Crítica de ‘Hail Satan?’: La reivindicación como religión

Las críticas de Daniel Farriol:
Hail Satan?
 
Hail Satan? es un documental estadounidense dirigido por Penny Lane (Nuts!, The Pain of Others). Es la historia de El Templo Satánico, organización religiosa que nació como un movimiento de activismo social de carácter contracultural para proponer un Estado laico. El documental ha recibido diversos premios de la crítica de Chicago o Boston, así como en el Festival de Sundance. Se puede ver en España a través de la plataforma VOD de Filmin, desde el día 19 de Febrero de 2021.  
 

Penny Lane, la cronista del Estados Unidos más bizarro

La joven documenalista de Massachusetts, Penny Lane, se está convirtiendo en una ferviente cronista de la historia de los Estados Unidos desde un óptica bizarra y reivindicativa. De esa manera, Hail Satan? es solo una muestra más de un estilo sarcástico que busca la controversia y confrontación para desafiar el status quo cultural y político del país. En su filmografía encontramos obras como Our Nixon (2013), una particular visión sobre el ex Presidente Richard Nixon y sus ayudantes que incluye material original grabado en Súper-8 confiscado por el FBI durante el Watergate; NUTS! (2009), retrato del doctor y charlatán John Romulus Brinkley que en 1917 intentó curar la impotencia sexual mediante un trasplante de testículo de cabra; o The Pain of Others (2018), que trataba sobre la enfermedad de Morgellons, trastorno que provoca lesiones cutáneas ante la insistencia en rascarse y que la directora asociaba al vacío existencial en la era de internet.
 
Otros de sus trabajos abordan temas como la vacunación o el aborto, siempre con un estilo visual fresco e irónico que combina entretenimiento y reflexión. Comparten un tono irreverente que se afronta desde un punto de vista demasiado parcial y partidista. La obra que nos interesa, Hail Satan? es un documental tan curioso como dinámico que se construye con testimonios e imágenes de archivo. Es un retrato de la creación del Templo Satánico, movimiento religioso y contracultural con más sentimiento político y reivindicativo que de misticisimo o religiosidad. Tanto esa organización como el documental en sí, presentan algunas contradicciones evidentes que limitan el impacto y lo derivan hacia la pura anécdota. Hay una paradoja que es extrapolable al propio nombre de la directora. Penny Lane es una mítica canción de The Beatles sobre una calle de los suburbios de Liverpool, sin embargo, la placa de esa calle conmemora la figura de un desalmado comerciante de esclavos llamado James Penny. Blanco y negro. Belleza y crueldad. Las dos caras de una misma verdad.


La ofensa reivindicativa

En 2013 se creó el Templo Satánico por parte de Malcolm Jarry y Lucien Greaves que utilizaron seudónimos para hacerlo. Primera contradicción. Aunque a primera vista muchos considerarán a sus miembros como adoradores de Satán, hay que evidenciar desde un principio que su invocación al Maligno no tiene nada que ver con aspectos sobrenaturales. En realidad, es una organización asociada a la contracultura y al activismo social que utiliza ese símbolo del mal como acto de rebeldía contra lo establecido. Tienen el propósito de eliminar los privilegios otorgados por el Estado en favor del cristianismo y luchan en pos de la libre elección de credo religioso. Ahí entiendo que se incurre en una nueva contradicción.

Al centrarse únicamente en la religión católica, más que una reivindicación en favor de la libertad de credo se convierte en un ataque directo hacia todos los que profesan esa religión (conste que yo soy ateo). Me parece algo para aplaudir el destapar sin tapujos todos los abusos sexuales contra niños perpetrados durante décadas por sacerdotes de la Iglesia Católica. Una institución que se ha encargado casi siempre de esconderlos bajo la alfombra y que no ha evitado que se siguieran produciendo. Encima están subvencionados con dinero del Estado y de los contribuyentes. Sin embargo, detrás de la institución están las personas. No me refiero a los fanáticos que aparecen en Hail Satan?, si no a muchas personas que merecen un respeto en su manera de pensar, por muy contraria que sea a la nuestra. De ese modo, gente que se ha sentido abandonada, despreciada o vilipendiada a lo largo de sus vidas por su manera de ser o pensar, acaban ridiculizando y haciendo lo mismo con otra gente que simplemente piensa diferente a ellos. Entiendo las motivaciones e intenciones, pero cuesta fijar cuál es la frontera cuando la ofensa se convierte en un circo.       

