Crítica de ‘El joven detective’: De mayor quiero aprender a ser pequeño

Las críticas de Daniel Farriol:
El joven detective (The Kid Detective)
 
El joven detective (The Kid Detective) es una comedia dramática canadiense escrita y dirigida por Evan Morgan. La historia gira en torno a un niño detective que tuvo cierta fama en la infancia y que con 31 años se dedica a investigar casos triviales. Ahora se refugia en la bebida por el sentimiento de culpa que le persigue desde que desapareció una niña a la que nunca pudo encontrar. Todo cambia cuando una chica le ofrece averiguar quién asesinó a su novio, pero el caso se complicará de tal manera que sus pesquisas le llevarán a regresar a ese pasado que quería olvidar. Está protagonizada por Adam Brody (Una joven prometedora, Noche de bodas), Sophie Nélisse (La ladrona de libros, A 47 metros 2), Tzi Ma, Wendy Crewson, Sarah Sutherland, Amalia Williamson, Peter MacNeill y Maurice Dean Wint. La película no se ha estrenado en salas de cine en España y llega el día 12 de Febrero de 2021 en alquiler y compra digital a través de Apple TV, Prime Video Store, Google Play, Microsoft Store y PlayStation Store.
 

Una comedia trágica

El joven detective es una comedia bastante atípica y, por momentos, desconcertante que bajo su apariencia constante de ligereza ofrece un retrato melancólico sobre la madurez y la redención. El protagonista de la historia es Abraham «Abe» Applebaum, interpretado por Adam Brody. Fue un prometedor joven que cayó en desgracia, un niño prodigio que pasó de ser respetado por todos a convertido en un paria en su localidad natal. De niño ejercía como detective en la escuela, resolviendo pequeños casos entre sus compañeros gracias a su enorme inteligencia y perspicacia. Sin embargo, su creciente popularidad le explotó en la cara cuando alguien secuestró a su amiga Gracie Gulliver y nunca pudo resolver el caso de su desaparición. 
 
Han pasado los años, pero el sentimiento de culpa y de fracaso le han seguido desde entonces. Convertido en un adulto de 31 años, sigue ejerciendo como detective bajo la desaprobación de sus padres y del resto del pueblo. Ya nadie parece confiar en su talento para investigar, ni él mismo. Desempeña su ruinoso negocio en el interior de un despacho cochambroso al que acuden los más variopintos clientes para proponerle casos de índole menor. Se ha convertido en un alcohólico cínico que se autocompadece así mismo cada uno de los días. El joven detective mantiene siempre un peculiar tono de comedia que, pese a servirse de algunos tópicos del género policíaco, evita caer en la parodia ni los chistes fáciles. Es más, siempre sobrevuela una patina trágica sobre lo cómico, derivando hacia una inusitada oscuridad en su parte final. 
 

Estructura de cine negro clásico

El protagonista de El joven detective es como un niño grande. Por eso la película se construye a partir de la estructura de un coming of age que rezuma algunos elementos típicos de las college movies para adolescentes, con la salvedad de que el protagonista es ya un treintañero. El reto para el espectador será asimilar esa amalgama cinematográfica de lugares comunes en un contexto que los ubica en un lugar distinto. Todo cambia para «Abe» cuando entra en su despacho la joven Caroline, a quién pone rostro la actriz canadiense Sophie Nélisse. La chica es una estudiante que quiere contratarle para que investigue el asesinato de su novio. No  le importa que no pueda pagarle. Se acabaron los casos de gatos perdidos, es la oportunidad que estaba esperando el detective para redimirse de su pasado.
 
Si como comedia El joven detective se libera del peso de nuestras expectativas, como película policíaca también lo hace. La aparición del personaje de Caroline no dista mucho a la de cualquier femme fatale que contratase los servicios de los Philip Marlowe o Sam Spade de turno. Las pesquisas del detective también podrían haber servido como parte de un relato de cine negro común, sin embargo, el guionista y director Evan Morgan tiene una voz propia que se desmarca de sus referentes para construir una película que transita entre lo nostálgico y lo moderno. No estoy seguro que todos los espectadores puedan asumir esa tonalidad ingrávida y liviana dentro de un relato que termina siendo terriblemente amargo y truculento. 
 

‘El joven detective’ en un caso para mayores

El joven detective es una película entretenida que seduce por los riesgos que toma. Es como el reverso masculino de Nancy Drew o Veronica Mars investigando en un entorno adolescente, pero bajo la piel del J.J. «Jake» Gittes de Chinatown (Roman Polanski, 1974). He visto que muchos comparan esta película con la maravillosa Brick (Rian Johnson, 2005). Entiendo el paralelismo que encuentran entre ambas propuestas de cine negro, aunque las considero bastante diferentes en su reformulación del género. Pasaremos sin solución de continuidad de la risa en la larga secuencia del armario a la violencia psicológica del desenlace.  
 
En el apartado interpretativo encontraremos un buen reparto con algunos secundarios solventes, pero quién destaca es la pareja protagonista formada por Adam Brody y Sophie Nélisse. Hay suficiente química entre ellos para entrever un romance latente no consumado, pero sobre todo para querer verlos investigando juntos como si formasen parte de un serial televisivo. El tratamiento visual de la película le otorga cierta atemporalidad, aunque ya desde un inicio nos hace rememorar los años 60 y principios de los 70 mientras suena la alegre tonada del «Sugar Town» de Nancy Sinatra. Eso se une a la luminosa fotografía de Michael Robert McLaughlin que pone color a una historia mucho más turbia de lo que aparenta. El joven detective nos habla de las segundas oportunidades, del miedo al fracaso, de la pérdida de la inocencia y de redención. Todo ello desde un tono indeterminado que desafía las convenciones y sorprende por su falta de pretenciosidad. La película es una rara avis que es probable pase desapercibida precisamente por ser diferente. Tal y como decía Bunbury en una canción, El joven detective cantaría «De pequeño me enseñaron a querer ser mayor. De mayor quiero aprender a ser pequeño».
 

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El joven detective

6.7

Puntuación

6.7/10

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