Crónica, crítica y palmarés de la Gala de los 34 Premios Goya: Dolor y gloria, gran triunfadora

Anoche se celebró la trigésimo cuarta gala de entrega de los Premios Goya que anualmente reconocen lo mejor del cine español a juicio de los más de 1500 miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Una gala a la que viene siendo tradicional poner a parir al día siguiente haya o no motivos para ello; ha cundido en buena parte de la opinión pública la idea de que la gala de los Goya es un desastre y está politizada, y ese es el argumento de muchos comentaristas que, año tras año, dicen aproximadamente lo mismo ocurra lo que ocurra. La gala de los Goya se ha convertido (con mucha responsabilidad propia) en una suerte de muñeco del Pim Pam Pum a la que golpear despiadadamente, más aún en estos tiempos que corren, en los que la inmediatez de las redes sociales no hace preciso esperar al día siguiente para leer los periódicos.

Nunca me ha gustado apuntarme a corrientes de pensamiento uniformes ni en este ni en ningún ámbito y me ha molestado que en algunas ediciones, galas dinámicas, brillantes y emotivas hayan sido despachadas con los mismos calificativos que otros años que han sido larguísimas, aburridas y hasta chabacanas. El año pasado, sin ir más lejos, vivimos una de las mejores galas de la historia ayudada por el buen hacer de sus presentadores (y de los guionistas), de la espontaneidad de los premiados, de la brillantez de algunos números musicales y de momentos de marcada emotividad.

Lamentablemente no ha sido así este año a pesar de que repetían Andreu Buenafuente y Silvia Abril como presentadores, sin embargo, no son ellos los máximos responsables de algunos de los desaguisados.

Imagino que el hecho de convertir un polideportivo donde habitualmente se juega al baloncesto en un auditorio con escenario supone unas dificultades logísticas enormes para todo el entramado técnico de realización, dificultades que no están presentes o ya son sabidas cuando se trabaja en terrenos conocidos como el Hotel Auditorium de Madrid o el Palacio Municipal de Congresos donde se han celebrado la mayoría de las galas, pero aun teniendo en cuenta este atenuante, hay cosas evitables como que repetidamente pase gente  por delante de la cámara ocupando la pantalla con su silueta cuando la realización está precisamente en plano general del escenario. Eso ocurrió ayer demasiadas veces, más de las disculpables.

Tampoco parece presentable (y esto ha ocurrido muchas veces) que continuamente veamos asientos vacíos fundamentalmente entre las primeras filas donde se sientan los protagonistas de la noche. Uno de los presuntos gags del guion, cuando una actriz vestida de repartidora recorría en bicicleta el patio de butacas, resultó absolutamente fallido cuando ninguna de las referencias de localización estaban sentadas en su sitio. La gala es larga, es bien cierto, pero incluso para los invitados más ilustres pueden ponerse normas de no levantarse y abandonar su asiento durante la misma. Un intermedio de diez o quince minutos puede establecerse para que la gente vaya al baño, los fumadores salgan a echar un cigarrillo o se consulten los teléfonos móviles.

El número de apertura fue notable e invitaba al optimismo. A pesar de que no me parece el rap el estilo que mejor encaje con nuestro cine, fue lo suficientemente imaginativo y dinámico para captar la atención del espectador, Buenafuente y Abril estuvieron ágiles con los exigentes (por rápidos) cambios de vestuario y brillantes en su ejecución, unos minutos divertidos que sirvieron para rendir homenaje a algunas de las películas más representativas del cine español.

A partir de ahí la noche fue decayendo, el guion fue menos divertido que el año pasado y Buenafuente y Abril dieron ciertas muestras de cansancio. El gag de Silvia Abril vestida de superheroína estaba bien pensado y fue bien realizado con la imitación de Beyoncé pero, a pesar de que (afortunadamente) estamos lejos de los tiempos en los que no se podía decir ni una palabra altisonante en la televisión pública so pena de no volver a trabajar en la misma, ¿es necesario decir “hostia” cuatro o cinco veces en minuto y medio?

En cuanto a las actuaciones musicales, aunque nos adentramos en el pantanoso terreno de los gustos personales, es muy de agradecer que la Academia haya decidido desde hace ya varios años, contar con profesionales de la música y ahorrarnos los sonrojantes números musicales con los que los profesionales del cine solían obsequiarnos. No soy particularmente afín a Rosalía, pero el año pasado su interpretación de “Me quedo contigo” fue lo mejor de la noche. Este año, el encargado de la actuación musical estrella fue Pablo Alborán, un cantautor de incuestionable sensibilidad y hermosa voz con la que interpretó el tema “Sobreviviré”, pero cuyo habitual tono intimista ocasionó un cierto bajón de ritmo e intensidad a la gala. En cuanto a Amaia es indudable que canta muy bien y se desquitó de su deslucida actuación del año pasado cuando Rozalén y Judit Neddermann se la comieron en el escenario. Ayer estuvo brillante y emotiva en el homenaje a la premiada Pepa Flores con “La canción de Marisol”. Finalmente, Jamie Cullum firmó una impecable interpretación de “Endings are beginnings” al piano durante el “in memoriam”. Momento que, por cierto, debería evitar ser convertido en un aplausómetro. Habría que dar indicaciones, como se hizo durante algún año de no aplaudir hasta el final; no parece de buen gusto que se aplauda a los rostros más populares como Asunción Balaguer o Chicho Ibáñez Serrador mientras se permanece en silencio ante las imágenes de un jefe de eléctricos o un maquillador fallecidos.

