Crítica de ‘La canción de los nombres olvidados’: Sobria, fría y apática

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La canción de los nombres olvidados
 

El viernes 13 de marzo, como cada viernes, se estrenaron en España varias películas para renovar parcialmente la cartelera. Los títulos estrenados ese día solo tuvieron las sesiones del viernes para ser proyectadas pues, al día siguiente, el estado de alarma provocado por la pandemia Covid 19 provocó el cierre de las salas de cine en todo el país, algo que no había ocurrido nunca, ni siquiera durante la Guerra Civil.

La canción de los nombres olvidados fue uno de los estrenos de aquel viernes y, supongo que ante las pocas perspectivas de poder volver a las salas con posibilidades de hacer una buena taquilla, hace unas semanas fue estrenado por la plataforma Netflix para poder ser visto por todos sus suscriptores en las pantallas domésticas. Se trata del más reciente film del director canadiense François Girard de quien basta echar un vistazo a su filmografía para darse cuenta de su marcado carácter melómano. Sinfonía en soledad (1993), El violín rojo (1998), El coro (2014) y varios documentales sobre el Circo del Sol, Peter Gabriel o Johan Sebastian Bach dejan bien claro su interés por utilizar la música como núcleo argumental de sus películas.

No es una excepción esta canción de los nombres olvidados que toma la vida de Dovidl Rapoport, un niño judío que a sus nueve años es un auténtico portento del violín, para llevarnos al Londres del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Allí será acogido como refugiado por una familia inglesa que le procurará la oportunidad de proseguir su educación musical y le tratará con el mismo afecto que a su único hijo Martin de quien, tras los iniciales recelos, se convertirá en inseparable amigo.

Narrada en varias líneas temporales, la película salta de un tiempo presente situado en 1986 hacia varios momentos del pasado que sirven para reconstruir la vida de Dovidl a partir de su desaparición pocas horas antes de dar un concierto que, probablemente, le habría consagrado como intérprete de fama mundial.

La búsqueda de su paradero llevará al Martin adulto interpretado por Tim Roth a recorrer varios países siguiendo pistas de dudosa solidez argumental, sujetas por alfileres a un guion que, lamentablemente, hace aguas por varios sitios. No he leído la novela homónima de Norman Lebrecht en la que se basa Jeffrey Caine para escribir su libreto pero, además de cierta falta de coherencia narrativa, cae en el común error de escribir diálogos en boca de críos que difícilmente podrían ser pronunciados por niños reales, no solo porque los niños no hablen habitualmente con ese nivel de erudición sino porque dicen cosas que aunque la historia puso en el conocimiento de todo el mundo una vez terminada la guerra, es hartamente improbable que dos niños en el Londres de 1944 supieran lo que estaba ocurriendo en los campos de concentración de Polonia mientras juegan a cartas con dibujos de mujeres con poca ropa.  

Sin lugar a dudas, lo más notable de la película es todo lo que tiene que ver con la música desde las precoces interpretaciones del Dovidl niño (Luke Doyle) hasta la emotiva interpretación de la pieza que da título al film por un Dovidl adulto al que da vida (es un decir) un inexpresivo Clive Owen. Todo lo demás es una perezosa repetición de la historia del holocausto que nos han contado mucho mejor en otras películas o una crónica de los encuentros y desencuentros en la amistad de dos niños-jóvenes-adultos a lo largo de los años.

Aspectos interesantes como la relación padre hijo vs mentor hijo que se establece entre el padre de Martin con ambos niños queda apenas esbozada. Y un tema tan sugestivo como la dualidad entre etnia y religión, algo particularmente interesante entre los judíos, queda sin desarrollar y se despacha con algunas frases excelentes para titular: “la etnia no es soluble en agua” o “la religión es como un abrigo, si tienes calor te lo puedes quitar”. 

Del reparto, prometedor en principio, se queda reducido a un muy sobrio Tim Roth que construye bien a un tipo desencantado de la vida mientras que Clive Owen se rebela como un flagrante error de casting. Completan el elenco los eficientes Saul Rubinek, Stephen Graham y Catherine McCormack (la inolvidable Murron de Braveheart). 


¿Qué te ha parecido la película?

5.5

Puntuación

5.5/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: