tenemos con la terrorífica secuencia final. El legado generacional como regalo envenenado, la ruptura del círculo vicioso hecha desde la renuncia a uno mismo. Wildland es una de esas películas pequeñas que crecen en el recuerdo y que la vertiente como distribuidora de la plataforma Filmin nos está acostumbrando a estrenar en salas cada vez más a menudo.


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Wildland

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