La escenificación de la disconformidad

Una de las acciones más sonadas del Templo Satánico, fue reivindicar la instalación en el Capitolio de Oklahoma de una estatua de Baphomet (deidad asociada a los Templarios) junto a un monumento sobre los Diez Mandamientos. La organización también tiene sus propios principios o mandamientos que definen a los miembros del Templo Satánico. Si nos detenemos en el número 4, volvemos a las contradicciones. “Las libertades de los demás deben respetarse, incluida la libertad de ofender. Invadir deliberada e injustamente las libertades de otro es renunciar a los tuyos.”. ¿Si asumimos la libertad de ofender de los demás nos podemos sentir tan ofendidos cómo para denunciar esa ofensa? Os juro que no pretendía hacer un trabalenguas. 

En Hail Satan? vemos como la mayoría de integrantes de la asociación son, en realidad, inadaptados sociales que tienen la necesidad de formar parte de una comunidad para sentirse arropados en la propagación de sus propias reivindicaciones. En la mayoría de casos, su lucha por causas justas como la discriminación que sufre el colectivo LGTBI resulta loable, pero esa constante escenificación paródica que les lleva a disfrazarse, a convocar falsas misas negras y realizar performances de dudoso gusto acaban por perjudicar el mensaje que albergan. Sería inofensivo si todo fuera una broma, pero los integrantes se lo toman en serio, como algo que da sentido a sus vidas. Esa pantomima carnavalesca que busca la repercusión mediática solo sirve como alimento para potenciar el discurso de sus detractores gracias al altavoz proporcionado por los medios de comunicación situados más a la derecha.


Los límites de la libertad de expresión

Hail Satan? es un documental contado desde el punto de vista de los integrantes y fundadores de este movimiento social. Plantea algunas cuestiones interesantes sobre la libertad de expresión, la libertad religiosa y la libertad de pensamiento. Sin embargo, vuelve a incurrir en contradicciones cuando comprobamos que una de sus integrantes más activas fue expulsada de la organización al considerarse que se había excedido en una de sus apariciones públicas. Durante una performance, se clavaron cabezas de cerdo en lanzas y la activista asumió un discurso incendiario que animaba al levantamiento popular contra los miembros del Gobierno y acciones directas como la de ejecutar a Donald Trump.

¿Hasta dónde puede llevarse la libertad de expresión? El Templo Satánico consideró que aquello sobrepasaba los límites establecidos por tratarse de un colectivo pacifista. Es algo que en el fondo vuelve a poner sobre la mesa el eterno debate sobre quién puede o debe fijar esos límites. ¿Cambian cuando un movimiento cultural entra a formar parte de la vida pública y participa de las instituciones a las que se enfrenta? Tenemos ejemplos dentro de nuestra clase política. ¿Se puede insultar o amenazar impunemente bajo la bandera de la libertad de expresión? ¿Son equiparables legislativamente las amenazas contra un líder político con la que podemos hacer a nuestro vecino del quinto? ¿Se deben permitir o legislar?

Hail Satan? es un documental curioso e interesante porque invita a la reflexión, pero encuentro tantas contradicciones en su mensaje que sobre todo me identifico con el interrogante al final del título. La película de Penny Lane no busca ni encuentra demasiadas respuestas. Aún así puede servir como incentivo para el cuestionamiento ético y cultural de los espectadores menos pasivos. 
  


¿Qué te ha parecido el documental?

Hail Satan?

6

Puntuación

6.0/10

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