Crítica de ‘La increíble historia de la Isla de las Rosas’: La libertad imposible

Las críticas de Daniel Farriol:
La increíble historia de la Isla de las Rosas
 

La increíble historia de la Isla de las Rosas es una comedia italiana dirigida por Sydney Sibilia (Lo dejo cuando quiero), el cual también co-escribe el guion junto a Francesca Manieri. Cuenta la historia de Giorgio Rosa, un ingeniero que con la ayuda de unos amigos construyó una plataforma en medio de aguas internacionales y quiso convertirla en una nación independiente. Se inspira en hechos reales. Está protagonizada por Elio Germano (Suburra, Bad Tales), Fabrizio Bentivoglio, Tom Wlaschiha, Luca Zingaretti, François Cluzet, Matilda De Angelis y Ascanio Balbo. La película se distribuye en España a través de Netflix desde el día 9 de Diciembre de 2020.

Un paraíso donde sentirse libres

Lo más increíble de La increíble historia de la Isla de las Rosas es que sucediera de verdad. Al menos, en gran parte. Eso sí, su puesta en imágenes por parte de Sydney Sibilia es bastante menos increíble de lo que fue la historia real. Nos tenemos que remontar a 1968, cuando el ingeniero Giorgio Rosa decidió construir una plataforma en mitad del mar para convertirla en un estado independiente que no estuviera sujeto a las leyes ni normas del gobierno italiano. Por eso la construyó a 11.000 Km. de Rimini, en la costa italiana, y dentro de aguas internacionales. Sobre la plataforma de 400 metros se instauró un gobierno propio, bandera, himno, moneda, sellos y tenían el esperanto como lengua oficial. Fue un acto de rebeldía ideológica que no sentó nada bien entre las esferas políticas que temieron que sentase un peligroso precedente.

La adaptación de esa historia a película se queda en la pura anécdota. No profundiza demasiado en analizar la doctrina que puso en marcha tamaña aventura y prefiere convertirla en una comedia ligera e insustancial que se centra en la parte más lúdica del invento. Hay que ponerse en contexto ya que no es casualidad que la subversiva acción transcurriese a finales de la década de los 60. Era el apogeo del movimiento hippie, de la contracultura, de la revolución sexual y de la anarquía no violenta. Poder disfrutar de una isla sin leyes era una manifestación de libertad absoluta que servía para confrontar las convenciones sociales. La isla era un paraíso para gente idealista que no podía sobrevivir al cinismo del mundo real.  

Una screwball comedy que pierde fuelle tras un buen inicio

La increíble historia de la Isla de las Rosas no empieza mal. Se sientan las bases de una comedia agradable que tiene una acertada presentación de personajes. El protagonista es un loco despistado y encantador que no deja de meterse en líos por su incapacidad de adaptarse a las normas de convivencias que vienen marcadas por la legislación vigente. Sus inventos son ideas con las que intenta recuperar el amor de una chica con la que mantuvo una relación en el pasado. Es un inicio sacado del manual de la screwball comedy clásica. Sin embargo, a medida que avanza la película el interés de ese punto de partida no se sostiene en el tiempo. Los diálogos son bastante pobres y escasos de gracia. La ligereza se vuelve una losa que desperdicia el poder que tiene la metáfora original.

En cuanto a aspectos puramente técnicos, se podría decir que la puesta en escena es muy funcional y carente de riesgo. La fotografía de Valerio Azzali saca partido a la peculiar localización y es reseñable la buena elección de canciones que suenan a lo largo de la banda sonora. En el apartado interpretativo destaca el protagonista Elio Germano que está rodeado de un buen plantel de intérpretes que consigue hacer entrañables a sus personajes. Cuando la trama se aleja de la isla y se centra en toda la parte burocrática se vuelve tediosa. El guion no sabe conjugar bien su parte recreativa con la reflexiva. Una comedia inofensiva que puede servirte para pasar una tarde sin demasiadas pretensiones y descubrir una historia real sorprendente.   


¿Qué te ha parecido la película? 

5.8

Puntuación

5.8/10

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