Es difícil conseguir que una gala funcione porque hay demasiados factores que son imprevisibles como que no haya ningún elemento sorpresa, que el receptor del Goya de Honor decida no acudir (olé por Marisol que está en su perfecto derecho de ser fiel a su retiro de la vida pública), o que determinados premiados no tengan facilidad de palabra y se alarguen con discursos de agradecimiento faltos de gracia, ingenio o emotividad. Pero hay cosas que sí se pueden prever, afinar más el guion, ensayar un poco más la realización o poner sobre aviso a los invitados que van a formar parte de algún gag para que, por lo menos en ese momento, estén sentados en su sitio.

En cuanto a los premiados en las categorías más relevantes, pocas sorpresas por no decir ninguna. Como era de esperar y a juicio de quien esto escribe, ineludible, se reconoció a Dolor y gloria como mejor película del año con siete galardones incluyendo a Pedro Almodóvar en su doble faceta de guionista y director, a Antonio Banderas como mejor actor, a Julieta Serrano como mejor actriz de reparto, a Alberto Iglesias como mejor compositor y a Teresa Font como mejor montadora. Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, se llevó cinco galardones, entre ellos el de mejor actor de reparto para Eduard Fernández y el resto en facetas técnicas y artísticas. La trinchera infinita del trío Goenaga-Arregui-Garaño recibió dos premios incluyendo el de mejor actriz para Belén Cuesta. Dos recibió también Lo que arde, de Oliver Laxe, la fotografía de Mauro Herce y el Goya a mejor actriz revelación para la octogenaria Benedicta Sánchez. Y finalmente también recibió dos galardones Intemperie de Benito Zambrano, el de mejor canción para Javier Ruibal y el de mejor guion adaptado para el propio Zambrano y los hermanos Remón por adaptar la difícil novela de Jesús Carrasco.

A continuación os dejamos con la lista de galardonados:

Mejor película

  • Dolor y gloria 

Mejor director

  • Pedro Almodóvar, por Dolor y gloria

Mejor actor protagonista

  • Antonio Banderas, por Dolor y gloria

Mejor actriz protagonista

  • Belén Cuesta, por La trinchera infinita

Mejor actor de reparto

  • Eduard Fernánez, por Mientras dure la guerra

Mejor actriz de reparto

  • Julieta Serrano, por Dolor y gloria

Mejor actor revelación

  • Enric Auquer, por Quien a hierro mata

Mejor actriz revelación

  • Benedicta Sánchez, por Lo que arde

Mejor guion original

  • Pedro Almodóvar, por Dolor y gloria

Mejor guion adaptado

  • Benito Zambrano, Daniel Remón y Pablo Remón, por Intemperie

Mejor dirección novel

  • Belén Funes, por La hija de un ladrón

Mejor música original

  • Alberto Iglesias, por Dolor y gloria

Mejor canción original

  • “Intemperie”, de Javier RuibalIntemperie

Mejor dirección de producción

  • Carla Pérez de Albéniz, por Mientras dure la guerra

Mejor montaje

  • Teresa Font, por Dolor y gloria

Mejor dirección de fotografía

  • Mauro Herce, por Lo que arde

Mejor dirección artística

  • Juan Pedro de Gaspar, por Mientras dure la guerra

Mejor maquillaje y/o peluquería

  • Ana López-Puigcerver, Belén López Puigcerver y Nacho Díaz, por Mientras dure la guerra

Mejor diseño de vestuario

  • Sonia Grande, por Mientras dure la guerra

Mejor sonido

  • Iñaki Díez, Alazne Ameztoy, Xanti Salvador y Nacho Royo-Vilanova, por La trinchera infinita

Mejor película de animación

  •  Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó

Mejor película iberoamericana

  • La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein (Argentina)

Mejor película documental

  • Ara Malikian una vida entre las cuerdas, de Nata Moreno

Mejor película europea

  • Los miserables, de Ladj Ly (Francia)

Mejores efectos especiales

  • Mario Campoy e Iñaki Madariaga, por El Hoyo

Mejor cortometraje de ficción

  • Suc de Síndria, de Irene Moray

Mejor cortometraje documental

  • Nuestra vida como niños refugiados en Europa, de Silvia Venegas Venegas

Mejor cortometraje de animación

  • Madrid 2120, de José Luis Quirós y Paco Sáez

Goya de Honor:

  • Pepa Flores (Marisol)

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